WWE: The Entire World Is Watching

La gente se sorprende cuando se entera de que veo lucha libre. Y la verdad es que no me sorprende. Lucha libre. Pero si eso no es de verdad, está preparado. Si son tíos en mallas haciendo como que se pegan. Que tontería. El único problema es que eso no es la lucha libre americana. Imagina tu serie de acción favorita. Ahora imagina que quitan todas las partes de argumento, y sólo te ponen las escenas de tiros o golpes, a ser posible desordenadas. Y además, le quitas el audio original y pones a un tío (por ejemplo, uno de los comentaristas de la versión actual de Humor amarillo) diciendo estupideces que son supuestamente graciosas y no tienen nada que ver con lo que está pasando realmente. Eso es lo que cualquiera de aquí que sólo vea televisión española cree que es la lucha libre. Y eso no es ni mucho menos la lucha libre.

Evidentemente, si a mi me interesase ver simplemente tíos pegándose, no vería lucha libre. Para eso está el boxeo, por ejemplo, o los campeonatos de artes marciales mixtas. O las noticias, por qué no. Para empezar a entendernos, la WWE (la mayor compañía de lucha libre americana) es una serie televisiva, en realidad tres series en este momento, y es la serie que lleva ininterrumpidamente más años en antena. Y, como toda serie que se precie, tiene su argumento. Y es ese argumento el que hace que millones de espectadores de todo el mundo esperen todas las semanas su ración de Raw, no para ver cómo se pegan, sino para ver qué pasa.

Cierto, es una serie de gente pegándose, pero no es precisamente la primera de ese género. Y esta serie tiene además el aliciente de que es en directo, que requiere una gran capacidad física de sus actores, y que es un espectáculo en sí mismo.

¿Cómo me enganché entonces a esto? Pues por casualidad. Me encontré el sucedáneo de lucha libre que hecha Cuatro una madrugada, y afortunadamente decidí quitarle el volumen. Tras ello encontré por internet mi primer episodio completo de Raw, y esto fue lo que me encontré:

Primero, tenemos a un tío, más bien pasadillo ya de años, que se cree que es más chulo que nadie y que resulta que es el dueño de la compañía y el jefe de todos, y va imponiendo su ley por ahí en plan bravucón. Evidentemente, este es nuestro malo, Vincent McMahon.

Por lo visto, el tal McMahon ha tenido problemas con uno de los buenos, una especie de rubiales rebelde cuarentón pero aún ágil que responde al nombre de Shawn Michaels. Ambos se han ido pegando a lo largo de varios episodios, y McMahon ha alistado en su bando a cinco patéticos, una especie de “animadores” o “animadoras chico”, The Spirit Squad,

de los que el público se cachondea y que son abucheados cada vez que aparecen. Estos patéticos se basan en el cinco contra uno para ganar sus combates, como buenos malos que son, pero Shawn Michaels les da una buena cada vez que los pilla de uno en uno (como puede verse, la cosa no es tan simple, todavía estamos sólo introduciendo a los personajes). El tercero en discordia (a los patéticos casi ni se les cuenta) es Triple H,

un heavylon cachas tipo duro que en el pasado fue compañero inseparable de Shawn, pero ambos se pelearon por culpa de turbios manejos de McMahon, y ahora Triple H hace de matón del jefe, aunque con ciertos escrúpulos morales. En ese momento me engancho yo a la trama.

En el episodio previo, The Spirit Squad, le pegó la paliza de su vida a Shawn Michaels, culminándola con un concienzudo trituramiento de su rodilla empleando para ello una silla metálica. Como colofón de su obra, McMahon, que es malo pero casi de cuento de lo que se pasa, pide a Triple H que remate la faena pegándole un martillazo a Shawn Michaels (en realidad un golpe con el mango, que hay que estar sanos para el episodio siguiente), y así sellando su lealtad, pero los escrúpulos le pueden, y “accidentalmente” le endiña a uno de los patéticos. La cosa acaba con Shawn Michaels de baja quizás permanente, y el jefe cabreado con Triple H. ¿Será que no le es tan fiel como pensaba?

Para comprobar su lealtad, McMahon prepara una serie de pruebas. Durante varios capítulos, Triple H se tiene que enfrentar a The Spirit Squad en diferentes proporciones, supuestamente para recibir una paliza correctiva, pero siempre gana. Evidentemente, el jefe cada vez está más mosqueado. Así que le hace un ultimátum. Para demostrarle su lealtad, tiene que besarle el culo. Literalmente. En medio del ring. Evidentemente, Triple H se muestra furibundo. Y el McMahon, que es más listo que el hambre, trama un plan. Pide la ayuda de su hijo, Shane McMahon, que también sale de vez en cuando y reparte o recibe estopa, según toque, y echan unos polvos sospechosos en la botella de agua de Triple H, para dejarlo K.O. en el ring y así cachondearse de él todo lo que quieran. Pero Triple H no sólo está cachas, sino que es astuto, así que oliéndose algo le cambia la botella a Shane McMahon, y es el hijo del jefe el que se toma los polvos sospechosos. Los tres suben al ring, y comienza la fiesta. Triple H dice que ni de coña le besa el culo, que mejor le va a dar dos ostias, pero supuestamente los polvos hacen efecto, y cae redondo a la lona. Los dos malos, padre e hijo, se descojonan. El jefe se baja los pantalones, se da la vuelta y le dice a su hijo que haga que Triple H le bese el culo. Shane McMahon se dispone a ello, pero en ese momento empieza a hacerle efecto la droga, y Triple H se levanta con sonrisa astuta y malvada, estampando la cabeza de McMahon junior en el culo de McMahon señor. Risas, vítores y aplausos del público. Vince McMahon nota algo sospechoso, y se da la vuelta para recibir el golpe especial de Triple H, quedando padre e hijo noqueados, y Triple H se marcha con su música heroica sonando.

Evidentemente las cosas no pueden quedar así. En el siguiente episodio, Triple H se ha convertido en el enemigo número 1 del jefe, y este está dispuesto a acabar con él como ya hizo con su coleguita Shawn Michaels, utilizando de nuevo para ello a The Spirit Squad. No obstante, le lleva varias semanas, en las que Triple H apenas logra ganar por los pelos, y va recibiendo más hostias cada vez. Hasta que llega el enfrentamiento final. Un cinco contra uno en toda regla, como el que acabó con Shawn Michaels.

Sale el primero de los pringaos, y Triple H empieza a endiñarle. Desde el borde del escenario, el jefe observa con calma, y ordena que salga el segundo de The Spirit Squad. Ya estamos dos contra uno, pero Triple H, que es un bicharraco impresionante, aguanta el tipo. McMahon manda que salga el tercero, y las cosas empiezan a ponerse ya un poco cuesta arriba. Triple H recibe más que da, pero resiste. Así que McMahon mande que salga el cuarto, y cuatro contra uno ya es mucha tela. Triple H cae ante la fuerza de la masa, le rodean, cogen unas sillas y le pegan con ellas, el jefe disfruta, el público sufre. Así que McMahon decide dar el golpe de gracia. Dice que si a Shawn Michaels le destrozaron la rodillla, ahora van a hacerlo mejor, y a Triple H le van a destrozar la cabeza. Así que le ponen la silla pillándole la cabeza, y McMahon manda llamar al quinto miembro de The Spirit Squad, para que todos puedan endiñarle a Triple H a gusto. Pero no sale.

McMahon vuelve a llamar. Nada sucede. Y entonces sale rodando por los suelos. ¿Y quien sale detrás? Shawn Michaels, recuperado, dispuesto a vengarse, a salvar a su amigo, corre hacia el ring, reparte leña a diestro y siniestro, los patéticos se desbandan y los antiguos amigos se reúnen en el ring, entre vítores.

Evidentemente, me enganché. Tras ello la trama sigue, los dos amigos reunidos se siguen enfrentando contra The Spirit Squad, Vince McMahon y su hijo Shane, y mucho más. Pero creo que cualquiera puede hacerse ya una idea de que SÍ hay trama. Y esa es sólo una de las tramas. Normalmente hay cuatro o cinco tramas funcionando simultáneamente, con lo cual ver Raw es un auténtico culebrón. Y me encanta.

J.

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