La continua presencia del Satanismo en nuestras vidas

Hay ciertos temas que siempre suelen arrancarme una sonrisa (cuando no una carcajada), y uno de ellos es el satanismo. O más bien la concepción que tienen de él la mayoría. Desde mi punto de vista, el problema esencial que tienen los esforzados luchadores contra el satanismo es el ombligismo: creen que todo gira en torno a ellos, a su Dios, a su Diablo y a su visión estrechita, estrechita del mundo. Veamos un ejemplo. Pasando por Yonkis (pero vamos, igual lo tiene Yonkis que 5.000 páginas similares), el otro día me encontré un enlace al siguiente video de YouTube:

El “ponente” en cuestión es un tal Aaron Guzmán, predicador de oficio. Tras escucharlo un par de veces he sacado tres conclusiones, por este orden:
I. Con todos los respetos que se merece (y que los calcule cada uno), hay gente que de tanto leer se vuelve tonta, y no precisamente novelas de caballerías.
II. Las fuerzas satánicas no pueden obligarte a ver tres horas de porno interracial sadomaso alemán. Existe una opción vital llamada cambiar de canal o incluso (INCLUSO) apagar la tele.
III. Si al final voy a tener que ver Buenafuente y todo, ahora que se ha pasado a la Sexta.
Por no hablar de la incultura. Evidentemente, este señor que a pesar de sus férreos valores cristianos es capaz de ver tres horas de porno aleman interracial sadomaso sin cambiar de canal, no es capaz de buscar un poco de verdad. O a lo mejor sí, pero no le interesa esa verdad para asustar a sus feligreses. Me pregunto yo si sabrá quién era Anton Szandor LaVey

o si se ha pasado por la página de la Official Church of Satan (que está reconocida oficialmente como religión en los EE.UU.). Incluso tienen parte de su página web en español, para que no se diga (aunque en mi navegador al menos no pone ni una tilde en condiciones).
En cualquier caso, viendo que Buenafuente corre el peligro de ser linchado por masas cristianas enfervorecidas (si es que no hay nada peor que un pacifista violento), que tenga cuidado Mike Mignola, que eso de que su personaje principal sea un demonio tiene que ser claramente satánico. Y además con amigotes raros. A la hoguera con ellos. Aunque claro, probablemente no se quemen.

Como nota final, añadire que, como habrán visto los cinéfilos de ojo agudo, efectivamente, en el poster de Hellboy le inflaron el escote a Selma Blair. Que duro es el marketing.

Satánicas vaciones ;-)

J.

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