Ulises en Abdera (Prólogo) (II)

Vamos a ampliar un poco lo anterior. En realidad, sabía que lo más probable es que tuviera que marcharme. No me ha pillado por sorpresa, y este año ha tenido un marcado sabor a despedida. Es más, parte de mí está contenta de marcharse. Cambiar de aires. Probar otras cosas. Descubrir nuevos aspectos de mí. Y para hacer eso, hay que cambiar de entorno. Del IES Gerald Brenan me llevo muchas cosas buenas, pero también regulares. Entre los alumnos, me he sentido en casa, y ellos lo saben (un beso a todos); las jefas han sido la mejor ayuda para aterrizar en esta protección; y el Gerald Brenan es en cierto modo mi casa. Pero el Departamento de Lengua necesita un buen fregoteo de arriba a abajo (y no es algo que creo que vaya a pasar). Ahora, en Septiembre llegaré a un lugar minúsculo en comparación. Quién sabe si mejor. Somos pocos. Trataremos de no estar peleados.
Pero será un lugar de paso. Y todos los que estamos allí lo sabemos. Dos años como mucho. Uno si hay suerte. Poco puede construirse en tan corto plazo. Estos dos años han sido un comienzo en el que se intuía una pausa a continuación. Lo que viene comienza con vocación de pausa, que sólo tiene sentido porque sabes que va a terminar. Lo cual en realidad no es justo. No para los alumnos del Virgen del Mar, que ven como su instituto sólo tiene de referencia las piedras que lo forman. No hay cimiento humano, no hay profesores a los que esperar encontrarse al año siguiente. Y yo tampoco voy para quedarme. No a casi doscientos kilómetros de mi casa. Porque mi casa está aquí, de eso ya no hay duda. Donde me siento cómodo. Donde las raíces de Patricia son profundas. Así que iniciaremos la peregrinación, siempre con Ítaca en mente. La única duda es si seremos los dos Ulises, o Patricia vivirá como el Ulises de las sustituciones y yo seré Penélope, tejiendo y destejiendo redes de pescadores en Abdera.

J.

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2 comentarios en “Ulises en Abdera (Prólogo) (II)

  1. Buceando por tus pensamientos de hace ahora un año… ¡Ay, qué cosas tiene la vida!
    Ahora, en Septiembre llegaré a un lugar minúsculo en comparación. Quién sabe si mejor. Somos pocos. Trataremos de no estar peleados.
    Mejor no sé, pero bueno… muy bueno.
    Pero será un lugar de paso. Y todos los que estamos allí lo sabemos. Dos años como mucho. Uno si hay suerte. Poco puede construirse en tan corto plazo.
    Hemos construido mucho, ¡y tú eres un gran arquitecto!
    Lo cual en realidad no es justo. No para los alumnos del Virgen del Mar, que ven como su instituto sólo tiene de referencia las piedras que lo forman. No hay cimiento humano, no hay profesores a los que esperar encontrarse al año siguiente.
    Nuestra empresa no piensa en que trabajamos con un material extremadamente frágil…
    Pero creo que tengo el corazón un poco más grande después de este curso. Y un rincón es tuyo. Me alegro por ello.

  2. Cuando me pongo a escribir ahora sobre Adra (y el poemario ya está medio listo), hay una figura clara: Abdera es una guerra, que hemos ganado. Se ha luchado, se ha pasado mal e incluso se ha pasado bien. Y hemos conseguido cosas. Y todos volvemos cambiados a casa. Y no podemos dejar de pensar en los que se han quedado allí. Conclusión: valió la pena. Mucho. Yo también tengo el corazón un poco más grande después de este curso ;-).

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