…Yo me quedo con los radicales…

Dice una canción de Loquillo (sí, todos tenemos un pasado oscuro antes de conocer el metal).

Fríos, listos y cerebrales,
yo me quedo con los radicales,
orgullosos de mirada altiva
regidos por leyes naturales,
que el tiempo hará insobornables.

Y la verdad es que básicamente estoy de acuerdo. De algo así hemos estado hablando últimamente en Diversificiación. Pero vayamos por partes. En mi época de instituto no había casi tribus urbanas. Ser rapero significabe en esa época llevar pantalones bombachos y hombreras de colores chillones. Evidentemente, no había raperos. Yo sólo viví la llegada del grunge. Y eso significaba ir ligeramente comido de mierda y con la ropa medio rota. Así que pasé. El metal quedaba lejos todavía en esa época, no te encontrabas melenudos de camiseta negra en el instituto. Es más, en mi instituto sólo había un melenas, que era yo. No había góticos ni otakus, eso quedaba para las grandes ciudades. Eran tiempos de fliparlo con el Fan con Nata y Fan letal de Cels Piñol, con los que uno descubría que no estaba solo. Todo el frikismo debía permanecer subyacente. Leíamos fantasía épica, leíamos las Crónicas Vampíricas de Anne Rice, pero nadie decidía vestirse de negro. Los piercing aguardaban en un futuro lejano. Y “emo” era sólo el comienco de la frase “emo venío a juga ar furbol”.
La cuestión es que hoy los institutos y las calles son un magnífico mosaico. He dado clase a chicos y chicas que se han definido como hip-hoperos, emos, góticos y punk, a frikis de distinto calado, a otakus empedernidos, a amantes del parcour (¿existe parcousero?), a break-boys y break-girls. Y hay gente encantadora en todas partes. Y también gente pesada y gente chunga, cierto. Pero en caso de duda, yo me acerco a los de negro. Eso lo tengo claro. No hay lugar más seguro y cómodo que un buen bar heavylon. Es más, si vienen los “malos” (ya se sabe, ultraderecha, pijos chungos), siempre hay un heavy gordo con barba dispuesto a luchar por el bien y la justicia. Y puestos a revelar debilidades, los collares de pinchos son mi debilidad, así es uno de fetichista.

Pero no nos desviemos. La idea central es simple: mucha gente se apresura a prejuzgar y etiquetar negativamente a muchos subgrupos. Sobre todo si van de negro, llevan piercings o tiene aspecto “oscuro” en general. Y mi experiencia me dice todo lo contrario. Así que yo seguiré acercándome a esas zonas, aunque guarde la camiseta de calavera para días especiales. Yo ya soy rolero y pagano, no me queda hueco para mucho más, y a estas alturas de la vida no voy a transfromar mi fondo de armario ;-). Aunque claro, hay gente que también va de negro y de la que yo no me fiaría nunca… ;-p

J.

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Un comentario en “…Yo me quedo con los radicales…

  1. <>mucha gente se apresura a prejuzgar y etiquetar negativamente a muchos subgrupos. Sobre todo si van de negro, llevan piercings o tiene aspecto “oscuro” en general.<>Qué me vas a contar a mí, que unas pijas llegaron a hacerme fotos con el móvil por la calle (tampoco soy tan… así, si soy de lo más normal).Eso es lo que más me revienta, que si te sales de lo “normal” (utilizando el ejemplo de normal de la sociedad), ya eres un bicho raro. Es lo que hay, si no te vistes como un arco iris eres el raro, si no saludas eres el borde, y si no te ríes eres el amargado. Y yo he sido las tres (:PD: Por si te interesa, es parkourista ^^ Nos vemos!

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