De deseos, fantasías y magia moderna.

[Atención, peligro, reflexión filosófica demasiado profunda para un fin de semana por la mañana]

Ayer por la noche estábamos viendo el programa de Manu Sánchez via la web de Canal 2, y salio Valérie Tasso hablando de deseos y fantasías (sexuales). Venía a decir más o menos que los deseos es la medida de lo que queremos hacer, y las fantasías un reflejo de nuestra capacidad de imaginar. Es decir, que una fantasía es algo que sabemos que no queremos hacer, o que no necesitamos hacer. Más tarde, en el momento de lucidez de la ducha, me surgió una reflexión más amplia, partiendo de ese punto, y abandonando el ámbito sexual (o no limitándomea él, por lo menos, que esta tiene que ser una entrada para todos los públicos inteligentes).

Hay un hecho evidente, y es que un deseo no satisfecho causa frustración o sufrimiento (displacer, dirían mis profesores de Psicología de Medicina). Y las personas tratan de satisfacer sus deseos. La mayoría de las escuelas de magia moderna coinciden en el punto de partida de que el mago puede conseguir todo lo que desee, siempre que ese deseo entre en el campo de lo posible. Si deseas lanzar bolas de fuego, no lo conseguirás. Si deseas un televisor enorme, y haces lo correcto (voluntad y acción unidas), el televisor no te caerá del cielo, pero a lo mejor recibes un dinero imprevisto, encuentras un saldo, o algo similar. Lo posible se hace cierto. Esto hace que en general los magos seamos personas de un enorme pragmatismo, que diferenciamos perfectamente el deseo de la fantasía, porque siempre que hay un deseo te esfuerzas para conseguirlo por todos los medios posibles.
Lo cual me lleva a la última reflexión, y es que ambas categorías son fluidas, pero en realidad sólo en una dirección. Es difícil que una fantasía se transforme en deseo, porque en su propia concepción está la no necesidad de su cumplimiento. Pero la capacidad de transformar deseos en fantasías probablemente sea una de las claves de la felicidad. Hay veces que sabes que el cumplimiento de un deseo conllevará consecuencias, porque vivimos en sociedad, porque vivimos en relación, porque puede afectar a otras personas. En ese momento tienes dos opciones: vivir con un deseo insatisfecho, con el displacer que eso conlleva; o transformarlo en una fantasía, y dejarlo cómodamente en ese ámbito, viviendo feliz. Para que nos entendamos, a mi me encantaría tener un superordenador de 2.000 euros. Eso comienza como deseo. Babeo, hago cuentas. Pero sé que ese dinero puede tener mejor uso. Así que el bicharraco pasa a las fantasías, y cuando llegue el momento me compraré sólo una nueva tarjeta gráfica de 150 euros, y el resto de la pasta me la gastaré en mis niñas. Y seré completamente feliz.
J.
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