De disciplina, colegueo y el zorro del Principito

Alguna vez he hablado ya sobre mi enfoque de la enseñanza, pero me apetece dar un paseo más por el tema. En los últimos tiempos, disciplina es una palabra que parece sonar muy bien. Se han perdido los valores, ya no hay respeto, blablaba, blablaba. Lo que suele olvidarse es que ese idílico mundo disciplinado o bien a) iba acompañado como mínimo de un tizazo, si no algo más contundente; o bien b) estaba en un nivel educativo no obligatorio. Dicho eso, como bien aprendimos en Cavite, si algo no funciona, hay que probar otra cosa. Las aulas de la ESO en la enseñanza pública son como son, y es el deber de los profesores sacar el rendimiento que se pueda. Hagamos ahí una pausa en el debate general, que es algo demasiado espeso para estas horas del día, y vamos a lo mío :-).

Todo el que me conoce, o me ha visto dentro de un aula, sabe que yo no sirvo para el borderío continuo, el tener un silencio sepulcral, y a los alumnos acongojados. Me metí en este oficio porque me gusta tratar con mis alumnos. Cierto, hay días que preferirí vivir tranquilamente tras un escritorio de oficina, enfrascado en tareas mecánicas, pero luego se me pasa, incluso este año, que está siendo especialmente monótono al tener sólo primero (una sonrisa agradecida a mi escaso público realmente interesado en mis clases). 
Frente a la disciplina, está el colegueo. Tampoco sirvo para eso, porque no creo que sea bueno, y porque yo no sirvo para ser amigo de todos. Sigo siendo el profesor, y podemos hablar, y charlar, y comentar, y dejarnos mensajes en el Tuenti, incluso, y aún más, pero eso es un privilegio que hay que ganarse. Responsabilidad para el responsable, que decía el señor LaVey.

Lo cual nos lleva al zorro del Principito. Mi ídolo. Por un lado, el Principito es un libro encantador, que puede leerse a muchos niveles. Por otro, el zorro del Principito tuvo un papel importante en ciertos acontecimientos vitales (eso lo dejaremos para el próximo Beltane). Y ahora es mi modelo de enseñanza. Hay que crear lazos. Es un proceso lento, que a veces funciona y a veces no (o más bien que con unas personas funciona y con otras no). Pero al final, esos lazos es lo que hace que la gente quiera estar en mi clase, y que hagan más o menos con ganas cosas que les interesan poco o nada. El afecto mueve pasiones que el miedo nunca podrá alcanzar. Lo malo es que, como bien sabía el zorro, eso tiene un precio, y es que cada vez que me marcho, o se marchan, o nos marchamos, lloro un poco. Y me vuelvo más sabio.

J.

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Un comentario en “De disciplina, colegueo y el zorro del Principito

  1. Compañero, qué pena que te vayas; creo que podría aprender mucho de ti. Me atrae tu entender la enseñanza como tender lazos, aunque yo últimamente me vuelvo más seria y más estricta (o lo intento),pero me moriría por ser más cercana, como lo soy, no obstante, muchas veces. lo bueno de nuestra profesión es que podemos ir reinventándola y podemos ir reinventándonos como maestros. En fin, aprenderé de ti a través de tu blog, con permiso…

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