El mundo real

Había decidido dejarlo pasar, pero al final voy a tratar el tema:

Hoy ha sido un día bastante habitual en el instituto. Doy mis clases, a veces mejor, a veces peor, y llega un momento en el que no me queda más opción que enfadarme, y ponerle un parte a un individuo y expulsarlo del aula (en realidad, aquel que me conozca aunque sea un poco sabe que enfadarme no me enfado, pero es para entendernos). ¿Dónde está el problema? Por un lado, en que en realidad para los que más falta les hace, eso no es importante. No conlleva más perjuicio que no estar esa hora en la clase. A la larga, por supuesto, eso se transforma en una expulsión del centro. Pero eso tampoco es malo para ellos. Cierto, desconozco la situación en sus casas, pero no me cuesta nada imaginarme una escena como la de Generación Ni-Ni del otro día: echan a uno del programa, por ser lo peor de lo peor, como decía Jacinto, “la escoria de la sociedad”, y el ente ese sale, abraza a su padre y le dice “Pero tú estas orgulloso de mí, ¿verdad, papá?”, y el padre del engendro dice “Claro”. Como dijo Patricia presa de una indignación compartida por mí, ese padre tiene lo que se merece. Pero volvamos al hijo, o al individuo expulsado, que es un proyecto de ente. 
No pasa nada. Y con eso quiero decir que mañana volverá a entrar por la puerta, y yo tendré que volver a empezar de cero, y tratarle de salida como al mejor de mis alumnos. Cada día una nueva oportunidad que mandar a la mierda. Y se acostumbran a eso. Porque en casa no les falta de nada. Porque puedes suspender todo y tener unos reyes de seiscientos euros y salir cuando te dé la gana.

No siento pena por ellos. Cada uno es responsable de sus acciones. No debe confundirse rebeldía contra la injusticia (aunque sea supuesta) con estupidez. Incluso cuando tienes doce o trece años,todos saben lo que debe hacerse. Cada uno decide hacer lo que le apetece. Las consecuencias las vivirán el resto de su vida. Y desde mi punto de vista eso es lo justo. Lo cual no quita que si alguno ve la luz a los dieciocho y decide apuntarse a adultos, lo mismo me encuentra a mí para volver a darle más oportunidades y empezar desde cero. Todo el mundo tiene derecho a cambiar. Pero que no nos culpen de su fracaso.
PD: Y hay momentos en que simplemnte pienso que con algunos no hará falta tanta pedagogía, haría falta El Tío la Vara (¡Sus viá cruuuujiiiir viiiiiivos… ¡A tós!)
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