Las pequeñas cosas

El curso se acaba, y llega un momento en el que ya estás a las narices de todo (y “todo” quiere decir de dar clase únicamente a personas de en torno a 13 años, que no podemos considerar responsables de haber nacido hace esos años concretos). Pero el asunto es que la mitad ya me tienen harto, y a un cuarto de los otros ya no los soporto. Mi calma zen se está poniendo a prueba. No obstante, es cierto que el otro cuarto son un encanto, y que el año que viene echaré de menos al menos a una o dos personas de esas personas. Pero tampoco a más. Conclusión: puedo con lo grande. Son las cosas pequeñas las que acaban matándome ;-).

Así que voy a relajarme y respirar hondo, para no acabar el curso entrando a clase así :-) (ojo, violencia y sangre por todas partes).

J.

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