Tántalo [edición ampliada -.-]

(Góngora vs Quevedo vs Blas de Otero vs un servidor haciendo lo que buenamente puede. Invitado especial: Jarabe de Palo. Invitado especial: Extremoduro [Atención, letras explícitas -.-] )

La dulce boca que a gustar convida
un humor entre perlas destilado
y a no invidiar aquel licor sagrado
que a Júpiter ministra el garzón de Ida,

amantes no toquéis, si queréis vida;
porque entre un labio y otro colorado
Amor está, de su veneno armado,
cual entre flor y flor sierpe escondida.

No os engañen las rosas, que a la aurora
diréis que, aljofaradas y olorosas,
se le cayeron del purpúreo seno;

manzanas son de Tántalo, y no rosas,
que después huyen del que incitan ahora,
y sólo del Amor queda el veneno.

L.d.G.

En crespa tempestad del oro undoso
nada golfos de luz ardiente y pura
mi corazón, sediento de hermosura,
si el cabello deslazas generoso.

Leandro, en mar de fuego proceloso,
su amor ostenta, su vivir apura;
Ícaro, en senda de oro mal segura,
arde sus alas por morir glorioso.

Con pretensión de Fénix encendidas
sus esperanzas, que difuntas lloro,
intenta que su muerte engendre vidas.

Avaro y rico y pobre, en el tesoro
el castigo y la hambre imita a Midas,
Tántalo en fugitiva fuente de oro.

F.d.Q.

… Tántalo en fugitiva fuente de oro.

F. de Quevedo

Cuerpo de la mujer, río de oro
donde, hundidos los brazos, recibimos
un relámpago azul, unos racimos
de luz rasgada en un frondor de oro.

Cuerpo de la mujer o mar de oro
donde, amando las manos, no sabemos,
si los senos son olas, si son remos
los brazos, si son alas solas de oro…

Cuerpo de la mujer, fuente de llanto
donde, después de tanta luz, de tanto
tacto sutil, de Tántalo es la pena.

Suena la soledad de Dios. Sentimos
la soledad de dos. Y una cadena
que no suena, ancla en Dios almas y limos.

B.d.O.

…y cada cuerpo que tropiezo y trato
es otro borbotón de sangre, otra cadena.

M. Hernández

Cadenas y deseos, que a borbotones
se enlazan en mi cuerpo inútilmente,
en una soledad feroz, silente,
cargada de recuerdos y canciones.

Fui Tántalo, y repleto de ilusiones
entré por voluntad en esta fuente;
fui Prometeo, audaz, impertinente,
desafiando a dioses vengadores.

Fui lo que quise ser, y quedó en nada:
ni noches de pasión, ni amor eterno,
ni luz, ni corazones desbocados.

Tan sólo soledad de madrugada,
ansias insatisfechas, y un infierno
de versos y deseos inacabados.

J.

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