Viernes, 8:15

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Viernes. Ocho y cuarto de la mañana. Un viernes absurdo, porque ayer fue fiesta, y hoy es puente en casi todas partes. Viernes de final de trimestre, agotados, cansados, estresados. Lloviendo y con frío, por supuesto. Y allí voy yo. Cuarto de ESO. Oraciones compuestas, tipología y clasificación, parte I. ¿Y qué ha pasado? Que han estado despiertos, y atentos, y han entendido las cosas, y se lo han pasado bien, y nos hemos reído y ha volado la hora en un suspiro. ¿Cómo se consigue eso? Para empezar, no siempre se consigue. Pero para conseguirlo, aunque sea a veces, hay que intentarlo, y eso es algo que muchos profesores ignoran o quieren ignorar. Casi cualquier cosa se puede hacer más o menos entretenida, más o menos interesante. Y si no puedes hacerla ni entretenida ni interesante, quizás deberías plantearte por qué lo estás explicando, y pasar lo más rápidamente posible sobre ello. Claro, que para poder hacer algo entretenido o interesante, primero tiene que gustarte lo que estás explicando, pero sobre todo te tiene que gustar lo que haces. Y lo que haces no es una clase magistral, no es un discurso. Es estar con gente joven, llena de inquietudes, de deseos, de problemas, de miedos, de alegrías, que en realidad están deseando poderse sentirse cómodos y a gusto contigo. Con lo cual debes empezar tú por sentirte cómodo con ellos. Así, cuando la clase se pone cuesta arriba, siempre está esa mirada atenta, ese pequeño brillo de complicidad que te dice que vas por el buen camino (o por el malo, que también puede ser).

Todo esto en gran medida lo he aprendido y lo voy aprendiendo por mí mismo. Pero también me lo han enseñado, esos pocos profesores que me han ayudado a definir cómo quiero ser como profesor (del mismo modo que hay escritores que me impulsan en la dirección en la que quiero escribir). Fernando Marfil, que me dio clase de Biología en el instituto. Pepe de la Calle, que me dio clase de Teoría de la Literatura y también de Métrica y Retórica en Filología Hispánica. José María Smith Agreda (pensé que no me iba a acordar del nombre, han pasado bastantes años) que dibujaba anatomía en la pizarra con una maestría y una pasión absolutas en Medicina. Todos ellos han dejado su parte. Así, hago cambios de voz y de tono, al estilo de Fernando Marfil; suelo dejarme la maleta abierta cuando voy de un sitio a otro, como Pepe de la Calle; y aunque dibujo infinitamente peor que Smith Agreda, llevo reloj de bolsillo como él. Y me gusta pensar que en un futuro tal vez alguien se ponga una bufanda enorme, o haga guías de sintaxis con toque humorístico, porque su profesor de lengua del instituto la llevaba o lo hacía. Cada día que es como hoy me llevo lo mejor que me puede dar mi profesión. Lo importante es ser consciente de que tienes que devolver algo a cambio. Hasta los días malos.

Ahora, a corregir.

J.

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