Matad la esperanza

Porque la esperanza mata. Es lo que más daño hace.

Puedo vivir contigo. Puedo vivir con tu presencia, con tu cariño, con tu deseo. Grande o pequeño. Puedo levantarme cada día sabiendo que vas a estar. Que en algún momento llegarás para abrazarme. Que cuando llegue el día correcto me besarás como si fueras a comerme. Puedo con ello.

Incluso puedo vivir sin ti. Puedo aceptar que no es posible, y que no lo será nunca. Puedo aceptar que lo que fue nunca volverá a ser. Y salir cada día al mundo sabiendo que no estás, y que no vendrás. Puedo con ello.

Con lo que no puedo es con la esperanza. Con pensar que hoy al final no puedes venir, pero quizás algún día. Con rozarte esperando despertar un deseo que hoy no aparece, pero quizás algún día. Con ver que ese camino hoy esta cerrado, pero imaginar que quizás algún día se abrirá. No. Cada quizás que surge después de cada dolor es el camino hacia una esperanza que puede igualmente acabar en dolor, que probablemente acabe en dolor. No quiero eso.

Matad la esperanza.

Prefiero saber que vienes, que me deseas, que es posible.

O saber que no vienes, que no me deseas, que no es posible.

Y que quizás, algún día, todo cambie y de repente sea posible. Sin que lo espere. Porque no lo esperaré.

Y mientras, seré feliz. Sin miedo. Sin esperanza.

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J.

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