Mi manifiesto para el Día Internacional de las Bibliotecas

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¿Qué es una biblioteca? ¿Para qué sirve? Esa pregunta me la hago un poco cada vez que llego un día por la tarde a mi biblioteca, abro la puerta y me enfrento a ese espacio con sillas, con mesas, con libros. Y la respuesta podría parecer sencilla, pero no lo es. A lo largo de mi vida he recorrido varias bibliotecas, y he pasado mucho tiempo en ellas. La biblioteca del pueblo (la de antes, no la de ahora). La biblioteca del instituto Gerald Brenan (la de antes, tampoco la de ahora). Muchas de las bibliotecas de las distintas facultades, sobre todo la Biblioteca General y la de Letras. Y luego las distintas bibliotecas de los institutos por los que he ido pasando, en las que he ido trabajando. Y en cada momento, en cada lugar, me he ido haciendo la misma pregunta. ¿Qué es una biblioteca? ¿Para qué sirve? El 24 de Octubre es el día Internacional de las Bibliotecas, y me gustaría poder compartir con vosotros algunas de las respuestas que he ido encontrando a lo largo de mi vida.

Una biblioteca sirve para enamorarse. Para sentarte con tu libro o tus apuntes y tratar de adivinar la vida de las personas que se sientan con sus libros o sus apuntes al otro lado de la mesa, al otro lado de la sala. Y a veces cruzar miradas, y a veces mantener esas miradas. Y a veces acercarte a hablar, y a veces no. Sí, sin lugar a dudas una biblioteca sirve para enamorarse, y después esconderte entre las estanterías a dar besos pequeños y rápidos y peligrosos, que saben a libro y a magia y a cosas que quedarán escritas en nuestra memoria para siempre.

Una biblioteca sirve para charlar. Quizás no todas, no las serias bibliotecas vetustas y cubiertas de polvo. Pero en las bibliotecas de las universidades, de los institutos, se va para hablar en voz baja, para acercar las cabezas y decir tonterías y tratar de no reírte, para señalar lo que estás escribiendo y que la persona de al lado lo subraye o añada algo. Hay pocos lugares en los que se nos ocurran más cosas de las que hablar que en una biblioteca.

Una biblioteca sirve para estar con libros. No necesariamente leerlos. Estar con ellos, que no es lo mismo. Tocarlos, moverlos, organizarlos, oler los nuevos, rozar los viejos y después correr a lavarte las manos del polvo. Clasificar, numerar, enumerar. Hacer montañas, y pilas, y montoncitos, y después deshacerlos de nuevo. Llevarlos de un sitio a otro. Trepar sobre sillas, o mesas, o escaleras para descubrir los que se esconden en los lugares más altos. Y después sonreír satisfecho y agotado cuando todos te observan bien ordenados y rectos desde sus respectivos sitios.

Y por supuesto que una biblioteca sirve para más cosas. Para sacar libros prestados, para estudiar, para leer con calma, para descubrir lecturas y recomendaciones nuevas… Cosas todas ellas que cada vez se van volviendo menos una atribución propia de las bibliotecas. Porque el mundo se transforma, y los formatos, y la forma de difusión del conocimiento. Y es normal y lógico que para buscar información para un trabajo no se acuda a una biblioteca, y que prefieras leer un libraco de mil páginas con más comodidad en un ebook que en papel, y que estudies más tranquilo en tu habitación con tu música. Para todas esas cosas no hace falta ya necesariamente una biblioteca. Pero estoy seguro que nadie podrá negarme que para las tres que he citado sigue siendo un elemento esencial.

Y eso para mí es una biblioteca. Y para eso sirve.

J.

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