Asco de música (entrada furiosa)

Anger_by_ravenousbeast

Esta es una entrada cabreada, avisados quedáis.

Cada vez me da más asco escuchar música. De verdad. Entre asco y furia, que va en aumento progresivo. Y no es ya el asco por lo evidente, que (casi) todo el mundo entiende que es una barbaridad, al menos después de dedicarle unos minutos a escuchar de verdad lo que se está diciendo. No, no es ya la repugnancia del machirulo pollaherida que surge como setas por todas partes, desde el acosador progresivamente más violento (hola, Hombres G) hasta el clásico pollaherida porque le han dicho que sólo amigos (hola, Mumford & Sons). E insisten en que tenemos que decir, “ains, que bonito”, porque ya Bécquer escribió lamentos de pollaherida, y entonces es bonito, y poético y romántico. Pero no voy a seguir por ahí, porque ya vengo suficientemente caliente como para meterme con el Romanticismo y todos los males que se acrecentaron desde ahí.

Hoy lo que me ha indignado mientras volvía en bicicleta era ese heteropatriarcado más de segundo plano, que no sólo defiende una única visión del mundo, sino que pone cara de sorprendido cuando le señalas que está dejando fuera a la mitad de la humanidad. La mitad que no tiene polla, evidentemente. La culpable de despertar mi ira ha sido la canción “Nuestra nación“, de La Raíz. Y hay que tener en cuenta que tampoco espero mucho de ellos. Básicamente se supone que es un grupo de gente joven, de izquierdas, multicultural, con letras que hablan contra los ricos y poderosos, contra la Iglesia, a favor de los inmigrantes, de latinoamérica, con las ideas de la internacionalidad de la izquierda… Todo ello muy de rebeldía de instituto, pero algo es algo (y mejor algo que nada, como suelo insistirle a mis alumnos en los exámenes). Pero es que según qué algos. Soy muy de izquierdas, soy muy laico, soy muy lo que quieras, y sin darme cuenta (o dándome) soy igual de machirulo que el resto. Primera invisibilización: La Raíz es un grupo. Con once integrantes. Todos tíos. Y nadie levanta ni una ceja. Once. Todos tíos. Claro, como no hay mujeres músicas. Será eso. Ahora imaginaos un grupo con once miembros que fuesen todo mujeres. Ya no sería un grupo, sería un grupo “de chicas”. Porque está el grupo normal, que es el de tíos (bueno, a lo mejor dejamos una bajista, o la cantante, pero sin pasarse), y el grupo de chicas, que es la categoría marcada, que es lo anormal, lo desplazado. Porque todo el mundo sabe que lo normal es que los tíos vayan de once en once por el mundo, ya nos lo han enseñado desde pequeños con el fútbol. Pero si se juntan once mujeres algo estarán tramando. Sospechas o casualidades sospechosas a parte, vamos a la canción en sí. Concretamente a su estribillo. Porque la cosa va más o menos de ser como Don Quijote, luchando por la justicia, etc., etc. Bien, correcto, así como de izquierdas, revolución, ideales… hasta que me sueltan esto:

Soñaremos con mil dulcineas en barras de bares de cada región
y aunque quemen los libros no quemarán nuestra canción.

Vale, en vuestra revolución el papel de la mujer está claro cuál es. En el bar, para el reposo del guerrero. En el momento en el que pones algo así estás siendo casi igual de machirulo que los que organizan las reuniones de negocios en fines de semana de cacería y putas, porque no concibes la posibilidad de que las mujeres estén haciendo de caballero y luchando contra las injusticias. Y me he cabreado. Mucho. Pero claro, es que quizás ellos no entienden que las mujeres pueden hacer cosas, porque en su realidad hay once tíos músicos por cada cero tía música, y lo compensan con camareras de bar. Y como estoy cabreado, me da igual ser injusto, o pensar que quizás lo han hecho sin mala intención, por ignorancia. Porque la ignorancia no es un eximente. Porque yo fui ignorante durante mucho tiempo, muy cómodo en mis privilegios, pero decidí dejar de ser ignorante, reconocer mis privilegios y dejar de estar cómodo con ellos. Porque no es normal. No es normal que un grupo de once tíos sea normal (mirad, pensad, contad otros grupos), no es normal que todas las mujeres de la revolución sean cantineras buenorras. No debería serlo. Hay que trabajar contra ello.

Ahora es cuando tratáis de hacer sangre y me decís que no me ponga tan bien puesto, que El libro de Ivo no supera el Test de Bechdel ni remotamente. Cierto. Lo descubrí después de haberlo escrito. Y El Libro de Sombra tampoco lo supera en realidad. Pero el mazazo fue cuando leí en Teoría King Kong sobre cómo construyen los hombres los personajes femeninos (no lo cito porque lo tengo prestado y quiero citarlo bien). Y eso me hizo replantearme muchas cosas, y por eso se ha ido trasformando El libro de Lucian y sobre todo El Libro de Siiri. Porque considero que es mi responsabilidad. Pero, ¿cómo lo transmito en el día a día? ¿Cómo junto a todos esos chavales y les hago entender que sí, que son unos machirulos porque les han criado así, pero que podrían dejar de serlo, que sería algo bueno que dejaran de serlo? Sigo sin tener respuestas, y me jode, y sigo pensando y buscando. Y no dejaré de hacerlo. Más cuando siguen cruzándose por mi camino canciones como esa. Como todas. O casi.

Moraleja: me voy a tener que pasar a las canciones instrumentales. Y a las que estén en finlandés, que no las entiendo. Y siempre me quedará Alanis Morissette, o Julieta Venegas.

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Un comentario en “Asco de música (entrada furiosa)

  1. Pues sí Juan. Llevas razón. Tienes motivos más que suficientes para indignarte y desde luego nada cambia si no se hace algo. Las cosas sencillamente tiende a mantenerse como están (y por algún motivo más si son injustas), ya sea en el movimiento de un cuerpo o en las ideas que albergamos, y todos necesitamos que nos hagan ver la realidad de otra manera, que nos hagan sentir la piel del otro.

    Sobre la crítica de tu libro, la cual asumes, en realidad utilizar contra alguien un argumento como ese es más propio de debates de cuarta, quinta o sexta de televisión que de personas inteligentes. Todos estamos cambiando y en tu caso demuestras que para mejor. Has reflexionado y llegado a la conclusión de que se debe cambiar porque es lo justo, porque no quieres ser así. Así que ¡bravo! Seguramente dentro de un tiempo reconozcas otros errores más en lo que haces ahora. ¡Ojalá! Sería un buen síntoma y algo deseable también para todos nosotros. Gracias por hacerme ver a mí también la necesidad de actualizar mi manera de ver estos asuntos.

    Y por último, entiendo que utilices un lenguaje muy del tipo de Teoría King Kong. Un lenguaje de adulto (cabreado) para adultos (que también deberían estarlo).

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