Dicotomías

Hoy, entrada ubicua en Sombra y Sauce y en las Casas de la Carne, porque hay cosas que suceden en dos mundos al mismo tiempo.

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Acaba la primera parte del día. O quizás la segunda. Redacciones corregidas, notas medio listas, montando programaciones. Y con la mirada puesta en la planificación de los próximos días. Fechas para el primer examen, a quién le toca exponer la semana que viene, cómo voy a enfocar esa parte de la materia… Soy profesor. En el día a día soy profesor. Y no sólo me gusta y ocupa la mayor parte de mi tiempo, sino que además paga las facturas, que hoy en día es una extraña suerte. Me quedan probablemente treinta años de ser profesor, y no me importa.

Y luego,  un par de noches a la semana, escribo. Soy escritor también, entonces. Así me siento esos ratos. Y resulta que no estoy en el grupo de Whatsapp de los profesores, sino que el chat de grupo en el que pierdo los ratos se llamas Escritores, Libreros y Agentes. Durante esos momentos parece que soy mucho más escritor de lo que soy en realidad, porque ellos sí viven de ese modo, entre literatura y por la literatura. Pero en realidad yo soy escritor dos noches a la semana, y profesor todo el resto del tiempo.

Es una dicotomía extraña, que produce un continuo desgaste. A veces desearía que las novelas diesen dinero de verdad, y poder ser sólo escritor, completamente, y dedicarme a contar historias sin parar. Pero a veces también desearía todo lo contrario: no escribir, porque desaparecerían una cantidad de dudas, de inseguridades, de esperas, de incertidumbres, que provoca quizás no escribir pero sí publicar. Porque soy un narrador de historias, pero desde mi agujero. Y necesito ese agujero y ese no tener que preocuparme. Ya tengo que preocuparme por las adaptaciones curriculares, por el foro provincial de bibliotecas, por cuadrar la programación de aula. Más todas las preocupaciones de cualquier casa. Y es suficiente No serviría para llevar adelante también esa vida de escritor yo solo. No me veo buscando editores, preocupado continuamente por la publicidad, autoeditándome. Y creo que ya lo he dicho alguna vez, pero he sido infinitamente afortunado, tocado por el lado oscuro del destino. Así que cuando la dicotomía amenaza con agotarme, cuando pienso que no sirvo para esto, o me da miedo, o me siento agotado con esta parte de mi vida, me salva que tengo a la mejor agente del mundo malvado, y que sé no tengo que preocuparme casi de nada. Que ella se encarga. Si no la tuviera a ella, probablemente el lado de profesor ya habría ganado completamente, y las historias se irían quedando en el cajón, y viviría con menos alegrías pero también con menos incertidumbres.

Ahora de nuevo llega esa fecha. De sentirme estirado en todas direcciones. De respirar hondo, y confiar en que todo saldrá de la mejor forma posible (confiar con total tranquilidad), porque sé hay alguien vigilando. Y eso sólo lo entiende quien ha sido guardián de alguien. Quien tiene a alguien que en algún aspecto es su guardián.

Y dicho esto, me voy a escribir :-).

J.

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