Primavera urgente (Ostara)

Así, entre algunos que sólo se preocupan por la primavera que no llega, otros que la reciben como se merece, y a los que les resulta indiferente, a mí este año la primavera me ha pillado de sorpresa casi, con una sensación de atropello, de falta de tiempo. De que urgentemente tengo que primaverarme, y no sé cómo, y mucho menos cuándo.

Necesito, quizás, una prórroga. Unos instantes más para encontrar la cinta para atar el tiempo, para desplumar arcángeles glaciales, para terminar de completar el inventario de lugares propicios al amor. No llego. No me llegan. No nos encontramos, dando vueltas entre estaciones caóticas y trenes florales o tormentosos. Y, si no hay primavera, no hay beso. Supongo.

Así que avanzaré un poco más, a ciegas, a trompicones, guiado por el olor de la brisa, el calor que casi sientes en la punta de los dedos, o quizás por pura inercia, porque son casi cuarenta caídas ya por la rueda del año, y al final acabas dejando que tu instinto te diga cuándo agacharte, cuándo volver a ponerte en pie. Cuándo llega la primavera. Cuándo aún tienes que esperarla. Y cuándo no queda más remedio que remangarse e ir en su busca.

J.

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