Hopeless


A veces llegan golpes que te hacen tambalearte entero. Que te arrancan el aliento y las fuerzas. Que te hacen decir “¿y ahora como sigo?”. Que dejan la página en blanco, y la miras pensando que no tiene sentido tratar de llenarla. Pero entonces recuerdas que escribir no es una tarea para cuando estás bien. Que escribir es parte de lo que te hace estar bien. Que escribir cura. Que es algo inevitable. Y vuelves a la tarea. Y vuelvo a la tarea.

J.

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Septiembre, 2018


Es septiembre, y regreso de vuelta al torbellino
de los días sin horas y las horas sin días,
de las mismas tristezas, distintas alegrías,
de hacer siempre distinto este mismo camino.

De nuevo al remolino de mañanas con prisa,
de las noches de insomnio, de problemas futuros,
de las listas eternas, los finales seguros,
de las tardes de clases, de meriendas, de risa.

Y los meses me embisten disfrazados de olas,
las semanas me llevan con impulso de río,
y en los rayos de sol puede olerse ya el frío,
y un trueno de tormenta suena en las caracolas.

Girarán las estrellas, y nosotros veremos
hacia dónde nos lleva este eterno  tornado,
entre lo que se espera, entre lo inesperado,
cambiando lo que somos hasta lo que seremos.

J.

El camino del héroe


Hay cosas para las que crees que no estás preparado.

Hay cosas para las que no estás preparado.

Hay cosas para las que nadie puede estar preparado.

Y, entre todas ellas, hay cosas que debes hacer, hay cosas que tienes que hacer, hay cosas que deben ser hechas.

Al final, si miras lo suficientemente atrás en el espejo, no te reconoces. Y eso debe ser lo correcto. No hay otra forma de llegar hasta donde has llegado. No hay otra forma de hacer lo que era imposible. Lo que te era imposible. No hay otra forma de seguir avanzando.

Seguir. Llegar. Partir.

J.

Imagen por Peterix, via DeviantArt

Los fuegos de Litha, 2018


Termina una rueda. Empieza una rueda. Y en cada punto del giro significa una cosa diferente. Litha siempre se me escurre entre los dedos, porque me habla de trabajo, de notas, de alumnas y alumnos que quiere ver cómo ha terminado su rueda, de la prisa por correr hacia los fuegos de Lugnasad y perderse en el verano. Pero este año Litha me ha encontrado forzosamente parado, entre toses y medicinas, con lo cual he podido parar un instante, mirar atrás, mirar adelante. Todo lo que he cambiado. Todo lo que he aprendido. Todo lo que he luchado. Y ahora, cuatro giros más de la rueda como director.

Mañana el sol comenzará a reducir sus horas, y me da la impresión de que Litha me descubre por primera vez su significado. Planificación. Siembra. Proyectos que se entierran ahora profundamente en la tierra, que irán germinando lentamente. Es el momento de trabajar en cosas aún invisibles. Del silencio y la sonrisa cansada y la mirada en el horizonte. De elegir caminos, aunque aún no sea el momento de recorrerlos. De elegir las cosas que deberán arder más adelante.

Vendrán. Cambios. Problemas. Esfuerzos. Risas. Vendrá todo. Y seguiremos.

J.

 

(Imagen de Omelettu via DeviantArt)

Invierno en primavera


Al principio la muerte es tan lejana que parece algo ajeno, lo que le sucede a otros. Tan distante que lo inevitable parece evitable.

 Y de repente llega. Porque el tiempo tiene esa cualidad, y al final todo es de repente. No estamos preparados para el transcurrir de los años. Y entonces un día la muerte crea agujeros. Donde había algo, sólo crece nada. El espacio se vuelve vacío. Los sonidos, silencio.

Con el tiempo suficiente, la propia existencia, agujereada, se va transformando en fragmentos incompletos de lo que fue. Y vagamos perdidos de un espacio vacío a otro. Entre lo que se perdió y lo que no podrá ser. No podemos completar la nada. No podemos deshacer el silencio. ¿Qué nos queda entonces? ¿Qué herramienta? ¿Qué escudo? ¿Qué hilo para volver a tejer la vida?

Recuerdos. Para cada cuerpo que ya no arroja sombra. Para cada palabra que ya no será pronunciada. Porque lo fue. Y las ondas de lo que se dijo, lo que se hizo, lo que se era, se expanden en cada uno de nosotros, en todos los que nos cruzamos en su camino. Y la muerte podrá arrancarnos todo lo demás, pero no los recuerdos.

J.

Ostara y el invierno


Hoy necesito un poco de primavera. Y busco el fuego. Y me acurruco en mi madriguera. Y aguardo.

J.

Invierno – Lento


Invierno. Hojas desnuda y raíces profundas. Savia lenta y fruto pensativo.

Y el invierno es silencio, y murmullo, y lluvia.

Y un “nos veremos pronto”. “Te espero en primavera”. “Te quiero sin que vengas”.

Y el invierno es abrazo, y fuego que calienta, y un soplo de aire fresco que te llena de vida. Sí, de vida también. Y crecer sin pensarlo.

Somos cada momento del camino. A veces rápido. A veces lento.

J.