Camino a Samhain


Quizás nos veáis, pero probablemente no seáis conscientes de ello. No habrá escobas, ni demonios, ni sangre. Nos encontraréis quizás, abriendo las ventanas y saludando al aire del otoño, con una sonrisa y olor a incienso. Deteniéndonos un segundo más de la cuenta junto a un árbol, quizás acariciando su corteza. Mezclando una baraja con demasiadas cartas como para ser útil para nadie más. Eligiendo velas. Cuencos. Hojas. Cocinando. Sintiendo que ya llega.

Quizás para vosotros el mundo son líneas, páginas. Y dentro de un par de meses estéis pensando en finales, en comienzos. Pero para nosotros los años son giros, y ahora sólo podemos pensar en girar, girar, girar; en que la rueda vuelva a su punto álgido, y continúa, continúa, continúa. Y nosotros con ella. Cambiando. Creciendo. Siendo.

Llegará la noche, y aquí y allá los niños y niñas saldrán disfrazados. No todos, pero los suficientes. Pidiendo caramelos sin saber por qué los piden. Y si nos cruzamos con una pequeña bruja, sonreirémos, y quizás un pentáculo brille un instante en nuestro cuello. Quizás no. Y con eso será suficiente. Castaña, calabaza, risas. Y cuando finalmente todo quede tranquilo, nos perderemos durante un momento en Samhain. En nuestro Samhain.

Ya viene. Feliz encuentro. Feliz partida.

J.

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Mabon


Con olor a manzana y a hoja caída. Con aroma de sombra y de manta. Con retazos de rocío y de brisa fresca al amanecer.

Buscando los caminos, empezando a andarlos ahora que atrás quedan los fuegos de Litha y lo que nos abrasaron.

Voy a ser musgo. Voy a ser tronco, y raíz. Voy a ser enredadera, y rama, y nido de pájaros. Todo lo que crece y lo que es tiene cabida en mí mientras la Rueda gira.

Y soy sol, y soy sombra.

Y soy viento, y soy nube.

Y las voces que transportan.

Mabon. Huesos de corteza, corazón de manzana, cabellera de hojas. Ojos de tormenta, sonrisa de aleteo.

Mabon.

J.

Corrientes, tormentas


Llegan olas. Enormes. Y me sumerjo. Sopla la tormenta, atronadora. Y me deslizo. Respiro, e inhalo con fuerza, con el aire restallando en mis pulmones, plateado y eléctrico.

Y entre la tormenta y las corrientes, entre el relámpago y el rugido, tengo todo lo que necesito. Estoy aquí porque quiero. Y voy a conseguirlo.

Respiro hondo una vez más. Y me inundo. Y me expando. Y abandono el miedo.

Y veo venir la siguiente ola, enorme, el siguiente trueno. Y sonrío.

J.

Girando


Aferrarse con fuerza.

Soltarse.

Buscar asideros incluso en lo más liso.

Dejarse caer, deslizándose.

No tener miedo.

Estar aterrado.

Querer que nada cambie.

Cambiarlo todo.

No necesitar.

Querer compartir contigo.

Ser un planeta.

Ser un cometa.

Marcharse para siempre.

Volver a buscarte.

O no.

Una

vez

más.

Todo

gira.

Y yo con ello.

J.

Setiembre


Llegará. Entre las sombras y las olas. Con susurro de hojas. No sabemos aún si como camino o como destino, aunque siempre es como camino. Aún está demasiado alejado. Diminuto. Punto de luz como faro entre la bruma. Bruma de calor, y de trabajo, y de agosto. Pero está. Parpadeando a veces. Animándonos a seguir flotando. Navegando. Sumergiéndonos.

Septiembre llegará, y nos arrastrará hacia todo lo que venga detrás. Hacia lo nuevo. Hacia lo inesperado. Hacia lo que queremos ser y hacer, o tal vez no queremos, o no sabemos si queremos, o si somos o hacemos, pero vamos a hacerlo igualmente. Y a serlo. Y probablemente hasta a quererlo.

El mundo se detiene alrededor, queriendo aferrarse a julio, queriendo no escapar de agosto. Y nosotros mirando hacia septiembre. Y nosotros mirándonos en septiembre. Buscándonos entre el entonces y el ahora.

Llegará septiembre. Y allí me encontraré. Y me encontrarás.

J.

 

Quizás


Crisálidas, trampolines, andenes.

Maletas, meridianos, rutas.

Migraciones, pájaros, aviones.

Satélites, planetas, galaxias.

Billetes. Libros.

Zorros.

J.

Sincronicidades


Somos nuestras sincronicidades. Las que suceden y las que no. Cada vez que salta la chispa, cada vez que se cruza el pensamiento y llega el mensaje, la palabra, la mariposa, el camino vuelve a vibrar, vuelve a estar presente. Y seguimos siendo un poco más.

Y, del mismo modo, cuando nada responde a la estrella, al viento, al instante, dejamos de serlo un poco. Es como nos decimos que el universo nos dice que quizás ese no es el camino, no es el momento, no es la persona.

Que sigue siéndolo intensamente.

Así, vamos tejiendo las sincronicidades como si fueran un tapiz con sentido. Consintiendo que cada puntada nos encoja el corazón o nos lo ensanche. Sin querer aceptar que es azar. Sin querer decidir tal vez por nosotros mismos.

Porque es azar. ¿O no?

J.