Un trimestre sin tacha(r)

Esta mañana, apuntando cosas en la agenda del instituto, me he dado cuenta de una cosa: es la primera vez en los últimos tres años que no estoy tachando los días que quedan en el calendario. O dicho de otro modo: es la primera vez desde que dejé el Gerald Brenan que estoy realmente bien. No quiero irme a ningún otro sitio. Y lo que es más importante, en una profesión tan fluida como la mía, no tengo por qué irme a ningún otro sitio. Incluso puedo hacer planes de futuro: hoy los de 3º me han preguntado si iba a darles clase el año que viene, y tras mucho tiempo finalmente he podido responder a esa pregunta que sí (salvo puñaladas por la espalda intradepartamentales, claro, pero los compis actuales también son gente razonable).

Aún así cuando eres profesor todo fluye. Cada año cambian los alumnos, los compañeros, con frecuencia el lugar de trabajo (que, si no cambia, casi siempre se transforma un poco). Pero esta vez no me importa. Estoy a gusto. Puedo ir haciéndome mi espacio. Lo mismo a partir de enero voy una tarde a la semana a abrir la biblioteca del centro. Lo mismo trato de organizar un intercambio con Finlandia. Lo mismo intento quedarme con el proyecto integrado de lectura de 4º también el año que viene. Lo mismo todo es de un modo distinto a como lo estoy pensando, pero estoy casi seguro de que estará bien.

J.

De por qué yo molo más que el Zorro del Principito.

La respuesta corta es simple: por el Tuenti. Desarrollémosla.
Todo el que haya paseado un poco entre la Sombra y el Sauce, sabe que el Zorro del Principito es mi modelo educativo. Con lo bueno y lo malo que eso conlleva. Pero cada vez lo malo es menos. El Principito se va, el Zorro se queda solo, y pensaba que la única opción era esperar a que apareciese un nuevo Principito. Que al final, lo que damos al mundo nos vuelva devuelto. Todo se transforma, como decía Jorge Drexler,

o la Regla del Tres de la Wicca.


Pero ahora está el Tuenti. Y entre mensaje, muro, y comentario, puedes no irte del todo, si alguien quiere seguir aunque sea un poco contigo. Y vale, ya no estás sentado en el cesped, ahora hay otro cesped, otros alumnos, pero hay algunos que no quieren irse del todo. Y eso es genial. Y encima hay algunas que no sólo no quieren irse, sino que siguen enseñándote música estupenda (y haciéndola).

Son buenos días. Todos los momentos duros que he pasado dando clase, que son bastantes, al parecer han decidido darme un año libre para recuperarme. Las personas que me encantaron se niegan a dejarme del todo. Y hasta el gato (bueno, doña Chispi) ha decidido que ya es hora de volver a ponerse encima mía mientras trabajo, siempre que no me mueva mucho [Vale, es cierto que entre insti y traducción se me va toda la semana, y que estoy deseando coger unos días para poder estar con mi peque y mi peque grande, pero estoy es una entrada optimista, así que quedémonos con la parte llena del vaso]. Para mí, ser profesor casi siempre es bueno. Y a veces es estupendo. Gracias.

J.