Sepultura de la Imaginación


Un albañil quería… No le faltaba aliento.
Un albañil quería, piedra tras piedra, muro
tras muro, levantar una imagen al viento
desencadenador en el futuro.

Quería un edificio capaz de lo más leve.
No le faltaba aliento. ¡Cuánto aquel ser quería!
Piedras de plumas, mares de pájaros los mueve
una imaginación al mediodía.

Reía. Trabajaba. Cantaba. De sus brazos,
con un poder más alto que el ala de los truenos,
iban brotando muros lo mismo que aletazos.
Pero los aletazos duran menos.

Al fin, era la piedra su agente. Y la montaña
tiene valor de vuelo si es totalmente activa.
Piedra por piedra es peso y hunde cuanto acompaña
aunque esto sea un mundo de ansia viva.

Un albañil quería… Pero la piedra cobra
su torva densidad brutal en un momento.
Aquel hombre labraba su cárcel. Y en su obra
fueron precipitados él y el viento.

M. H.

Jail_by_vbnksJ.

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Sobre cajas y sus habitantes.


A la sociedad le encanta meternos en cajas. Las cajas es lo que hace que la “gente normal” se sienta tranquila y a salvo. Y lo bueno de las cajas es que una vez dentro de una, no puedes salir. Las etiquetas más o menos sirven también, pero eso puede ser hasta demasiado liberal. ¿Y si alguien se pone dos etiquetas? ¿Y si la etiqueta se le despega? No, es mucho mejor meternos en cajas.

Y cuando empiezan a meterte en cajas, todo se simplifica. Eres heterosexual, o eres homosexual. Estás soltero o estás casado. Eres profesor o eres alumno. Cada uno dentro de su correspondiente caja, con las fronteras y los límites bien marcados. Cada uno a hacer lo que le toca, como le toca, cuando le toca y con quien le toca.

A mí no me gustan las cajas. No me gusta que la gente me meta en cajas, y no me interesan especialmente las personas que viven tranquilas en su caja. Me gustan las personas que no caen en ninguna caja, las personas que se salen de ella, o las que le dan la vuelta a la caja y se suben encima para ver más lejos o para gritarle a las masas.

Lo más genial de todo es que, aunque hay infinitas personas dentro de sus cajas, también hay personas fuera, o medio fuera, o escapándose. Y siempre acabo conociendo a alguna más, y descubriendo cosas nuevas, y transformándome un poco. No sé cuanto dura una persona de dentro de una caja, cuándo te quedas sin conversación, cuando empieza a dejar de ser interesante verla, o abrazarla, o tomar té. Pero tengo bastante claro que para mí las personas de fuera de la caja pueden durar toda la vida. Aunque no sea del modo que te esperas. Por algo estamos fuera de las cajas.

J.