Casi 40

De repente, llega una conciencia inesperada, como una iluminación, normalmente seguida por un acceso de pánico. ¿Cómo voy yo a cumplir cuarenta, si ese es un número muy redondo, de señor mayor? ¿Cómo voy a cumplir cuarenta, si estoy esperando a que llegue el fin de semana para jugar un rato al ordenador? Con las niñas encima, claro. El tener dos peques saltando sobre mí suele ser una buena forma de que el pánico desaparezca, de recordarme que veinte seguro que no tengo, de respirar hondo y sonreír.

Es un pánico raro este de cumplir años, porque sé que no es lógico. No me importa tener cuarenta, como no me importó en su momento tener treinta. Me importa que me duelan las rodillas con el frío, por ejemplo. Pero parece como que los cuarenta deben importar. Que es el momento en el que los señores quieren de repente volver a sentirse jóvenes, huir de las responsabilidades, mirar a un pasado mítico e idílico. Menos mal que nunca he tenido la más mínima intención de ser un señor. Aún así, para compensar quizás, he empezado el camino a los cuarenta hasta arriba de responsabilidades, que dan un miedo enorme pero que son lo que quiero hacer en los próximos, digamos, diez años. Volveremos a hablar en los cincuenta.

Y dentro de nada cumplo esos cuarenta, y mi vida es lo que quiero que sea. No perfecta, pero avanzando por los caminos que me apetece. Y aún así el salto en el estómago al pensar en la edad va y viene. No importa. Realmente no importa. Porque cada uno de esos instantes me permite cerrar los ojos, coger aire y sonreír. Ante lo que he sido, lo que soy, lo que pienso ser.

J.

Quizás

Crisálidas, trampolines, andenes.

Maletas, meridianos, rutas.

Migraciones, pájaros, aviones.

Satélites, planetas, galaxias.

Billetes. Libros.

Zorros.

J.

Segundo Movimiento

Avanzando. Olvidando los puentes cruzados, los caminos que no llegamos a recorrer. Sin dejar de moverme, porque cualquier otro pensamiento es imposible. Nada va a pararse. Yo tampoco. Y voy arrastrando en mi estela cometas, satélites, estrellas. Y a la vez yo recorro las estelas de otros planetas. De otras galaxias.

Segundo movimiento. O segunda parte. O segundo paso. No segundo intento, porque eso parece reducir todo a lo que se consigue y lo que no. Pero las cosas pasan, siempre pasan, y todo lo que sucede nos transforma (o nos duele, o nos cura, o nos lanza hacia el infinito).

Seguiré avanzando, desequilibrado. Girando y chocando con todo, destrozando y construyendo en cada revolución. Porque esa es la única forma de ser.

J.

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Creer. Crear

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Esos momentos en los que todo parece inútil. Absurdo. Imposible. En los que crees que jamás lo que conseguirás. En los que crees que no vale la pena. Esos que llegan periódicamente. Cuando al final de curso, de un curso especialmente duro y complicado, te preguntas por qué sigues esforzándote en luchar contra corriente (y la corriente puede ser la estructura de la asignatura, del centro, del barrio, el sistema educativo en su conjunto…). Cuando gente que lleva mucho más tiempo que tú escribiendo reflexiona con fría tristeza que este es un trabajo de tontos, en el que se dedica un esfuerzo gigantesco a algo que no da rendimiento económico ni lo dará nunca, al menos al que escribe. Cuando lo haces lo mejor posible, y aún así todo se rompe, y tienes que alzar muros que ni siquiera te permiten mirar por una rendija, y seguir adelante, porque es el único modo de que las cosas se curen y crezcan. Esos momentos. Siempre vienen. Siempre. Y como siempre vienen, aprendes trucos de Zorro, que te ayudan a recordar que también se van. O, con suerte, tienes personas, libros, amigos imaginarios, que te lo recuerdan si tú te olvidas. Que das clase porque te encanta trabajar con gente joven, y siempre es diferente y genial, y ellos siempre te demuestran que estás haciendo las cosas bien; y ellos es lo que importa. Que nunca pensaste en escribir para ganar dinero, sino para contar historias que te gustaría leer; y misteriosamente hay otras personas a las que también les gusta leerlas, y te lo dicen. Que a veces para avanzar hacia adelante hay que ir hacia atrás, o hacia un lado, y que en realidad no importa, porque aquí puede ser mágico siempre, si te esfuerzas en crear primaveras y veranos. Que no todo va a salir siempre bien. Que no todo va a salir siempre mal. Que lo que importa es el camino. Y que hay que caminar. Volar. Arder.

J.