Litha – Underwater


Respirar hondo. Ese es el primer paso. Dos, tres veces. Así, una vez que estás en el fondo, sólo tienes que dejar que el aire que llevas dentro te vaya elevando hacia la superficie. Y, si te dan las fuerzas, ir contemplando lo que te rodea. Incluso disfrutándolo. Aunque te falte el aliento.

Feliz Litha.

J.

PD:

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Octubre


El año va extendiendo hebras sobre nosotros. Zarcillos, tentáculos, hilos. Y todos ellos se nos van adhiriendo. Algunos llegan inesperados. Otros deseados. Otros los recogemos porque es necesario hacerlo. Y todos van formando parte lo que somos, de lo que hacemos. De lo que debemos ser, hacer.

Pero la rueda gira, y hay que pararse. Lavarse con agua de lluvia, secarse con viento, para no olvidar lo que hay debajo, para volver a descubrirlo. Y a lo mejor, desprendernos de algo de hojarasca. Mudar una piel que quizás se nos ha quedado pequeña, quizás se ha desgastado demasiado.

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Llegará Samhain, dentro de una luna, completando el giro. Y el cómo ha de encontrarme sólo es decisión mía, responsabilidad mía. Volverme hoja y caer, volverme tierra, volverme semilla. Dormir todo el invierno, sin prisa por la primavera. Crecer en otras direcciones. Sólo yo puedo decidirlo. Sólo yo puedo descubrirlo. Porque sólo tengo que mirar hacia mis raíces para entenderlo.

J.

Dicotomías


Hoy, entrada ubicua en Sombra y Sauce y en las Casas de la Carne, porque hay cosas que suceden en dos mundos al mismo tiempo.

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Acaba la primera parte del día. O quizás la segunda. Redacciones corregidas, notas medio listas, montando programaciones. Y con la mirada puesta en la planificación de los próximos días. Fechas para el primer examen, a quién le toca exponer la semana que viene, cómo voy a enfocar esa parte de la materia… Soy profesor. En el día a día soy profesor. Y no sólo me gusta y ocupa la mayor parte de mi tiempo, sino que además paga las facturas, que hoy en día es una extraña suerte. Me quedan probablemente treinta años de ser profesor, y no me importa.

Y luego,  un par de noches a la semana, escribo. Soy escritor también, entonces. Así me siento esos ratos. Y resulta que no estoy en el grupo de Whatsapp de los profesores, sino que el chat de grupo en el que pierdo los ratos se llamas Escritores, Libreros y Agentes. Durante esos momentos parece que soy mucho más escritor de lo que soy en realidad, porque ellos sí viven de ese modo, entre literatura y por la literatura. Pero en realidad yo soy escritor dos noches a la semana, y profesor todo el resto del tiempo.

Es una dicotomía extraña, que produce un continuo desgaste. A veces desearía que las novelas diesen dinero de verdad, y poder ser sólo escritor, completamente, y dedicarme a contar historias sin parar. Pero a veces también desearía todo lo contrario: no escribir, porque desaparecerían una cantidad de dudas, de inseguridades, de esperas, de incertidumbres, que provoca quizás no escribir pero sí publicar. Porque soy un narrador de historias, pero desde mi agujero. Y necesito ese agujero y ese no tener que preocuparme. Ya tengo que preocuparme por las adaptaciones curriculares, por el foro provincial de bibliotecas, por cuadrar la programación de aula. Más todas las preocupaciones de cualquier casa. Y es suficiente No serviría para llevar adelante también esa vida de escritor yo solo. No me veo buscando editores, preocupado continuamente por la publicidad, autoeditándome. Y creo que ya lo he dicho alguna vez, pero he sido infinitamente afortunado, tocado por el lado oscuro del destino. Así que cuando la dicotomía amenaza con agotarme, cuando pienso que no sirvo para esto, o me da miedo, o me siento agotado con esta parte de mi vida, me salva que tengo a la mejor agente del mundo malvado, y que sé no tengo que preocuparme casi de nada. Que ella se encarga. Si no la tuviera a ella, probablemente el lado de profesor ya habría ganado completamente, y las historias se irían quedando en el cajón, y viviría con menos alegrías pero también con menos incertidumbres.

Ahora de nuevo llega esa fecha. De sentirme estirado en todas direcciones. De respirar hondo, y confiar en que todo saldrá de la mejor forma posible (confiar con total tranquilidad), porque sé hay alguien vigilando. Y eso sólo lo entiende quien ha sido guardián de alguien. Quien tiene a alguien que en algún aspecto es su guardián.

Y dicho esto, me voy a escribir :-).

J.

Anatomía del cansancio


Va deslizándose lento, trepando por las paredes y pegándose a los huecos invisibles que dejan los días entre sí. Y sin darte cuenta, de repente lo ocupa todo, pasa a ser todo. Y me recubre de sí mismo, y dejo de ser yo, y soy sólo cansancio. Demasiadas obligaciones adquiridas. Demasiados intentos de cambiar el mundo. Demasiadas cosas necesarias que no sé si sólo puedo hacer yo, pero que al final acabo haciendo yo.

Y quizás sea necesario dejar de hacer. Por simple supervivencia.

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Porque después todo pasa, y cuando acaba veo que he sido capaz, que ha salido bien. Y olvido demasiado rápido todo el proceso, todo el agotamiento, todo lo que he dejado de vivir. Y no puede ser. Porque la vida no son metas ni destinos, la vida son caminos y procesos.

Así que tendré que recordármelo, y dejar de hacer mucho para hacer mejor.

J.

Cansancio – Montaña


Hoy me siento cansado, por fuera y por dentro. Con ese cansancio que te pide derrumbarte, acurrucarte, recomponerte. No importa. Porque montaña tras montaña, descenso tras ascenso, he ido comprendiendo la inmutable verdad de que todo sigue. Y eso, cuando realmente lo entiendes, te ayuda a disfrutar de lo bueno, a continuar tras lo malo. Porque todo sigue, porque todo cambia. Porque tras la magia de la cima de la montaña viene el cansancio, porque tras el cansancio viene la siguiente montaña. Lo único que impide el ciclo es quedarnos quietos, estáticos, sin crecer, sin cambiar. Lo único que me dejaría estático es la muerte. Ser feliz es estar vivo. Sentir dolor es estar vivo. Al final, estar vivo es lo único que importa. Ayer montaña. Hoy cansancio. Mucho. Así que me dejaré caer, me acurrucaré, me iré recomponiendo. Y el fluir del tiempo decidirá cuando se aproxima la próxima montaña.

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Tiempos muertos


Es complicado definir la sensación. Sensación de que estás perdiendo el tiempo, y de que no puedes hacer nada para evitarlo. Sensación de que el mundo se te ha quedado pequeño, de que necesitas mucho más. Personas, lugares, cosas.

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Y frente a las sensaciones, las certezas. De que no es que se pierda el tiempo, es que el tiempo fluye a su velocidad, y no puede hacerse nada para acelerarlo. Con lo cual, desde el punto de vista del observador, el tiempo se congela. No te sirve de nada que te digan que sigue avanzando. Porque, si nada cambia, ¿cómo podrán demostrarte que realmente el tiempo avanza?

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Tiempos muertos. Muertos de espera. Muertos de nostalgia. Muertos de agotamiento. Muertos de tristeza. Tiempo que no pasa, y que nos mata. O nos duele como si matase. Porque pasa sin pasar. Pero ya no me da miedo. Ni la espera, ni la nostalgia, ni el agotamiento, ni la tristeza. Lo aprendí mirando menos el reloj. Mirando más la vida. Esa que nace, medra, muere, se pudre. Si esperas lo suficiente lo ves.

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Que cuando no pasa nada, el tiempo es lo único que pasa. Y al final, la mayoría de las cosas cosas sólo necesitan tiempo para que pasen.

J.

PD:

A duras penas


A Stack of Papers, por Chalibo http://chalibo.deviantart.com/art/a-stack-of-papers-183989334
A Stack of Papers, por Chalibo
http://chalibo.deviantart.com/art/a-stack-of-papers-183989334

¿Que cómo me está yendo la semana? Pues ayer por la tarde estuve en las jornadas provinciales de Biblioteca, y mi presentación de buenas prácticas parece que consiguió unos cuantos conversos a WordPress, y después me propusieron ser colaborador de la Red de Bibliotecas el curso que viene. Y hoy he dado el segundo taller de “Cultura de la Violación y Consentimiento (entusiasta)” de tres que estoy dando esta semana a cuarto de ESO. Mañana es el ultimo, y parece ser que habrá que dedicarle algún recreo más, porque el tema ha interesado. Y las clases, claro. Hoy he dado clase de latín, de lengua, de inglés y de ética. Por lo demás, esta tarde quiero dejar medio lista la entrada sobre trasfondo de El Libro de Ivo de este fin de semana (9), y está noche hay que escribir, porque si no lo haces no eres escritor. Y estoy cansado. No ese “estoy cansado” metafísico, sino el “estoy cansado” de “si me das un sofá me quedo frito”. Y aún queda.

Y quiero vacaciones. Y un ayudante. Y un té escondido en el centro en buena compañía. No necesariamente por ese orden.

J.

PD: