Esos momentos en los que sientes que el mundo es tonto


Esos momentos en los que, como para nada estabas hasta arriba de trabajo por llevar cuatro ámbitos diferentes de asignaturas, descubres que la mitad del curso online de bibliotecas no va de lo que tú pedías, sino de temas generales de biblioteca, y que tiene mil millones de tareas. Y después descubres que no puedes adelantar trabajo porque las actividades hay que hacerlas por semanas, ni antes ni después. Y después descubres que el blog de biblioteca en el que llevas trabajando desde principio de curso no sirve, que hay que hacer otro para las tareas del curso. Y que empezamos poniendo una cabecera y el logo de la Junta. Yo estoy mayor para estas mierdas. Así que ayer por la noche cuando mi responsable me dijo que mi blog no valía le dije  con poca educación, que el curso así me parecía una pérdida de tiempo. Y lo lamento. Y esta mañana, más educadamente, le he dicho que no voy a seguir con el curso. Y no lo lamento en absoluto.

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J.

PD: Y ahora ese tiempo lo voy a dedicar a mejorar cosas de la biblioteca, no a ver si se me dicen algo que me sirva para mejorarla.

PDD (1/3/2014): Al final hemos llegado a un acuerdo intermedio, porque soy un tío muy inquieto que siempre tiene ideas que explorar. Si salo algo interesante ya hablaré de ello.

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Buscando la calma


Te confieso que no atino
a encontrar la calma;
nada ansío más,
y es lo que menos tengo.

¡Ay! del que se enamora hasta en un desierto.

Deser Miracle
J.

Little one


Días que te sientes más cansado. Días que te sientes más pequeño.

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J.

El efecto mitad de carrera


Ya sabéis. Ese momento en que llevas hecho un montón, y resulta que lo que has hecho es incluso un poco menos de lo que te queda. Y te vienes abajo, por mucho que te guste. Yo estoy un poquito así con el Libro de Sombra ahora mismo. Me está costando recuperar el ritmo. Por varias cosas. La esencial es que no sé nada del posible futuro del Libro de Ivo. Y aunque sé que el libro es bueno, y que el de ahora es igual de bueno o incluso más, quizás no haya mercado para él. Y claro que me gusta escribir, pero también me gustaría publicar, y ser rico, y tener un castillo en Escocia lejos de los ojos del mundo. Y pienso que quizás tenga otras historias más vendibles que contar. Así que eso da un poco de pereza (un poco mucho), sobre todo después de la pausa de la primera parte. Hay que juntar fuerzas, volver a fustigarme y cumplir plazos y horarios. Lo sé. Pero algún gesto positivo de los hados ayudaría, aunque sé perfectamente que estas cosas van a su ritmo.

Siendo ese el punto esencial, eso ya da pie a mil formas geniales de entretenerse y dejar a Sombra ahí, tirado en el suelo de un callejón, y sí, soy consciente de que últimamente no puedo evitar pasarme horas hablando con la luna (en cuarto creciente, por supuesto), y así la novela no va a escribirse sola. Por no hablar de clubs de musicales, guiones de cortos, y cien cosas más.

Tendré, por lo tanto, que ser valiente. Y buscar la energía y el impulso para levantar a Sombra del suelo, y que vaya a buscar a Sauce, y que pase lo que tenga que pasar. Escribir, escribir, escribir. Y ya en verano habrá todo el tiempo del mundo para hablar con la luna, o hasta para ir a visitarla.

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J.

 

Winter is coming…


Esas semanas en las que se te junta todo. Toneladas de trabajo. Burocracia. Malas noticias laborales. Citas familiares. Malentendidos. Agobio. Ruedas que se pinchan. Y te miras al espejo y dices, ¿si ayer era casi verano, de dónde ha salido esta ventisca? Y tengo que ponerme las pilas. No puedo permitirme sentirme desbordado, ni acurrucarme y decir “que estrés”. Hay cosas que hay que hacer. Muchas. Así que trabajo, trabajo, trabajo, y mientras intentar que lo que no es trabajo vaya encajando. Afortunadamente, incluso en medio de la tormenta, hay atisbos de primavera o retazos de verano, sea en forma de paseo, de noche en casa,o de carta. Me encantan las cartas.

Por lo demás, el Libro de Sombra avanza, aunque despacito. Mis alumnos del Galileo en general no se atreven a agregarme al Tuenti. Tengo alumnos repetidos de otros años (no repetidores, de esto tengo que hablar con calma XD). A lo mejor en el viaje de estudios vamos a los Países Bajos. O a un crucero por el Mediterráneo (pero yo soy el profe de reserva, probablemente no vaya). Y Clara necesita un disfraz de bruja más grande para Halloween. Vuelvo al trabajo

J.

Sombras de invierno


El invierno se aproxima con su huella de cansancio y su sombra de tristeza. El descanso y la fiesta aún están a un mundo de distancia, pero la prisa, el peso del esfuerzo y las montañas de trabajos y exámenes ya están aquí, para informarnos de ese final casi inminente. Es cierto que mañana, o quizás simplemente dentro de un rato ya se me habrá olvidado, pero ahora mismo todo me agota (y todo es los trabajos que hay que corregir, los exámenes que tengo que preparar, las evaluaciones de los niños del programa de Acompañamiento, los horarios y profesores de los grupos interactivos, la presentación para las charlas de alfabetización digital de cuarto, y probablemente más cosas aún que ahora se me están olvidando y que el lunes saltarán sobre mí en cuanto vuelva al instituto, como preparar los carnets de la biblioteca de 1º). Afortunadamente hay cosas que me permiten recuperar fuerzas. Escaparme una pizca. Y son las cosas que todos entendemos, como el abrazo que llega a tiempo, esa naricita fría encantadora, un “¡Paaaapiii! ¡Paaaapiiii!” en el momento adecuado. Y la música. Siempre la música. Que es otra forma de decir la belleza. Así que el lunes comenzaré a andar cuesta arriba hacia el instituto, pondré en marcha la música, y en 1′ 36” el mundo se detendrá un instante, y la magia me impulsará para cruzar otra semana más.

Esto es por ti


Llega un inevitable momento cuando se aproxima el final del curso en el que todo comienza a ser no ya cansado, sino agotador. Un momento en el que siento el deseo de aceptar la ley del mínimo esfuerzo, de no seguir avanzando más, cerrar aprobados y suspensos tal y como están las cosas y dejar de tratar de hacer algo mejor. Es cuando se hace evidente que no explico para la clase, que no preparo material y trato de hacer las cosas interesantes para la clase. Porque a la clase no le interesa lo que digo. Si tuviera que hacerlo para la clase, me limitaría a mandar resúmenes, sentarme en mi silla y esperar a que acabe la hora. Eso es lo que me apete hacer en estos momentos.
Pero estás tú. Tú, que siempre que hablo escuchas, normalmente con auténtico interés, y cuando no es así al menos por respeto. Tú, que cuando todo se descontrola (y eso es algo que tarde o temprano me pasa), me miras con apoyo; y que cuando todo va bien y las palabras fluyen, puedes olvidarte por un momento de que no estás en el mejor entorno del mundo. Tú, que después intercambias unas palabras conmigo de camino a otra clase o, milagros del mundo moderno, por el Tuenti. Tú, que cuando pase el tiempo y te cruces conmigo por la calle, te detendrás a saludarme, y yo te preguntaré encantado por cómo te va la vida, porque realmente me interesará. Porque hemos compartido cosas. Es por ti por quien sigo dando clase ahora. Eres tú quien me da fuerzas. Gracias. A todos.
J.