Nemo (el camino sigue)

El camino sigue. Siempre. Siempre que sigamos teniendo una pizca de fuerzas, una pizca de ánimo, una pizca de vida. O de inercia, o de dolor, o de cualquier otra cosa que nos haga movernos. Y a veces el camino sigue aunque no tengamos nada de eso. Porque no existen destinos. Sólo caminos. Poco a poco voy entendiéndolo. Que no pueo decidir dónde estar, sino hacia dónde avanzar. Que no puedo decidir con quién permanecer, pero sí puedo buscar los compañeros de camino que deseo. Y a veces nuestros caminos se cruzarán, y a veces se alejarán. Y a veces recorreremos largos tramos juntos. Y a veces no. A veces podemos intentar vernos en la siguiente vuelta del sendero. A veces lo lograremos incluso.

Al final, porque siempre hay un final, no quedará ni el destino, ni el viaje siquiera. Sólo la historia que podamos contar de ese camino. Y como toda historia será falsa, porque habremos olvidado muchas cosas, inventado otras tantas. Pero será nuestra historia. Seremos nuestra historia.

Quiero contar una historia que valga la pena. Una historia en la que intento cosas casi imposibles, y casi las consigo. Una historia que no va de un hombre que intenta ser prestigioso, rico, famoso. Va de un hombre que intenta ser feliz. Y de cómo eso le hace enfrentarse a laberintos, dragones, maldiciones, desiertos, rosas… Y de cómo en su camino va encontrando…

Nemo sailing home
Nemo letting go

Dawn_by_kelhus

J.

En casa

(Imagen feliz aleatoria, no le busques más explicación :-) )
(Imagen feliz aleatoria, no le busques más explicación :-) )

Pues ya tengo mi plaza. Aquí. En casa. En el Galileo. Donde yo quería estar desde un principio en realidad, cuando regresé a trabajar al pueblo. No pudo ser inicialmente, y acabé en el Huerta Alta, donde pasaron cosas geniales y no tan geniales, y me cambió la vida de muchas formas. Y aproveché una migración de pájaros para dar el salto al vacío y cambiar de planeta. Y llegué aquí. Donde estoy en casa. ¿Por qué? Porque los alumnos son geniales.  Siempre hay alumnos geniales, y en Huerta Alta conocí a unos cuantos. Pero aquí lo son todos. O casi :-). Porque el centro todavía no es un gigante, ni un dinosaurio. Y porque tengo unas compis de departamento geniales. Igual de cómodo que en los viejos tiempos de Adra, pero sin tener que estar en una trinchera luchando por tu vida todo el tiempo y a doscientos kilómetros de casa. Ahora estoy a diez minutos en bici de casa.  Mi otra casa.

Y esta casa, en la que trabajo, es genial. Y nuestra biblioteca que va tomando forma poco a poco es genial, y nuestras paredes blancas, y los pasillos tranquilos, y las cosas bien hechas. Que sí, que es una casa viva y que cambia cada año, cada curso, y nos vamos a enfrentar enseguida a nuevos retos. Más alumnos, cambios de organización, cambio de compañeros y a lo mejor de forma de hacer las cosas. Pero tengo todo lo que necesito. Mis compañeros de dentro de la clase, aprendiendo a ser lo que quieran ser. Mis compañeras de faena, creando el departamento que queremos con las cosas que queremos. Porque mágicamente todos queremos casi lo mismo. Y me encanta.

Así que ahora, sin prisa, seguiremos haciendo cosas geniales en este sitio genial que ya sí puedo llamar mi casa. El IES Galileo.

J.