No va a ser posible.


Lo siento, pero no va a ser posible. Porque no existe una persona perfecta para ti. Porque nadie puede dártelo todo. Porque algunas personas no podrán darte nada, o no querrán.  Porque ser feliz o estar triste es algo que depende sólo de ti, y no puedes culpar ni responsabilizar a otras personas ni de una cosa ni de la otra.

¿Qué hacer entonces? ¿Por donde empezar? Por descubrir qué llevas dentro, por supuesto. Por aceptarte. Por ser feliz. Sin nadie. Así de sencillo. Así de complicado. Cuando lo consigas, cuando lo comprendas, todo lo demás será posible. Entonces sí.

Entonces, si quieres, podrás amar y compartir con todos. Con la persona que te quiere pero no puede verte. Con la persona con la que nunca vivirías pero que te inflama sólo con mirarla. Con la persona con la que la vida es sencilla y feliz, pero que ya no te inflama, o que no te inflamó nunca. Con los que te dan lo que pueden darte, con aquellos a los que das lo que puedes y quieres. Con los que te rozas. Con los que te abrazas. Con los que te besas. Con todos. Y todo formará parte de ti.

Por supuesto que no digo que vaya a ser fácil. No lo será, porque nada lo es. Pero será posible. Y algo posible es infinitamente más que algo imposible.

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J.

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Cabezazos


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Al final, resulta que casi todos tenemos a esa persona por la que nos damos cabezazos, con la que nos damos cabezazos. Que nos vuelve más irracional de la cuenta, que sigue siempre presente aunque se haya ido, o que no acaba de llegar nunca por mucho que lo deseemos.

¿Por qué? No lo sé. Porque quizás la naturaleza humana va unida al deseo y a la pérdida, porque lo real es eso, real, y acaba desgastándose. El corazón tiende hacia lo perfecto, y lo perfecto es imposible. Idealizamos lo que perdimos o lo que no hemos llegado a tener. Pero eso no hace que los sentimientos sean menos reales, que el dolor menos intenso, que la inmensa alegría de un minúsculo avance sea menos cierta.

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¿Hay cura para eso? Supongo que seguir viviendo. Entender que esto es un proceso, no una meta, y que si nos perdemos el camino nos hemos perdido todo. Comprender que no debemos anclarnos a ningún camino. Que si no nos atrevemos a ir dejando atrás el lastre y no nos atrevemos a explorar lo que va surgiendo ante nosotros, no nos queda nada. Es complicado. Hay que irlo recordando continuamente, o casi continuamente. Aunque a veces hay palabras, momentos, personas, que nos permiten olvidar todo lo que pesa y lo que duele con inmensa facilidad. Disfruta ese instante. Porque es único. Disfruta ese abrazo, porque nunca se repetirá exactamente igual. Esa risa, ese sabor, esa caricia.

Y cuando te vuelvan los cabezazos, recuerda que eso también pasa. Escapa un rato, reponte, cambia tu vida. En cuanto puedas, sea antes o después de llorar.

Hay cosas estupendas para ti ahí fuera. Seguro. Gatos. Tés. Laberintos. ¿O eso era para mí? Gatos invisibles, tés compartidos, laberintos y sus señoras. Puede ser. No sabría asegurarlo. Aún estoy en el camino. Y aún a veces me pego cabezazos.

J.

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