Escribir

Escribimos para sacar lo que tenemos dentro, escondiéndolo a la vista de todos. Para pedir perdón. Para decir te quiero. Para explicar que siempre te quise y no supe decirlo. Para no olvidarlo. Para poder olvidar el daño que me hiciste. Que te hice. Para ocultar que el mundo no es como querríamos. Para dar forma a la soledad, al silencio, al miedo. Escribimos para no ser. Para ser otros. Para que tú seas. Un segundo al menos. Escribimos sabiéndolo todo. O sin saber cómo. Dejándolo siempre a medias, porque hay cosas que no se acaban nunca. Como en la vida. Cuatrocientas páginas para decir adiós, y al final poner “continuará”. La historia es sólo una madeja de otras historias. La mía, la tuya, la suya. Escribimos para que parezca que es recta, y tiene sentido, pero no es así. Nunca es así. Por eso seguimos escribiendo.

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J.

Cosas que sólo suceden algunos días

A veces, de repente, siento el impulso de salir en tu busca. No sucede siempre, ni siquiera a menudo. Normalmente lo provoca algo: los tres acordes del comienzo de una canción, una flor brotando en un arcén, unas gotas cayendo a destiempo en el cristal. Y, cuando eso sucede, siento el impulso de salir a buscarte, de encontrarte donde estés, saltar los muros, abrir las puertas, y abrazarte. Abrazarte con fuerza y en silencio, como cuando se para el mundo, y después decirte, muy bajito, que estoy ahí, que no hace falta soportarlo todo sola, que las cosas saldrán bien. Como puedes suponer, nunca llego a hacerlo. En primer lugar porque no tengo ni idea de dónde estás. En segundo, porque si lo supiera, probablemente quedaría raro abrir la puerta de una patada y abrazarte entre facturas y pedidos. Y en tercero, y probablemente lo más importante, porque hay cosas que no siempre salen bien, porque hay cosas que en realidad tienes que soportarlas sola, porque aunque quiera no puedo estar ahí, no siempre. Pero, y quiero que lo sepas, hay veces que de repente siento el impulso de salir en tu búsqueda. Y quizás, quizás algún día tengamos que hacerlo.

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J.

Semillas y raíces

Llega un día que descubres que tus deseos no son sólo deseos. Son semillas que arrojas al universo y que, si no tienes cuidado, pueden llegar a enraizarse en cualquier parte. Carreteras secundarias, desiertos, pozos de agua fresca. Hay deseos que se quedan en semilla, o en brote, o en sueño. Pero otros crecen intensa y ferozmente. Y, a veces, el deseo que crece no distingue si está creciendo en tierra fértil o en roca frágil. No puede saber si sus raíces destrozarán todo a su paso. Porque sólo piensa en crecer. Porque todo deseo parte de una ilusión, y es imposible pensar que esa ilusión puede acabar en desastre. Aunque la realidad luego nos demuestre lo contrario.

And my head told my heart
“Let love grow”
But my heart told my head
“This time no”

Y aprendes. Quiero creer que al final aprendes. O que lo estoy intentando. Y que ahora mis deseos siguen flotando igual, porque los deseos siempre serán los deseos. Pero que sólo permito que intenten brotar y echar raíces donde pueden hacerlo, con quien pueden hacerlo. Donde las raíces abrazan otras raíces, y las ramas se pueden alcanzar construyendo nuestro propio bosque.

PineFox

J.

Pobreza. Deseos.

Pobreza. Riqueza. Deseos.

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Y sí, tengo totalmente claro que la pobreza no viene de la disminución de las riquezas, sino de la multiplicación de los deseos.

J.