Anatomia de un 10


Quiero acabar el curso con una nota positiva, que no se diga.
Hay profesores que nunca ponen un 10, porque dicen que el 10 es la perfección y no hay nadie perfecto. A lo que yo digo: “por favor, que estamos en la ESO”. Hay que bajarse del pedestal académico de vez en cuando :-). Para mí, un 10 es la nota que se merece aquel alumno que ha hecho todo lo que cabría esperar, un alumno (que, de hecho, es más habitual que sea alumna) al que ya no puedes ponerle pero alguno. Me encanta poner dieces. Porque eso significa que me he encontrado con una persona excepcional, diferente a la mayoría, y con la que de un modo u otro he logrado conectar, y ha logrado entender lo que le pedía. Y ha ido más allá, y ha sabido superar mis espectativas. En mis dos primeros años tuve algunos dieces. Macarena. Violeta. Son personas que me llevo para siempre. Y también Abel y José Miguel. Alumnos y alumnas realmente brillantes, o organizados y trabajadores, o geniales. Yo fui un alumno brillante, y quizás busque en ellos mi reflejo de esos años. No lo sé.
El año pasado no hubo dieces. O mejor dicho, a quien merecía un diez no se lo puse yo, se lo pusieron los que le daban clase. Yo me limitaba a leer relatos de terror con ella un día a la semana :-), y valía la pena.
Y este año hay cuatro dieces. O diezas, que dirían los modernos :-). Tengo mi diez profesional y centrado, trabajador y brillante de 1ºB. Y mis tres dieces de 1ºA: el brillante 10 de las moras que hablan, que no podía ser de otro modo; y los que más echaré de menos (sí, en el instituto se puede ser justo con las notas y tener personas que te caen mejor, como en la vida real :-) ), el genial y encantador 10 de la tierra de Trajano (Triumfător în lupte, un nume de Traian!), y por supuesto mi 10 de su inseparable guitarra. Me gustaría ver qué va a ir siendo de ellas en los cursos próximos, y  a dónde les conduce la vida. Pero no va a poder ser.
Así es mi oficio, en cuanto te encarañas, o te vas tú o se van ellos. Aunque a partir de ahora la buena noticia es que se irán ellos cuando toque. Dos. Cuatro. A lo mejor hasta seis años. Me va a gustar. Hasta entonces, mucha suerte y mucho ánimo a todos mis dieces. Y ya sabéis dónde encontrarme si necesitais algo, o simplemente os apetece hablar.
J.
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