Más. Menos.

Finalmente tras bastantes días de echar de más a casi todo el mundo, hoy ha regresado a mí el echar de menos. Era inevitable. Y en realidad tampoco es una emoción mala para lo que me toca escribir hoy.

Echar de menos. Son cosas que pasan. No es culpa de nadie, ni responsabilidad de nadie, ni nadie puede solucionarlo. Somos los únicos dueños de nuestras emociones y nuestra felicidad. Así que hoy te echaré de menos y seguiré viviendo.

Mándame en un sobre
tu sonrisa rota.
Yo te la compongo,
que soy zapatero.

J.

PD: Manolo García ha llegado de repente a ocupar el lugar del vídeo que iba a poner inicialmente.

Reflexiones de zorro (edición ampliada musical – Music Video Madness)

Fox in a Snowstorm

Es cierto. No sé por qué, si porque soy demasiado optimista, si es porque no mido las dificultades, o porque creo que el mundo es mucho más simple y abierto y sencillo de lo que es. No sé por qué, pero siempre acabo escogiendo el camino largo y difícil. El de no poder hacer cosas, el de echar de menos, el de las limitaciones y los problemas. El camino del zorro. Siempre. Suena Nuvole Bianche y echo de menos. Me tomo un té con miel y echo de menos. Sale la luna y me sonríe y echo de menos. ¿Va a haber límite a esto? ¿Qué va a ser lo siguiente? Me tomo un ibuprofeno y echo de menos. Así de triste… ¿o no?

No. Normalmente no. Eso es lo sorprendente. No sé de qué estamos hechos los zorros, pero debe ser algo duro, y tozudo. Algo que no entiende de relojes, y por eso ignora pequeños detalles tan importantes como el tiempo y el momento.

En algún lugar, hay una señora de un laberinto, o al menos lo fue, que quiere darme de collejas para que el zorro lleve una vida más razonable. Más real. Pero es complicado. Porque una vez que entra en tu vida algo que echas de menos difícilmente puedes olvidarlo. Así somos los zorros.

Debería, lo sé, descansar. Esconderme en mi madriguera de zorro y escribir mientras el tiempo pasa y el tiempo me alcanza, y el momento llega, y es posible. Pero es que aún me queda un imposible más con el que pelearme. Es muy triste echar de menos un ibuprofeno. Habrá que transformarlo en algo más hermoso que echar de menos. Y después casi seguro sumarlo a la lista de los imposibles.

Tras eso, el zorro descansará. Prometido. No más imposibles, ni destiempos, ni desencuentros. Pero esta era una cuenta pendiente consigo mismo.

Y este zorro cansado y con tos no tiene más que añadir.

J.