Sincronicidades


Somos nuestras sincronicidades. Las que suceden y las que no. Cada vez que salta la chispa, cada vez que se cruza el pensamiento y llega el mensaje, la palabra, la mariposa, el camino vuelve a vibrar, vuelve a estar presente. Y seguimos siendo un poco más.

Y, del mismo modo, cuando nada responde a la estrella, al viento, al instante, dejamos de serlo un poco. Es como nos decimos que el universo nos dice que quizás ese no es el camino, no es el momento, no es la persona.

Que sigue siéndolo intensamente.

Así, vamos tejiendo las sincronicidades como si fueran un tapiz con sentido. Consintiendo que cada puntada nos encoja el corazón o nos lo ensanche. Sin querer aceptar que es azar. Sin querer decidir tal vez por nosotros mismos.

Porque es azar. ¿O no?

J.

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Puntos suspensivos


Entre lo que viene y aún no ha llegado. Entre las inspiraciones y los proyectos. Entre tus palabras y tu boca. Puntos suspensivos, recorriendo estos últimos días, llenándolos totalmente de posibilidades, casis e inminencias que aguardan apenas un poco más allá. Acelerando las horas y frenándolas, volviéndolas un torbellino de puntos que, girando en todas direcciones, no acaban de dar el último salto en ninguna de ellas.

Puntos suspensivos como gotas de agua, de luz, de vida, que descienden para unirse inevitablemente, para bañarme, para saciar la sed, para arrastrarme hecho torrente. Pronto. Casi.

Y desde ese instante congelado entre dos momentos, respiro hondo, paso miedo, disfruto. Y me lanzo. Muy, muy lentamente. Aguardando todo aquello que llegará cuando sea posible.

J.

Ecos


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De repente sucede. Una imagen. Una canción. Un olor. Y la memoria se dispara, y todo vuelve a resonar en tu interior como un diapasón, perfectamente afinado. Porque un diapasón no es una cuerda de guitarra, y ni el tiempo ni la distancia pueden destensarlo. Así que, de repente, sucede. Así que a veces sucede, sin que se pueda evitar. Y las ondas van recorriéndote, surcando la superficie del lago pero también despertando a los profundos moradores de las aguas que creías perdidos. Sólo dormían, esperando al diapasón. Esperando de nuevo volver a sentir esa vibración.

Después simplemente dejas que la vibración acabe. Recompones de nuevo tu ritmo, tu música, tu sonrisa. Sólo ha sido un eco. Pero todo eco es reflejo de lo que ha sido, reflejo de lo que podría ser. Al menos para los que somos más diapasón que cuerda. Al menos para los que comprendemos la importancia de lo imaginario, de lo deseado. De lo perdido y lo que aún está por encontrar.

Y sigues avanzando. Porque hacer lo correcto y echar de menos no son cosas incompatibles. Más bien todo lo contrario.

J.

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Y sin embargo


Porque en realidad el círculo se cierra. Y es hermoso, y feliz, aunque haya que llorar un poco. Pero yo creía que bastaba con decir eso, y parece que no. Al final es como cuando Dorothy abandona Oz, “os quiero a todos, pero a ti te echaré más de menos, Espantapájaros”. ¿Dónde reside esa diferencia? Nunca es en lo mismo. Pero quizás sí que hay un elemento común, algo que no pasa siempre. Que quizás no pase casi nunca. Y ese algo es cuando de repente surge el cambio. La transformación. Y esa otra persona, que podía haber seguido siendo genial, comienza a desplegarse frente a tus ojos, y una chispa, un impulso, pone cosas en movimiento, rompe candados, derriba muros… Y con asombro puedes ver, pasados los días, semanas, meses, que si tú no hubieras existido, si no hubierais compartido esas cosas, ella sería algo completamente distinto. Y tú también. Porque todos los cambios se producen siempre en dos direcciones.

Así que termina este círculo, pero la verdad es que a ella la echaré mucho de menos, y no puedo negarlo. Porque en este tiempo la he visto cambiar, crecer, y aunque aún está en el camino, está en el camino, sin lugar a dudas. Y porque compartimos cosas que pocos entienden, un camino no demasiado transitado. Porque frente a ideas que hacen a muchos apartar la mirada, o quedarse en el exceso sin entender la sutileza, tenemos en común la grandeza, la luz que subyace a cualquier historia de horror y de oscuridad. Porque ella ha observado desde el primer escalón de la puerta que he abierto con mis libros, y ha mirado atrás sonriendo. No sé explicarlo de otro modo.

Hannibal

Quizás en otra realidad también nos conocemos, y compartimos cenas con carne de la mejor calidad. Quizás en alguno de los mundos que escribo nos cruzaremos. Mientras, aquí, ella continúa con su siguiente círculo y yo con el mío, pero me seguirá leyendo, y yo seguiré escribiendo sabiendo que me va a leer, y eso nos seguirá cambiando a los dos. Y es bueno. Porque los círculos siempre acaban volviendo a cruzarse.

J.

Olas


Empezando desde cero. Empezando desde cien. Cada vez que vienes eres una persona distinta, porque el tiempo es distancia, porque la distancia es tiempo. Y cada vez que vuelves me asalta la duda de qué voy a ver en ti, de quién vas a ser. Y la certeza de que eso también querré amarlo.

Waves

J.

Faro


Slangkop-Lighthouse

Un faro para lanzar destellos a través de la distancia. A través del tiempo. De la oscuridad. De la bruma. De nosotros mismos. Un faro para volver a encontrarnos. Encontrarnos de verdad. Cuando no hagan falta faros. Es una promesa.

J.

Quizás…


Cofee_by_DjEfox

Espinas clavadas. Historias sin terminar. Caminos sin empezar. Sobres cerrados. En resumen, todo ese enorme océano de lo que nunca llegó a suceder.  Que no es lo mismo que lo que sucedió pero no como esperábamos, ni lo que se rompió o se gastó. Las espinas son para las cosas que quizás podrían haber sido, quizás deberían haber sido. Para las cosas que se quedan a medias. Como una pregunta sin contestar, porque es lo que son. ¿Qué habría pasado si…? Si hubiésemos hablado o nos hubiesen hablado. Si el lugar hubiera sido distinto. O el momento. Si tú hubieras tenido diez años menos o la otra persona diez años más. Si no hubiera habido otras responsabilidades, personas, mundos.

Pero yo no soy amigo de esas espinas. Cada vez menos. Creo, me da la impresión, que es imprescindible aprender a ser valientes. A ser pacientes. Las dos cosas. Porque hay veces en las que hay que atreverse a descubrir qué puede pasar. Porque lo peor es que no pase nada. Y otras lo que hay que hacer es dejar pasar el tiempo, para que todo gire, y cambie. Y quizás pueda empezar de nuevo. O simplemente empezar. Escribía el otro día en un par de muros que “quizás deberíamos habernos conocido en otro tiempo. Quizás debamos volver a hacerlo si llega el momento.”. Y vuelvo a mantenerlo aquí. Las personas cambian. Siempre. ¿Y qué? Quizás lo que nos hizo desear descubrir, compartir, besar ha cambiado. Pero quizás haya cosas nuevas que deseemos descubrir, compartir, besar. No lo sabrás si no lo intentas esta vez.

Ya no tengo miedo a conocer a las personas en el lugar equivocado, en el momento equivocado. No sería la primera vez que sucede, ni será la última. Es un aviso. Para estar atentos. Para cuando volvamos a cruzarnos. Si volvemos a hacerlo. Y tratar, tal vez, de aprovechar el instante. Porque siempre es sólo eso lo que tenemos.

J.