Escribir

Escribimos para sacar lo que tenemos dentro, escondiéndolo a la vista de todos. Para pedir perdón. Para decir te quiero. Para explicar que siempre te quise y no supe decirlo. Para no olvidarlo. Para poder olvidar el daño que me hiciste. Que te hice. Para ocultar que el mundo no es como querríamos. Para dar forma a la soledad, al silencio, al miedo. Escribimos para no ser. Para ser otros. Para que tú seas. Un segundo al menos. Escribimos sabiéndolo todo. O sin saber cómo. Dejándolo siempre a medias, porque hay cosas que no se acaban nunca. Como en la vida. Cuatrocientas páginas para decir adiós, y al final poner “continuará”. La historia es sólo una madeja de otras historias. La mía, la tuya, la suya. Escribimos para que parezca que es recta, y tiene sentido, pero no es así. Nunca es así. Por eso seguimos escribiendo.

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J.

Dicotomías

Hoy, entrada ubicua en Sombra y Sauce y en las Casas de la Carne, porque hay cosas que suceden en dos mundos al mismo tiempo.

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Acaba la primera parte del día. O quizás la segunda. Redacciones corregidas, notas medio listas, montando programaciones. Y con la mirada puesta en la planificación de los próximos días. Fechas para el primer examen, a quién le toca exponer la semana que viene, cómo voy a enfocar esa parte de la materia… Soy profesor. En el día a día soy profesor. Y no sólo me gusta y ocupa la mayor parte de mi tiempo, sino que además paga las facturas, que hoy en día es una extraña suerte. Me quedan probablemente treinta años de ser profesor, y no me importa.

Y luego,  un par de noches a la semana, escribo. Soy escritor también, entonces. Así me siento esos ratos. Y resulta que no estoy en el grupo de Whatsapp de los profesores, sino que el chat de grupo en el que pierdo los ratos se llamas Escritores, Libreros y Agentes. Durante esos momentos parece que soy mucho más escritor de lo que soy en realidad, porque ellos sí viven de ese modo, entre literatura y por la literatura. Pero en realidad yo soy escritor dos noches a la semana, y profesor todo el resto del tiempo.

Es una dicotomía extraña, que produce un continuo desgaste. A veces desearía que las novelas diesen dinero de verdad, y poder ser sólo escritor, completamente, y dedicarme a contar historias sin parar. Pero a veces también desearía todo lo contrario: no escribir, porque desaparecerían una cantidad de dudas, de inseguridades, de esperas, de incertidumbres, que provoca quizás no escribir pero sí publicar. Porque soy un narrador de historias, pero desde mi agujero. Y necesito ese agujero y ese no tener que preocuparme. Ya tengo que preocuparme por las adaptaciones curriculares, por el foro provincial de bibliotecas, por cuadrar la programación de aula. Más todas las preocupaciones de cualquier casa. Y es suficiente No serviría para llevar adelante también esa vida de escritor yo solo. No me veo buscando editores, preocupado continuamente por la publicidad, autoeditándome. Y creo que ya lo he dicho alguna vez, pero he sido infinitamente afortunado, tocado por el lado oscuro del destino. Así que cuando la dicotomía amenaza con agotarme, cuando pienso que no sirvo para esto, o me da miedo, o me siento agotado con esta parte de mi vida, me salva que tengo a la mejor agente del mundo malvado, y que sé no tengo que preocuparme casi de nada. Que ella se encarga. Si no la tuviera a ella, probablemente el lado de profesor ya habría ganado completamente, y las historias se irían quedando en el cajón, y viviría con menos alegrías pero también con menos incertidumbres.

Ahora de nuevo llega esa fecha. De sentirme estirado en todas direcciones. De respirar hondo, y confiar en que todo saldrá de la mejor forma posible (confiar con total tranquilidad), porque sé hay alguien vigilando. Y eso sólo lo entiende quien ha sido guardián de alguien. Quien tiene a alguien que en algún aspecto es su guardián.

Y dicho esto, me voy a escribir :-).

J.

Escribir

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Escribir.

Escribir como viajar al espacio. Exterior o interior.

Escribir como flotar dentro de uno mismo y fuera de todo.

Escribir no para contar historias, para ser historias.

Y hoy escribir cosas hermosas. Cosas de hilo y sonrisa y cocina con olor a desayuno.

No cojo el dolor y lo escribo. No cojo el odio y lo escribo. Escribo simplemente, y todo eso queda atrás. Y, si escribo lo suficiente, cuando vuelvo ya no está.

Escribir.

Hasta el cielo. Hasta el tiempo. Más allá.

J.

Como si fuese de verdad…

Hoy doble charla-recital en el instituto con motivo del Día del Libro. Casi te crees de verdad lo de ser poeta después de eso. Pero como les decía a los chicos y chicas de 4º, la poesía en realidad es mentira. Igual que lo de decir “soy poeta”. Me suena demasiado grande. Soy una persona que escribe poesía, eso sí. Ser poeta es algo que cada día estoy más seguro que no existe. Es un concepto demasiado idílico, y extraño, y confuso para mí. Cuando tres veces por semana me siento a escribir, veo claro lo de ser novelista. Como decía el señor Barker, ser novelista es sentarte todos los días a escribir. Con ganas o sin ellas, con las ideas claras o buscándolas. Eso lo hago. Despacito y a mi ritmo, pero lo hago. En cuanto a lo que es ser poeta, repito de nuevo, no tengo ni la menor idea. Sólo sé que cada vez tengo más poemas guardados, buscando el momento de darles un orden y un lugar :-). Eso sí. Y que a escribir novela te pones, y a escribir poesía no puedes resistirte. Poco más. Y si eso es ser poeta, pues quizás lo sea. Pero siempre que tengo que decirlo lo digo con la boca chica y un poco medio en broma :-). No puedo evitarlo.

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J.