Mareas


No podemos controlar las mareas. Tampoco luchar contra ellas. A veces podemos observar la luna, y tratar de predecirlas. Y otras sólo hay nubes, o un sol brillante. A veces esperas, esperas, y nunca llega la ola que puede llevarte a mar abierto. A veces se alza una tormenta y un golpe de mar te arrastra. A veces somos náufragos, a veces navegantes, a veces observadores desde la arena. A veces nos volvemos sal.

No podemos controlar las mareas. Y poco a poco voy aceptando que vivo en una isla. Repleta de sonrisas, y palabras, y estrellas. Pero una isla. Y sólo de la marea depende que llegue o no alguna barca a sus orillas. Que pueda salir de ella. Y son mareas. Extrañas y misteriosas mareas. Ni culpables, ni responsables. Sólo una luna que tira de nosotros a veces, a veces nos empuja. Así que respiro hondo (arena, sal, viento, noche), y vivo. No se puede esperar a la marea. Sólo dejar que te inunde cuando llegue.

J.

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Puntos suspensivos


Entre lo que viene y aún no ha llegado. Entre las inspiraciones y los proyectos. Entre tus palabras y tu boca. Puntos suspensivos, recorriendo estos últimos días, llenándolos totalmente de posibilidades, casis e inminencias que aguardan apenas un poco más allá. Acelerando las horas y frenándolas, volviéndolas un torbellino de puntos que, girando en todas direcciones, no acaban de dar el último salto en ninguna de ellas.

Puntos suspensivos como gotas de agua, de luz, de vida, que descienden para unirse inevitablemente, para bañarme, para saciar la sed, para arrastrarme hecho torrente. Pronto. Casi.

Y desde ese instante congelado entre dos momentos, respiro hondo, paso miedo, disfruto. Y me lanzo. Muy, muy lentamente. Aguardando todo aquello que llegará cuando sea posible.

J.

Giro y sombra 


Desandar tus huellas para ver hacia dónde conducían tus pasos. Levantar el cuello del abrigo y enroscarte en la bufanda. Respirar el primer aire frío, y dejar que te envuelva en sabor a invierno. Desprenderte de las hojas, de los tallos, de las flores incluso, y convertirte en tronco, en raíz, en bulbo. Aprender a no ser casi, para así ser capaz de volver  a ser en primavera.

Me hundiré en la tierra, buscando dónde nacen mis raíces. Me olvidaré de todo para así no perder nada. Y el invierno pasará sobre mí como un manto blanco que me envuelve mientras duermo. Y dormiré, y soñaré. También contigo.

Samhain llega y yo giro con él despojándome de lo que se ha secado, de lo que me sobra, de lo que amo y aún así debe partir. Llega, y enciendo la primera vela, la primera llama que querrá ser hoguera cuando regrese Yüle. Porque todo regresa. Todo acaba. Esa es la única enseñanza que nos hace falta cuando el invierno se aproxima.

Y, cuando nos alcancen los días verdes, y el viento cambie, y de nuevo apetezca ser flor, y fruto, y deshielo, cuando todo sea distinto, hay cosas que volverán a ser. que podrán serlo. Con o sin nosotros. Porque nunca hemos sido el centro de nada. Sólo una sonrisa que lanzar al mundo mientras la rueda gira. Sólo una nube blanca, dispuesta a ser cualquier cosa.

Aún así, búscame si te apetece. Cuando te apetezca.

J.

Momentos intermedios


in_still_by_welder

Cuando no existen cintas para atar el tiempo. Cuando el tiempo se desliza a su ritmo entre los momentos, y no hay otro remedio que deslizarse con él por su corriente, sin asideros atrás ni destino delante. Cuando no hay olvidos, ni recuerdos, ni proyectos, o no todavía, y todo es un no-lugar entre otros lugares. De dónde vienes, a dónde vas. Hay instantes así. Horas, días, semanas. Y ahí, en ese lugar intermedio, todo es intermedio, y no hay canción, poema ni palabra que pueda reflejarlo, con la extraña indiferencia desorientadora de no saber si estás contemplando un amanecer o un anochecer.

Es, brevemente, un hoy como ayer, mañana como hoy, y siempre igual, tan brevemente que no llega a ser cierto. Porque por muy lento que sea el fluir, siempre se fluye. Porque nada permanece estático. Dentro de unos días todo será distinto. Y podré contaros que he subido a castillos en el cielo, o que he visitado galaxias, o que he sido un instante el rey del mundo. Pero los momentos intermedios hay que recorrerlos también. Piedra con piedra, pluma a pluma.

J.