La belleza de la destrucción

Hoy dos vídeos musicales que me encantan. Son dos canciones que me gustan, pero dos vídeos que me encantan, y que tienen mucho en común. Protagonista femenina. Cámara lenta. Destrucción y violencia. Así soy yo :-).

J.

PD: Entrada gemela en Las Casas de la Carne.

De estética (lease tíos buenos y tías buenas)

No es que sea precisamente un rebelde por sistema ni una de esas personas que ven algo negativo en todo lo que las rodea. Ni mucho menos. Es más, no me canso de resaltar lo bueno de la sociedad en la que vivimos, de la época en la que vivimos. Y sin embargo, hay una serie de cuestiones que me repatean los hígados sistemáticamente. Casi todas relacionadas con el ámbito de lo moral (ojo, el enlace no se abre a la primera en Opera).

Uno de esos puntos de indignación es la belleza, la estética. Por un lado, la moral judeocristiana nos dice que la belleza es superficial, transitoria, y que no puede juzgarse a las personas por ella. Que uno no puede pensar sólo en lo estético. Que hay que mirar en el interior. Que lo físico por sí mismo sólo conduce a la lujuría y en esencia a la infelicidad. Podríamos incluso incluir aquí esa cosa tan ñoña de que no hay nada como el sexo con amor. Evidentemente, con amor las albóndigas también saben mejor; y prueba a jugar a las cartas con una pareja con la que no has jugado nunca y con alguien con quien llevas jugando mucho tiempo y os conocéis, a ver cómo te lo pasas mejor. No mezclemos cosas que no tienene que ver, por favor, que son las tres y media de la mañana.


Volviendo al tema, según la moral, belleza mala, sexo malo. Pero claro, al mismo tiempo la sociedad que nos rodea valora ante todo la belleza, y mensajes sutilmente sexuales (o no tan sutilmente) nos bombardean continuamente. ¿Nos volvemos locos entonces? ¿Nos matamos a gimnasio, dieta y cremitas para buscar el amor de nuestras vidas? ¿O tratamos de dejar de ser tan hipócritas y retorcidos?


Alguien hermoso es hermoso. Eso es así. Después cada uno tendrá sus criterios estéticos, cierto, y variarán con la época y la edad incluso. A mi es que Beyonce y Shakira no me ponen mucho, que le vamos a hacer. Pero encuentro muchas personas atractivas por el mundo. La belleza es un placer estético. ¿Por qué tiene que ser moralmente aceptable pasarme media hora contemplado “La Piedad” de Miguel Ángel pero inaceptable dedicar esa media hora a una persona?


Sonrisas. Miradas. Perfiles. Torsos. Cinturas. Brazos. Vale, son las tres y media, e indudablemente estoy divagando. Pero me parece que los griegos clásicos eran más sinceros en este punto: cuando los atletas se ejercitaban desnudos todo el mundo sabía que sus cuerpos eran bellos, y se les observaba por ello. Nadie se llevaba las manos a la cabeza por ello. ¿Querrían todos los espectadores tirarse a los atletas? Pues algunos sí, otros no, y en realidad eso no es importante. La belleza es belleza. El pecado es un invento que no acepto. Prefiero la bombilla, que es un invento más útil y me permite leer por las noches. Y tampoco hay nada malo en querer tirarse a los atletas o equivalente, digo yo.


J.