2016-17


Este año no subía al escenario durante la graduación. No tocaba. Pero hay cosas que hay que decirlas. Y esto es lo que les dije a mis dos clases de 4º.

Todos conocemos los desencuentros. Esos momentos de la vida en los que el espacio se vuelve nuestro enemigo, y no hay forma alguna de poder compartir un lugar. En los que la distancia hace imposibles todas las posibilidades. Pero hay otras cosas además de desencuentro, otros misteriosos oponentes. En su novela Octubre, Octubre, Jose Luis Sampedro habla también de destiempos. Estamos en el lugar apropiado, en el mismo lugar, pero en momentos de nuestras vidas que nos mantienen igual de alejados que un océano de por medio. “Si te hubiera conocido antes”. “Si te hubiera conocido después”. Y al final, la vida de todo profesor, o al menos la mía, es siempre un poco de eso, destiempos, desencuentros. Es una vida en la que todo se acaba cuando llegas al mejor momento. En la que nunca puedes llegar a ver el siguiente capítulo, porque ya no te alcanza, no te corresponde. Como he dicho otras veces, es la continua labor del Zorro del Principito, que consiste en dejarte domesticar, en dejarte enamorar, justo lo necesario para que la otra persona se marche con un recuerdo que ambos podáis compartir.

Así que, entre destiempos, desencuentros y zorros, hoy quiero deciros algo: os he conocido en el mejor de los momentos. Después del pavo interminable de primero, de la tontería hormonada de segundo, de lo grande y lo poderoso que se siente uno en tercero. Antes de que venga bachillerato a quitaros el tiempo y el aliento, y las clases se conviertan en una carrera entre dos puntos. Sin duda en el mejor momento, cuando realmente no sois lo que vais a ser, pero empezáis a serlo, empezáis a intuirlo. Si hubiéramos coincidido sólo en primero o incluso en segundo, y volviéramos a cruzarnos dentro de diez años, no sabría quiénes sois. Pero hoy me voy con la certeza de que, si ese cruce se produce, os reconoceré, os recordaré, y me maravillaré con aquello en lo que os habeís convertido. He tenido la suerte de conoceros justo aquí, justo ahora, en un pequeño reino formado sólo por dos habitaciones y una pared delgada, donde habéis vivido incontables horas, donde habéis comenzado a lanzaros hacia adelante, hacia el futuro, hacia todo. Y compartir algunas de esas horas ha sido sin duda un privilegio maravilloso.

Con lo cual, lo diré una última vez. Os he conocido en el mejor momento. Pero ojalá, ojalá pudiera haberos conocido antes. Y, sobre todo, ojalá pudiera seguir conociéndoos después.

J.

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Final (de muchos comienzos)


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Hoy ha acabado el curso. Digámoslo así. Al menos como profesor de 4º de ESO. Hoy hemos tenido la graduación, hoy hemos tenido la cena. Y finalizan muchos comienzos. Muchos más de los que podía imaginar hace un año. Muchísimos. Para entenderlo, creo que es imprescindible hablar de la zona de confort como profesor. Así, mi zona de confort sería dar lengua a un grupo apañado en un instituto apañado. Alejarme de mi zona de confort sería dar lengua a un grupo conflictivo en un centro conflictivo. Y luego está lo que he hecho este año, que es dar latín, ética, teatro e inglés, y ya si eso un poquito de lengua. Que es coger la zona de confort, meterla en un saco y tirarla al río. Y si eso rematarla con Coeducación y Biblioteca si acaso, pero tampoco hace falta ensañarse.

Y hoy el curso ha acabado. ¿Qué he aprendido en el camino? Bueno, más que aprender, se ha confirmado. Se ha confirmado que no me encanta ser profesor de lengua: me encanta ser profesor. Y voy al trabajo a veces más cansado, a veces menos, pero siempre voy sabiendo que me encanta lo que hago, y tratando de trasmitirlo. Porque me encanta trabajar con gente joven. Escucharles, entenderles, buscar todo lo genial que el mundo les va mostrando cada día, y tratar de añadir lo que se supone que es importante. Que no siempre lo es, por supuesto, pero esa es mi labor. Y me voy sabiendo que el año que viene querría dar más lengua, bastante más; pero que si no es posible mi trabajo seguirá gustándome. Porque, insisto, mi trabajo no es ser profesor de lengua: es ser profesor.

Eso, como siempre, me lleva a las personas. Hoy he dicho adiós a un buen puñado de personas. La mayoría apenas volverán a cruzarse por mi vida. La mayoría. Este año también han aparecido personas geniales. Incluso aunque sea pesimista, es algo que acaba sucediendo. Personas geniales que han sido parte de mi vida, como yo de la suya. De ese modo extraño en el que a veces se enlazan los intereses, los deseos, los destinos. Y compartes horas y horas y horas a lo largo de los meses. Ahora voy a echar mucho de menos a unas cuantas de esas personas geniales.  Mucho, pero no del todo, porque sé que cuando me apetezca podré escribir un mensaje y saber cómo les va, o cuando a ellas les apetezca harán lo mismo. Y quedaremos para hablar de lo que queramos con la libertad que da que ya no somos profesores y alumnos. También, no obstante, se me ha quedado atrás alguna que otra persona a la que querría haber conocido más. Esas personas en las que ves una chispa de conexión, pero no encuentras realmente el tiempo ni el lugar. También quiero aprender a solucionar eso.

Por lo demás, se inicia un camino nuevo. Mis alumnos se marchan a hacer bachillerato a otros centros, y ya iremos viendo cómo nos va entrecruzando la vida. Y yo iniciaré el año que viene mi tercer año en el Galileo. Será la primera vez que paso tres años seguidos en el mismo centro. La primera vez que paso tres años con los mismo alumnos. Que sé que también van a ser geniales el curso que viene.

¿Con qué me quedo? Con todo, por supuesto. Pero si hay que elegir, con las charlas de Sexismo (y eso :-p), con el Equipo Juan de Barcelona (y mis vecinas de enfrente especialmente, claro), y con la Decimotercera Legión al completo.

J.

PD: Y yo llevaba con esta canción en mente desde la salida de Latín al Teatro Romano, y no sabía por qué. Ahora sí.

Quante cose che non sai di me
Quante cose che non puoi sapere
Quante cose da portare nel viaggio insieme

 

El hombre que plantaba árboles, 3º D y el agotamiento de final de curso.


Vamos a hacer una entrada al estilo de El Amante Lesbiano.

El suceso

He llevado a 3ºD a la Biblioteca a ver un cortometraje, y han pasado de él como de la mierda, cada uno a sus cosas (que si examen, que si problemas sentimentales, que si ay que calor hace aquí, que si es que es con subtítulos). Pues lo normal, pensarán muchos compis :-).



La vivencia

Aquí se juntan varias cosas. Por un lado, el trabajo de los distintos compañeros que con sus alumnos han ido creando material sobre los bosques, para un grupo de trabajo que ha resultado agotador más que gratificante; y la exposición tan cuca que les ha quedado en la biblioteca. Por otro, el cortometraje de animación que adapta el libro de Jean Giono El hombre que plantaba árboles, que es una preciosidad de historia y de adaptación, que daba mucho juego no sólo para verlo, sino también para comentar después. Y después, sobre todo, cuándo ha sucedido esto. Yo comprendo que el final de curso es muy agotador para los alumnos. Lo comprendo tanto que en realidad mis clases acabaron la semana pasada, el jueves, tras dos clases que en realidad eran para ayudarles a hacer el último trabajo que tienen que entregar, y les he dejado todos los demás días que nos quedan para preparar el examen de recuperación, el examen de subir nota, o lo que les de la gana. Menos la clase de hoy. Porque la clase de hoy era nuestra última clase real. Y consistía en algo tan sencillo como ver el cortometraje, y después comentarlo lo que nos diese tiempo (porque 3ºD es un curso malillo para callarse, pero muy bueno para comentar :-) ). Y después despedida y cierre, diciéndoles que me lo he pasado muy bien dándoles clase este año, y que el año que viene será un placer volver a darles clase :-). Pero lo que ha sucedido es que al acabar el corto (porque lo hemos acabado) he apagado el proyector, les he dicho más o menos que yo no estoy para perder el tiempo, y he seguido catalogando libros el resto de la hora. Y ese ha sido nuestro final de curso como clase. Evidentemente, eso no cambia mi actitud hacia el curso en su conjunto (ni mucho menos hacia sus componentes bienintencionados), pero lo perdido perdido queda. El año que viene, más, y esperemos que un poquito mejor.

J.