Galaxias y ecos

Dicen que las estrellas mueren y su luz continúa viajando, y cuando nos alcanza a nosotros sólo estamos viendo los restos de un vacío muerto en el espacio. Pero yo conozco galaxias que dejan ecos. Galaxias que, cuando las abandonas, no lo haces realmente, sino que su luz y su calor te acompañan, y mientras esa luz permanece no existe vacío ni frío. Porque eres en la galaxia, y eso no tiene que ver con el espacio ni con el tiempo, con las cosas que viven y las que mueren, sino con lo que sentimos. Con lo que somos cuando sentimos. Yo conozco galaxias que cuando dejan de ser lanzan tras ellas ecos de lo que serán las próximas galaxias, en un hermoso ciclo infinito. Y hay pocas cosas más hermosas que poder ser parte de ese ciclo.

J.

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Corazones y días

Hay días en que escribes y se te encoge el corazón, y días en los que escribes para que el corazón se te encoja. En ocasiones todo encaja, y los misteriosos de la galaxia se hacen evidentes, porque es imposible hacer las cosas mal, incluso aunque no lo pienses. Y otras veces, otros días, otras personas, eres totalmente consciente de que has sido todo lo que se supone que no deberías ser para alguien a quien amas.

Por eso no es bueno olvidar. Ni necesario. Ni posible. Aprender sí. Comprender. Sentir. Sentirlo. Y decirlo.

I only wan’t you to know…

Scar-V

J.

El momento de dar cuerda al mundo

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De nuevo, llega ese momento, cuando no puedes ignorar más el paso del tiempo, y hay que una vez más dar cuerda al mundo. Pero a mi mundo no se le pueda dar cuerda con una única clavija. Es una constelación de mecanismos que requieren ser puestos en marcha de forma separada, y para cada uno la cuerda funciona de un modo distinto. Así que debo dar cuerda para nueve meses, para tres meses, para un mes… Toda mi galaxia se pone en movimiento, entrecruzándose con tras galaxias en las que soy centro, guía o maravillado visitante. Los distintos tic-tac deben empezar a rodearme, igual que el suave deslizarse de los granos de arena y el martilleo de las clepsidras.  Todo un mundo poniéndose en marcha, desperezándose, cobrando vida. Así que le doy cuerda a las declinaciones latinas, a los puntos por hacer microrrelatos, a las ruedas de la bicicleta al amanecer. Le doy cuerda a los capítulos de cuatro mil palabras, a las tramas que concluyen, a las ideas que deben tomar forma. Le doy cuerda a las bibliotecas cerradas y a las pizarras silenciosas. Y más. Tengo que dar cuerda a levantarme temprano, a los desayunos de cereales, a las tardes de patinaje. Y a los días iguales y distintos. Tengo que dar cuerda a todos los planes que van creciendo hacia el futuro.

Y tengo que dar cuerda a nuevos mecanismos. Mecanismos mágicos e inesperados, o esperadamente mágicos, que vienen a unirse a los demás. Habrá tiempo para todo, habrá lugar para todo. Quizás no siempre que quiera, pero lo habrá. En eso consiste dar cuerda.

J.