Algunos instantes perfectos


El viernes me vine de la graduación con unas cuantas lágrimas (de las buenas, de las que salen porque hay demasiadas emociones dentro y hay que dejar sitio), con muchos abrazos enormes, y con tres regalos perfectos. Sí, perfectos. Porque resumen lo que hemos compartido este año, porque reflejan lo que he sido para ellos. Porque hay infinidad de regalos adecuados para un tutor de cuarto. Una pluma, un reloj, un bono hotel. Valen para casi cualquiera. Pero mis regalos, los tres, sólo podían ser míos. Y son perfectos. El primero, una camiseta de mejor profe, con la portada de El Libro de Ivo. El segundo, un dibujo genial de un Zorro. Y el tercero, algo único e infinitamente hermoso, desde el principio hasta el final: un cuaderno en el que cada uno de mis alumnos y alumnas han escrito una página, hablándome de lo que he sido para ellos.

Regalos Graduacion-rY esto termina un ciclo. Y esto es lo que necesitaba, y ellos me lo han proporcionado. Una forma de ordenar todo lo que hemos sentido juntos, organizarlo, y guardarlo en su lugar escogido en mi corazón. Ahora, en esa libreta escribiré las palabras que les dediqué, y estará completo. Y estaremos completos. Llegará el verano, y luego el otoño, y el Juan del curso 2015-16 empezará de nuevo. Con todo lo vivido guardado entre las páginas de un librito, para que no se pierda. Y no importa cuántos volverán a cruzarse en mi camino y yo en el suyo (porque algunos nos cruzaremos, sin duda). No importa, porque los nosotros de aquí, de ahora, estamos para siempre en esas páginas.

J.

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Galileo, 2012-2015


Como profesor, llega un momento en el que todas las graduaciones se parecen, porque al fin y al cabo este trabajo es cíclico. Como las estaciones. Sembrar, esperar a que crezcan, a que maduren. Y como las estaciones, siempre es diferente. Eso, desde aquí. Desde ahí, desde donde estáis vosotros, es único. Siempre. Porque al fin y al cabo esta no es mi historia, es vuestra historia, y nosotros, los que trabajamos a este lado, somos parte de ella pero nunca los protagonistas. Así que hoy vengo como profesor, como uno de los tutores de cuarto, porque el ciclo ha vuelto a llegar a ese instante. Y aquí estamos. Y como aquí estamos tendría que hablaros un poco desde donde estoy, y decir que hemos vivido cuatro años que han sido un comienzo, no un final. Que ahora viene el siguiente capítulo, más corto, más intenso, más duro. Que llegasteis a primero de ESO sin saber ni quién erais ni quién queríais ser, y que algunos incluso os vais teniéndolo una pizca más claro. De eso debería hablaros. Pero hoy se da una situación excepcional para mí. Porque esta graduación no se parece a ninguna de las otras en las que he estado. Porque las que vendrán después tampoco se parecerán. Así que quiero permitirme una licencia que puedes tomarte muy pocas veces, y durante un rato no hablaros como Juan Cuadra, tutor de cuarto, sino como Juan. Sin más.

¿Por qué? Porque en un mundo que es cíclico, este ha sido un año único para mí. Con frecuencia ser profesor es una profesión errante, al menos en los primeros años de ejercicio. Y para mí este ha sido el primer curso que paso tres años seguidos en un centro. Con lo cual este ha sido el primer año que paso tres cursos con los mismo alumnos y alumnas. Que no son alumnos y alumnas en abstracto. Que son estos alumnos y alumnas que tenemos aquí sentados. Que son mis alumnos y alumnas. Y ha sido genial. Y los voy a echar muchísimo de menos.

Cuando descubrí que me encantaba ser profesor tuve totalmente claro por qué me gustaba. Y no era por la asignatura de Lengua, ni por el horario, ni por las vacaciones. Me encanta ser profesor porque puedo trabajar con jóvenes como estos, compartir al año un montón de horas, y de sonrisas, y de disgustos y de maravillas. Me encanta ser profesor porque tengo el privilegio de verles crecer, cambiar, e incluso poner mi granito de arena en ello. Y al final, ver como se marchan. Y eso no me encanta, pero es parte inevitable del trabajo. Porque al final se van, siempre. Porque así es la vida. Así que cuando descubrí que me encantaba ser profesor, tuve también que decidir qué iba a hacer con esa pérdida, con esa ausencia constante que me iba a visitar año tras año. Y la respuesta me la dio el Zorro del Principito.

—Efectivamente, verás —dijo el zorro—. Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos y no te necesito para nada. Tampoco tú tienes necesidad de mí y no soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo…

De esta manera el Principito domesticó al zorro. Y cuando se fue acercando el día de la partida:
—¡Ah! —dijo el zorro—, lloraré.

—Tuya es la culpa —le dijo el Principito—, yo no quería hacerte daño, pero tú has querido que te domestique…

—Ciertamente —dijo el zorro.

—¡Y vas a llorar!, —dijo él Principito.

—¡Seguro!
—No ganas nada.

—Gano —dijo el zorro—, he ganado a causa del color del trigo.

Os vais. Porque es lo que iba a pasar. Y yo gano mucho. Muchísimo. Aunque os vaya a echar de menos. Y ahora mismo quizás la mayoría de vosotros estéis pensando que volveréis a hacernos alguna visita. De esos, tal vez la mitad lo vuelvan a pensar en Septiembre. Y de esos la mitad quizás busquen un momento para hacerlo entre el agobio del bachillerato. Y de esos la mitad se pasarán un día tal vez. No importa. Y eso es lo más genial de todo. No importa. La vida sigue y vosotros con ella. No nos volveremos a ver, quizás. O no en mucho tiempo. Pero recordaréis. Recordaréis el Galileo, los pasillos, los compañeros, las cosas que os pasaron aquí, e incluso a algunos profesores. Igual que nosotros os recordaremos. Y el instituto ya no es, no será nunca más un edificio. No para vosotros. No para mí. Ahora son mis campos de trigo, son el tiempo que he compartido con todos vosotros. Así que adiós, y gracias. Pero sobre todo gracias.

J.

Final (de muchos comienzos)


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Hoy ha acabado el curso. Digámoslo así. Al menos como profesor de 4º de ESO. Hoy hemos tenido la graduación, hoy hemos tenido la cena. Y finalizan muchos comienzos. Muchos más de los que podía imaginar hace un año. Muchísimos. Para entenderlo, creo que es imprescindible hablar de la zona de confort como profesor. Así, mi zona de confort sería dar lengua a un grupo apañado en un instituto apañado. Alejarme de mi zona de confort sería dar lengua a un grupo conflictivo en un centro conflictivo. Y luego está lo que he hecho este año, que es dar latín, ética, teatro e inglés, y ya si eso un poquito de lengua. Que es coger la zona de confort, meterla en un saco y tirarla al río. Y si eso rematarla con Coeducación y Biblioteca si acaso, pero tampoco hace falta ensañarse.

Y hoy el curso ha acabado. ¿Qué he aprendido en el camino? Bueno, más que aprender, se ha confirmado. Se ha confirmado que no me encanta ser profesor de lengua: me encanta ser profesor. Y voy al trabajo a veces más cansado, a veces menos, pero siempre voy sabiendo que me encanta lo que hago, y tratando de trasmitirlo. Porque me encanta trabajar con gente joven. Escucharles, entenderles, buscar todo lo genial que el mundo les va mostrando cada día, y tratar de añadir lo que se supone que es importante. Que no siempre lo es, por supuesto, pero esa es mi labor. Y me voy sabiendo que el año que viene querría dar más lengua, bastante más; pero que si no es posible mi trabajo seguirá gustándome. Porque, insisto, mi trabajo no es ser profesor de lengua: es ser profesor.

Eso, como siempre, me lleva a las personas. Hoy he dicho adiós a un buen puñado de personas. La mayoría apenas volverán a cruzarse por mi vida. La mayoría. Este año también han aparecido personas geniales. Incluso aunque sea pesimista, es algo que acaba sucediendo. Personas geniales que han sido parte de mi vida, como yo de la suya. De ese modo extraño en el que a veces se enlazan los intereses, los deseos, los destinos. Y compartes horas y horas y horas a lo largo de los meses. Ahora voy a echar mucho de menos a unas cuantas de esas personas geniales.  Mucho, pero no del todo, porque sé que cuando me apetezca podré escribir un mensaje y saber cómo les va, o cuando a ellas les apetezca harán lo mismo. Y quedaremos para hablar de lo que queramos con la libertad que da que ya no somos profesores y alumnos. También, no obstante, se me ha quedado atrás alguna que otra persona a la que querría haber conocido más. Esas personas en las que ves una chispa de conexión, pero no encuentras realmente el tiempo ni el lugar. También quiero aprender a solucionar eso.

Por lo demás, se inicia un camino nuevo. Mis alumnos se marchan a hacer bachillerato a otros centros, y ya iremos viendo cómo nos va entrecruzando la vida. Y yo iniciaré el año que viene mi tercer año en el Galileo. Será la primera vez que paso tres años seguidos en el mismo centro. La primera vez que paso tres años con los mismo alumnos. Que sé que también van a ser geniales el curso que viene.

¿Con qué me quedo? Con todo, por supuesto. Pero si hay que elegir, con las charlas de Sexismo (y eso :-p), con el Equipo Juan de Barcelona (y mis vecinas de enfrente especialmente, claro), y con la Decimotercera Legión al completo.

J.

PD: Y yo llevaba con esta canción en mente desde la salida de Latín al Teatro Romano, y no sabía por qué. Ahora sí.

Quante cose che non sai di me
Quante cose che non puoi sapere
Quante cose da portare nel viaggio insieme

 

Cuarto…(disculpa y despedida)


Esta tarde se han juntado muchos factores para hacer que no subiera al escenario, pero ahora eso es la excusa perfecta para que os escriba esto. Porque subir al escenario es un momento (que sí, que habría sigo genial, y os lo agradezco hasta el infinito, y un poquito más ^_^, que soy un desastre), pero esto no ha sido un momento. Han sido dos años que me llevo como el mejor tesoro posible para un profesor. Cada vez que llegas a un centro nuevo te preguntas a quién vas a conocer. Y con ese a quién me estoy refiriendo a qué alumnos. Y lo peor que puede pasarte es que transcurra un año sin alumnos interesantes. Pero enseguida aparecisteis vosotros. Ese tercero bilingüe menos bilingüe pero más hablador de todos los tiempos. De eso hace ya dos años, y no voy a negar que algunas clases han sido cansadas (porque hay veces que como clase ponéis de los nervios a quien sea, y lo sabéis ¬.¬), pero habéis logrado esa situación tan mágica de que siempre he estado a gusto con vosotros, y creo que también vosotros conmigo. En los días buenos, en los regulares y hasta en los manos, mi grupo bilingüe (si, MI grupo -.-. Todo para mí) era lo que me daba fuerzas para ir tirando, o me dejaba con un buen sabor de boca al final del día.

Después han ido pasando más cosas. La malvada fragmentación del grupo (os he echado de menos, chicos  y chicas de letras. Siempre se van los mejores -.-). Nuestra sorprendente época zombi (os quiero a todos los implicados el jueves en el punto acordado -.-). La pequeña maravilla del proyecto integrado de lectura (mi novela en primicia, así de fuerte -.-). Esos días sueltos de hablar, comentar y compartir. Y hasta hemos dado clase y todo. E incluso aprendido cosas. Yo he aprendido un montón. Cosas que ya venía suponiendo, pero que vosotros me habéis confirmado. Que cuando llegas a una clase, el mote te lo ponen, y que te llamen por tu nombre te lo tienes que ganar. Y yo soy Juan para la mayoría de vosotros :-). Que regañar no te hace mejor profesor ni mejor persona; que si una clase se calla es porque te respeta, o te aprecia, o te quiere (y que, misteriosamente, unos pocos pueden seguir sin callarse y aún así apreciarte ¬.¬). Que casi cualquier tema puede ser entretenido o interesante. Que a veces no tenéis ganas de dar clase, y no pasa nada. Que todos sois distintos. Que juntos, sois geniales. Aunque después de tantos años juntos la mitad de las veces la mitad de vosotros ya no os aguantéis (como cualquier buen matrimonio de muchos años). Y que habéis sido capaces de hacerme el mejor regalo posible: vosotros mismos. Esa foto voy a ver dónde puedo colocarla, pero el negativo lo llevo impreso en el corazón.

Muchísimas gracias por dos años geniales. Os echaré un montón de menos. Desde el primero (Alarcón, Ángela) al último (Urbano, Laura), y todos los que estáis en medio. Y nos seguiremos viendo, de un modo u otro. Os lo aseguro.

Vuestro,

Juan :-)