Giro y sombra 


Desandar tus huellas para ver hacia dónde conducían tus pasos. Levantar el cuello del abrigo y enroscarte en la bufanda. Respirar el primer aire frío, y dejar que te envuelva en sabor a invierno. Desprenderte de las hojas, de los tallos, de las flores incluso, y convertirte en tronco, en raíz, en bulbo. Aprender a no ser casi, para así ser capaz de volver  a ser en primavera.

Me hundiré en la tierra, buscando dónde nacen mis raíces. Me olvidaré de todo para así no perder nada. Y el invierno pasará sobre mí como un manto blanco que me envuelve mientras duermo. Y dormiré, y soñaré. También contigo.

Samhain llega y yo giro con él despojándome de lo que se ha secado, de lo que me sobra, de lo que amo y aún así debe partir. Llega, y enciendo la primera vela, la primera llama que querrá ser hoguera cuando regrese Yüle. Porque todo regresa. Todo acaba. Esa es la única enseñanza que nos hace falta cuando el invierno se aproxima.

Y, cuando nos alcancen los días verdes, y el viento cambie, y de nuevo apetezca ser flor, y fruto, y deshielo, cuando todo sea distinto, hay cosas que volverán a ser. que podrán serlo. Con o sin nosotros. Porque nunca hemos sido el centro de nada. Sólo una sonrisa que lanzar al mundo mientras la rueda gira. Sólo una nube blanca, dispuesta a ser cualquier cosa.

Aún así, búscame si te apetece. Cuando te apetezca.

J.

De espejos y mitades


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A veces te cruzas con personas que te atraen como faros en la tormenta, como hogueras en el invierno. A veces encuentras personas que tiran de ti hacia lugares insospechados, que te abren caminos, mares, mundos. Y también hay personas que despiertan deseo, y personas que no soportas, y personas que te alegran y otras que te absorben la alegría. Hay personas a las que quieres conocer más y otras a las que preferirías conocer menos. El mundo está lleno de personas, es parte de lo que lo hace tan interesante.

Y hay personas que son como espejos. Todos nos sorprendemos cuando dicen “he visto a alguien que era como tú”, cuando te cruzas con esa persona desconocida que es como un reflejo de tu aspecto. Pero creo que es mucho más sorprendente cuando el espejo refleja lo que no está fuera. Cuando esa otra persona una y otra vez resulta ser un espejo de lo que sientes, de cómo lo sientes, de cómo lo expresas. Los que normalmente pasáis por aquí ya sabéis de quién estoy hablando. Y que me regaló un zorro. Todas las personas que me han regalado zorros son importantes, aunque no sé si es cuestión de causa o de efecto.

Lo más genial de todo es que no sé qué significa, y que no me importa. Quizás estemos predestinados a confluir en algún momento del futuro y desencadenar fuerzas místicas que transformen el universo. Quizás simplemente continuemos escribiendo y viéndonos reflejados el uno en el otro, sin nada más que esos reflejos y sonrisas. Probablemente algo intermedio, pero no importa. Lo importante es que ella, desde su parte del mundo, puede escribir lo que yo siento, y viceversa. Y que nos hemos encontrado. Y que es su cumpleaños, claro :-).

J.

Otoño


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J.

PD: Escribiendo :-)

Cosas


Ocean Mirror

Cosas que pensar. Que reconsiderar. Que decidir. Límites. Espacios. Lugares. Reflexionar sobre dónde quiero estar. Y dónde puedo estar. Sobre lo que quiero hacer. Y lo que puedo hacer. Sobre lo que es posible construir y lo que no. Sobre ti. Sobre ti pienso mucho. Sobre dónde estamos. Sobre a dónde vamos. Sobre lo que somos. Y no es fácil, y no es sencillo, y no hay una única respuesta porque no hay una única pregunta. Y el universo permanece en silencio, y en ese silencio debo encontrar mi camino y hacer las cosas bien. Definitivamente bien. Aunque voy tanteando, y recuperando el ritmo, y enderezándome a duras penas. Me gustaría que todo fuera más sencillo. Más evidente. Más normal. Aunque normal no es la palabra que busco, y lo sé. Quizás es todo lo contrario a normal.

Porque en mi mundo ideal hay cosas que hay que decidir, sí. Pero hay cosas sobre las que no hace falta elegir.

Lo quiero todo. Quiero darlo todo. Vivirlo todo. Compartirlo todo. Déjame intentarlo.

No lo sé.

J.

Personas, no niños (manifestar la Primavera)


Freedom

Feliz Ostara con pensamientos profundos :-)

La reflexión de hoy parte de hace unas semanas. Estábamos comentado qué lectura poner a 4º de ESO, y el libro que habíamos elegido inicialmente resultaba que tenía temas “escabrosos”. Secuestros, violencia, abusos sexuales… Y yo decía que con esas edades ya no se puede andar poniendo limitaciones. Que son adultos. De hecho, siendo realistas, han visto cosas infinitamente más fuertes en las películas que ven. Lo genial fue que estaba por ahí la orientadora del centro, que algo más que yo sabe de esto, de la psicología de la juventud y demás, y me dio incondicionalmente la razón. Ya son grandes. Ya son adultos. Ya pueden tratar cualquier tema. Fue uno de esos momentos de felicidad de “no sólo no estoy loco, sino que gente que domina el tema está de acuerdo”. Cada año conozco a unos cien o doscientos jóvenes nuevos. De un margen de edad que va de los doce a los veinte. E indudablemente dejan de ser niños en algún momento de ese camino, y la inmensa mayoría dejan de serlo antes de los dieciocho. Algunos bastante antes. Y eso me lleva a la segunda parte de la reflexión.

El lunes pasado hablábamos en Taller de Comunicación (es decir, con chicos y chicas de unos quince años de media) sobre las preocupaciones de la gente de su edad frente a las preocupaciones del mundo “adulto”. Les pregunté por lo que consideraban que eran las preocupaciones de la sociedad, y además de lo evidente (crisis, paro, recortes) ellos hablaron también de la guerra, del hambre, de la discriminación… Y yo les decía que un componente esencial del pensamiento más joven es el idealismo. Y que eso es genial. Que eso es lo que cambia el mundo. Con la edad nos volvemos rancios. Creemos que no podemos cambiar nada, y por eso no intentamos cambiarlo. Algunos. No todos. También les dije que el ideólogo del movimiento de los indignados era un señor de noventa y muchos años que se murió hace poco. No es la edad, es lo que consideramos que va unido a la edad. Y entonces empezaron a salir fechas y límites, que cuando se comparan se resalta lo absurdo:

En EEUU puedes conducir con 16, pero si vienes aquí te dicen que ya no, que eres muy pequeño, que con 18. Aquí puedes comprar alcohol con 18, pero si vas a EEUU te dicen que eres muy pequeño, que hasta los 21. Hay países donde se vota con 16 años. Hay países (ejem, ejem) donde muchos políticos desearían que nadie menor de 25 votase. Porque la juventud es idealista. Y el idealismo siempre tiende a la izquierda, al anticapitalismo (y con suerte algún día al feminismo también, pero esa lucha va por otros caminos).  Y los adultos inventamos límites legales para los más jóvenes. Y son arbitrarios, y lo sabemos, pero seguimos inventándonoslos.  Diciendo casi siempre que es por su bien. Sin preguntar casi nunca. Pero son tan arbitrarios que todo el mundo se los salta, y entendemos que es normal que alguien menor de 18 se haya tomado una cerveza de vez en cuando, y no nos espantamos si alguien de 16 tiene relaciones sexuales (salvo que sea nuestro hijo/hija, entonces sí que nos espantamos). Y cuando el límite legal no nos basta (como en el sexo, que en España es enormemente bajo, siendo los 13 años), porque el legislador fue más permisivo de lo esperado, nos inventamos límites morales. Vestidos, eso sí, siempre, de buenas intenciones. Todos cometimos errores en la juventud. Ninguno queremos que nuestros hijos los cometan. Nuestros padres pensarían lo mismo. Y aún así no les hicimos caso. ¿Por qué iba ser distinto en esta generación?

Proteger no es encerrar. Es dar las herramientas para que los jóvenes vivan su propia vida, y estar ahí cuando haga falta. Y esas herramientas no son una libertad ilimitada. Es capacidad para pensar por sí mismos, para decidir, para evaluar. Y eso sólo es posible si les vamos dando la posibilidad de decidir, de tomar responsabilidades… de ser las personas no que nosotros queremos que sean, sino las que ellos quieren ser. Esa posibilidad que sólo van a tener cuando tienen la certeza de que equivocarse es parte de su camino, y que vamos a seguir ahí como padres. Un padre no debe esforzarse en que su hijo o hija sea la mejor persona posible, debe esforzarse en que sea la mejor persona que su hijo o hija quiera ser. Por raro que nos parezca lo que quiere (y sí, si Clara quiere estudiar incomprensiblemente una carrera de ingeniería la dejaremos, como si quiere hacer Bellas Artes, como si quiere hacer un módulo de agricultura. Porque es su vida, no la mía, y la felicidad se encuentra en los caminos más insospechados).

Fly_by_OrangeBoyDesign

Yo soy padre. Mi gorrión tiene ahora tres años y medio. Pero algún día tendrá doce. Y luego tendrá quince. Y con catorce, con quince, con dieciséis, si lo hemos hecho bien, será una adulta. Joven, inexperta, torpe en muchas cosas, pero será una persona con sus ideas, sus sueños y su opinión igual de válida que la mía. Y por si se me olvida, lo dejo aquí escrito. Pero me da a mí que no voy a irme oxidando tanto como para olvidarme de ello. Porque el hecho de seguir trabajando con jóvenes me lo recuerda cada año. Porque es de las cosas que no es que lo piense, es que soy así :-).

J.