Independenicia. Individualidad. Presiones.


Hace un par de semanas me vi en la tesitura de hablar en tutoría de las conductas pasivas, las conductas agresivas y la asertividad. Luego del estilo atribucional interno y el externo. En fin, muchas cosas que yo no he estudiado, y que no entran en mi campo de conocimiento. Lo que acabé sacando en claro es que estamos pidiendo a personas muy jóvenes que intenten hacer lo que crean que es correcto en un entorno que les grita lo contrario. Los profesores les imponen horarios y normas que muchas veces no son explicables ni justificables. Los amigos y “amigos” les presionan para llevar a cabo actos y conductas por la obligación de pertenecer a un grupo. Los padres, con frecuencia, no logran realmente comunicarse con sus hijos. Y yo, en dos horas, tengo que convencerles de que hay que ser uno mismo, no dejarse presionar por los demás, y buscar lo que queremos en la vida.
El asunto es que hay veces que hay personas que, aún siendo muy jóvenes, son así, o tratan de serlo. Independientes. Consecuentes. Resistentes a las estupideces del mundo. Yo conozco a alguna que otra :-). Pero muchas veces esa misma independencia, ese mismo impulso de ser conscuentes consigo mismas, les lleva a alejarse de las rutas académicas prefijadas (por ejemplo, a dejar el instituto antes que repetir un PCPI). ¿Qué queremos? ¿Estudiantes brillantes? ¿Personas independientes y con personalidad? ¿Robots sumisos? Vamos a tener que aclararnos, porque estamos tirando para muchos lados al mismo tiempo, y los chavales se nos van a acabar rompiendo así :-).
Si pides coherencia, sé coherente. Si pides responsabilidad, concédela. Si pides independencia, dala. Pero después no juzgues. No cohartes. No castiges. Tal vez no sigan el camino que habíamos pensado, pero tal vez esté bien (ahora es cuando debería repetirme enormemente y decir lo de Eysenck, de que la comida de un hombre es el veneno de otro. Pues no pienso decirlo).
Como padre, voy a tratar de ser siempre coherente. Como educador, intento tratar a cada uno como se merece (responsabilidad para el responsable, que decía LaVey). Como amigo de alguien que ha seguido su propio camino, sin que la juventud o las opiniones ajenas la influyeran, para mí eres estupenda, sigue así. El resto del mundo, me es indiferente.
J.

¿Qué está escuchando tu vecino?


Ahora que todo el mundo está tonto con Spotify (tonto en un sentido positivo, porque no es mal invento), yo no puedo instalar la versión gratuita, porque soy un rebelde, y el vino, aunque le siente más o menos bien, no es lo mismo. Pero me hablaron del Grooveshark, y estoy encantado. Y sin límite de tiempo ni nada.
Pero a lo que iba con el título, ahora queremos saber lo que escuchan los demás, lo que ven los demás, lo que leen los demás (listas en Amazon, en IMDB, por todas partes). Y, por supuesto, queremos que sepan lo que estamos oyendo/viendo/leyendo nosotros. Efecto twitter, como decía el otro día. La vida en directo (por cierto, que yo estoy escuchando Lyriel, leyendo Guardianes del Día, y lo último que vi fue Rumores y Mentiras. Y me estoy tomando un té belleza de Hornimans.).

La duda que me asalta es la de siempre. ¿Nos estamos haciendo más independientes, o nos estamos sumiendo más en la masa (aunque sea una sucesión de masas pequeñitas y que quieren creerse selectas)? A todos nos gusta sentirnos parte de algo, sea de los flamantes propietarios de un iphone, o de los miembros de “Señoras que utilizan el iphone para abrir las botellas de cerveza como Raimundo Amador”. Y la impresión que me da es que la gente tiende a sentirme más especial cuanto a más cosas (léase grupos, redes sociales o listas de amigos) amplias pertenece, por paradójico que parezca. A ver si es verdad, logro hacer un buen márketing, y el año que viene tengo una legión de alumnos deseosos de colaborar en las exclusivas revistas de la Luz y la Oscuridad.


J.