Piezas


[Preparando la charla-recital de este curso, aparecen cosas que quizás tenían que aparecer de nuevo ahora]

No quiero ser tu droga, lo que buscas y ansías,
y que duele con fuerza si no tienes al lado.
No quiero ser tu pozo de deseo y vacío
cuando no puedes verme.
Yo no quiero dolerte.
Quiero ser la visita que te alegra la noche,
la hermosa compañía de los días bisiestos,
la sonrisa que llega cuando el tiempo nos deja.
No me dejes dolerte.
No merece la pena.
Aprendamos por tanto a ser dos en dos cuerpos,
dos viajeros tejiendo caminos y caricias,
o flotando dos hojas presas de un mismo viento,
dos estrellas, dos olas,
o dos bocas. O un beso.

24/10/2014

J.

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Cosas que se me olvidan cada 15 de agosto


No falla. Llega mediados de mes y de repente miro un calendario y se me coge un pellizco en el estómago. Un miedo sordo, un instinto de huida, de correr hacia cualquier parte menos hacia lo que hay al final del mes. Entonces empiezo a soñar con el comienzo de curso, y a ver no los días que tengo aún de vacaciones, que para muchas personas son todas sus vacaciones, sino los días que faltan para que empiece eso que me aguarda amenazador al final del túnel. Lo más absurdo de todo esto es que mi trabajo me encanta. Realmente me encanta. Siempre me ha encantado. Y después ha habido años peores y años mejores, en lugares bueno o en lugares malos. Pero desde hace tres años estoy en un instituto increíble, al lado de mi casa y con compañeros geniales y alumnos estupendos.Y aún así se me sigue cogiendo el pellizco en el estómago, y me asaltan pensamientos de que sería mejor trabajar de cualquier cosa.

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Luego llega el día 1, piso de nuevo los pasillos, y recuerdo que me encanta. Todo. Así de golpe.

Pero mientras, aquí sigo, con el pellizco, no sé por qué. Porque cada año es siempre distinto, y este bastante más al coger de nuevo primero de ESO. Porque quiero seguir haciendo las cosas mejor, y cuando haces eso nunca sabes cómo va a salir todo. Porque es un trabajo que me encanta, pero un trabajo cansado. Un poco de todo supongo. Así que, un año más, no queda más remedio que cruzar los días que me quedan. Pensando en todo, pensando en nada. Y dentro de tres semanas podré volver a deciros lo que me gusta lo que hago.

J.

Es muy fácil ser tío


Estos últimos días se han publicado dos entradas más que necesarias en el blog de La Mosca Cojonera. La primera, 35 cosas que cualquier hombre puede hacer para apoyar el feminismo. Y la segunda, las opiniones de La Mosca a esas 35 cosas. Y en ellas resalta que la inmensa mayoría de los comentarios negativos a la lista son de tíos. Claro. Porque es muy fácil ser tío. Y yo iba a hacer un comentario a esa última entrada, pero he visto que me iba a enrollar mucho, así que aquí estoy, a enrollarme donde toca.

Lo repetiré una vez más: es muy fácil ser tío. Es muy fácil hablar de sexismo cuando no te afecta. Tremendamente sencillo no ya no ponerte en el lugar de la otra, sino no ser ni siquiera consciente de que hay otro lugar en el que ponerse. Por ejemplo, es muy sencillo decir que el lenguaje inclusivo es una chorrada cuando tú no eres nunca la parte excluida. Imaginemos que el común fuese el femenino. Por un segundo. ¿No te sería raro continuamente (CONTINUAMENTE) que se refiriesen a ti en femenino, aunque hubiese una sola mujer en el grupo? Eso para empezar. ¿Seguimos? Si nunca has tenido miedo de que te agredan, si jamás has pasado miedo en una calle vacía o poco transitada, si jamás te has sentido incómodo por el hecho de ser tío en un entorno agresivo, es infinitamente fácil decir que es una chorrada eso de que una chica pueda sentirse asustada de tu presencia. De nuevo, es muy fácil ser tío, es muy fácil decir “pues que no se sienta así” desde esta atalaya de privilegios que es la masculinidad. Y, repito, es muy fácil no ser consciente de que tenemos todos esos privilegios. Pero los tenemos. Y enfadarte porque te digan que los tienes no va a hacer que seas menos privilegiado.

Y es que la idea es muy simple: si quieres saber cómo ayudar en el feminismo, haz caso a las mujeres. Porque ellas son las que viven el machismo. Y desde nuestro lado, con esfuerzo, podemos llegar a ser capaces de verlo. Pero no lo vamos a vivir nunca. Esa es la suerte que hemos tenido. Y eso debería llevar a una responsabilidad, un esfuerzo. Una obligación, como dice el primer texto, de hacer visible el sexismo en los espacios de hombres, y de respetar las voces de las mujeres en los espacios compartidos.

Durante este curso he sido responsable del Plan de Igualdad en mi instituto. No me ha dado tiempo a hacer casi nada. Coordinar lo que se venía haciendo ya, y de los objetivos que tenía en mente sólo poner en marcha Sexismo y ESO y trabajar un par de temas (Test de Betchdel y Cultura de la Violación y Consentimiento entusiasta). Pero aún así hoy he sido capaz de presentar en el Consejo Escolar un ejemplo de cómo el sexismo nos rodea y no somos o no queremos ser capaces de verlo: en las últimas semanas vendían bebidas con hielo en la cafetería, y lo primero que hicieron los chicos fue dedicarse a encestar hielos en los escotes de las chicas. Todo el mundo se quedó con cara de asombro. Y sólo yo lo sabía porque he creado los espacios necesarios para que esas cosas se cuenten, se hagan visibles, y se trabaje para cambiarlas. Sí, es muy fácil ser tío. Pero tiene que dejar de ser fácil. Tiene que ser una toma de responsabilidad, una crítica de lo que nos han dado como masculinidad, un esfuerzo por deshacer lo que es erróneo y construir algo mejor.

Porque ser tío es fácil en la misma medida en la que ser tía es difícil. Y no estoy dispuesto a facilitarlo, a perpetuarlo, a permitirlo. Por difícil que sea.

J.

Opiniones y destinos


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Un rato ayer y otro rato hoy he estado hablando con los de 4º de ESO sobre el instituto que elegir para hacer bachillerato. Pero no es hablar simplemente. Yo he estado en los dos institutos posibles como profesor, y en uno además como alumno. Yo conozco el mundo al que se dirigen, y mi opinión se suma a la de esos hermanos, o amigos, o primos que ya están en uno o en otro. Y sé que mis palabras son importantes. Que lo que diga tendrá peso, y relevancia. Que no decidirá por ellos, pero contará. Quizás para el que no lo tenga claro, quizás para el que tenga dudas.

Eso es algo que sé cada vez que me pongo delante de mis alumnos. Que lo que hago es importante para ellos. Que lo que digo puede acompañarles mucho tiempo. Y del mismo modo lo que ellos hacen, lo que ellos dicen, es importante para mí. Y siempre intento trasmitírselo, y a veces hasta lo logro. Este año mi tutoría me trajo una tarta de cumpleaños :-). Y el lorito que ha aparecido de fondo en muchas pizarras digitales, en la mía dice “Juan, te queremos”. Y sí, sé que como yo hago las cosas no es del gusto de todos (sobretodo de todos los compañeros), pero yo tengo claro cuál es mi trabajo, y por qué me metí en él. Y es compartir unos años con chicos que se trasforman en jóvenes, que son adultos pequeñitos queramos creerlo o no. Me centro.

La cuestión es que he estado hablando del Gerald Brenan, y del Huerta Alta. Y claro, haciendo un ejercicio de ficción creativa podríamos pensar que a lo mejor yo he tenido relaciones tensas con ciertos profesores del instituto X (O Huerta X, o X Alta), y que eso sesgaría mi opinión, porque soy un ser malvado que quiere quitarles los bachilleratos. ¿Qué he dicho del Huerta Alta? La verdad (que es lo que más duele): que allí estábamos como sardinas en lata, que el metro de Tokio es más llevadero que los intercambios de clase ahí, y que para mis chavales, que vienen de un sitio muy organizado y tranquilo, va a ser un descontrol. Y también que tiene uno de los mejores profesores de Historia del Arte que se pueden encontrar, y que tendrán la posibilidad de ir a Roma con él. Y que tiene una asignatura de Literatura Universal muy asentada, lo cual no se encuentra en todas partes. Cuando ha surgido la inevitable pregunta de profes chungos y profes menos chungos, la respuesta es la realidad de nuevo: profes chungos hay en todas partes. El problema no es que estén, es que te den clase ese año :-). Y del Gerald Brenan, pues lo mismo, con la distancia de que no lo tengo tan fresco.

Que sí, que sé que en parte les encanta hablar de estas cosas porque perdemos clase, pero también porque conmigo pueden hablarlo. Igual que la semana pasada perdí dos horas de clase de lengua con mi tutoría porque necesitaban hacer terapia de grupo y contarme todo lo que les indignaba, tanto de compañeros como de profesores. Y me lo cuentan porque saben que pueden contármelo. Porque me importa de verdad.

No hago las cosas a la ligera. Desde que empecé a dar clase me preocupaba en extremo la justicia en las calificaciones; el no puntuar de más a quien te cae bien ni puntuar de menos al que te cae mal. Y eso lo solucioné hace ya mucho tiempo, con objetividad. Ahora, el siguiente objetivo es poder ser igual de objetivo con el resto del mundo, sin perder lo que soy. ¿Qué quiere decir eso? Predicar con el ejemplo. Así de simple. Jamás intento imponer una opinión. Pero me siento en la responsabilidad de defender en lo que creo. Porque si no creyese que esas opiniones o esos valores son adecuadas, no los tendría (y así me encontré hablando de política y de la situación del país con tres chicas de tercero el otro día, con ideas increíblemente razonables, y claras y sensatas… mientras otros alumnos jugaban al fútbol con un boli, todo hay que decirlo).

Y ya me he enrollado demasiado por hoy :-). Sigo otro rato con el tema.

J.

Encajando piezas


Poco a poco todo lo administrativo empieza a ordenarse. De un modo confuso y bastante caótico, pero a ordenarse. Acompañamiento parece que va rodando a pesar de todo, con mucha ayuda de los que han colaborado para organizarlo los años anteriores. La biblioteca está en marcha, aunque el catálogo online no funcione (ya tengo medio claro como arreglarlo… creo). Y las clases poco a poco, adaptándome.
Lo bueno, lo realmente bueno, es que la vida es inesperada, sorprendente. A veces por debajo de tus expectativas. Pero otras, te da regalos maravillosos que llegan… bueno, que llegan cuando tienen que llegar. Una buena clase. Casi (casi de verdad, ya queda muy poquito :-) ), terminar la novela. Una sonrisa. Que te hagan descubrir algo de música nueva. A veces una sonrisa puede ser lo mejor de todo. O una charla por la tarde.

Acelerado


Hoy empiezo con El Señor de los Anillos y acabo con anime, ya veréis.

“Estirado, como mantequilla untada sobre demasiado pan“, decía Bilbo en cierto momento hablando del anillo. Yo no tengo anillo :-), perola verdad es que estas semanas iniciales me estoy sintiendo así. Cursos nuevos, clases nuevas, alumnos nuevos, tareas nuevas. Biblioteca, web del Departamento, y sobre todo Acompañamiento, que es mucho papeleo (contratos, monitores, alumnos, nos crecen los enanos) y tiene que estar listo esta semana, simplemente porque empezamos la que viene. Que sí, que lo sé, que esto es sólo el comienzo, y que dentro de nada ya todo irá sobre ruedas y podré relajarme un poco, pero ahora voy acelerado a todos los sitios y no me da tiempo a nada (y, por si fuera poco, el año pasado casi nadie quería escribir en los trabajos que mandaba, y este año todo el mundo escribe muchísimo. Hasta el PCPI. ¿Estamos locos o qué? :-) ).

Es por eso que se agradece enormemente algo tan sencillo y tan maravilloso como ir andando por un pasillo (de los nuestros, que parecen el metro de Tokio en hora punta), y poder cruzar una sonrisa de complicidad. Gracias ;-).



J.


PD: Y es que hoy no ha habido tiempo ni para Tuenti, con lo bien que sienta un ratito de chat :-p

Transferencias


Todo aquel que haya pasado con cierta frecuencia por este blog ya conocerá de sobra la filosofía del Zorro del Principito, pero vamos a llamar de una vez por todas a las cosas por su nombre científico :-)
Transferencia (psiquiatría)
La función psíquica mediante la cual un sujeto transfiere inconscientemente y revive, en sus vínculos nuevos, sus antiguos sentimientos, afectos, expectativas o deseos infantiles reprimidos.

A mí me lo explicaron así: cuando una persona te dedica su atención, se preocupa por ti, es habitual desarrollar sentimientos intensos, que pueden identificarse con las emociones del amor. Y pasa. Estás ahí sentado o sentada, con los compañeros o compañeras, y aparece ese profesor o profesora nueva. Y habla, y le escuchas, y es diferente. Y después, cuando no estás dando clase, sigues pudiendo hablar con él o ella, y se preocupa por ti, y las clases ya son especiales. En ocasiones sucede poco a poco. En ocasiones basta una mirada. Pero sucede. Aunque sabes que no es, que no puede ser, y que además es imposible, pero sigues sintiéndolo igual. Por supuesto, las películas y las series no ayudan, porque en ellas estas cosas siempre suceden (luego se tuercen, pero suceden), y sueñas, e inventas. Y el curso acaba, y casi siempre se va. Después pasarán los años, y en algún momento, en una charla informal, dirás “Pues yo estaba enamoradito (o enamoradita) de X, o de Y”, y parecerá normal, y bonito, y te preguntarás dónde estará, cómo. Y dónde estaríais los dos si las cosas hubieran podido ser de otro modo.

Contratransferencia (psiquiatría)
la reacción del analista frente a la transferencia del paciente.

Al revés también pasa. 

J.