Nunca más (declaración de principios)


[Esta entrada hoy no es sólo mía. Es una suma de todas esas voces que quiero como si fueran la mía, y que estos días dicen, con alegría o con tristeza, lo mismo que yo voy a decir]

Tú después entenderás lo que quieras y creerás lo que quieras, pero ahora voy a decirte la verdad: nunca más. No es un capricho, no es rebeldía, no es una herida. Yo soy así. Y nunca más. Nunca más volveré a estar en jaulas ni candados, en palacios ni torres. Porque así no soy, porque así no amo. Y, si lo intentase, fracasaría y te odiaría en el proceso, como si me pidieses que volará y me culpases por no lograrlo o por estrellarme desde el precipicio. Yo no soy así. Y yo no te pediré que cambies ni que seas. Porque si te quiero te quiero aquí y ahora, y si todo gira y todo cambia nosotros giraremos con ello, y el nosotros de mañana decidirá sus propios amores y deseos. Y si no lo entiendes no me entiendes, y si no lo compartes no podrás compartirme; y como nunca podré ser tuyo (porque sólo soy mío y del mundo) al final no podremos ser. Porque nada es al final, pero tú no lo (me) entiendes. Así que nunca más. Por mí, y más por ti. Porque no vale la pena el sufrimiento, porque no hay balanzas que compensen. No podemos ser. Ni te lo pediré ni me lo pidas. Nunca más.

Y mientras, seré sin prisa, sin miedo ni esperanza. Porque simplemente siendo soy feliz. Y extenderé mi amor como raíces, redes, constelaciones, creciendo hasta alcanzar las raíces, brazos, estrellas y planetas de otros y otras que sí son, uniéndonos y separándonos. Creciendo. Así que nunca más. Y para siempre.

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J.

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Piedras pequeñas


Wind

A veces tropiezo con piedras pequeñas. Esas piedras que podrías rodear, que podrías ignorar, pero que nos empeñamos por seguir llevando en el zapato. O en el corazón. La gente de las cajas suele medir las cosas por lo que tiene. Pero cierto tipo de gente de fuera de las cajas no puede dejar de medir las cosas por lo que te falta. Será porque lo queremos todo, supongo. No lo supongo en realidad. A mí me sucede a veces. Que si mido lo que tengo soy un rey. Pero que me pongo a evaluar lo que echo en falta, y me siento un mendigo.

Lo bueno es que se me pasa. Que sé que tengo que respirar hondo, y seguir esforzándome por ordenar los libros que se han desordenado en  mis entrañas. Y al final se ordenan, y respiro hondo una vez más, y las piedras en el corazón ya no pesan. No pesan cuando comprendes el lugar que tienen en tu vida, en tu pasado, en lo que eres. Cuando lo aceptas como parte de ti. Y sigues adelante en lugar de continuar tropezándote con ellas y esforzarte tanto en clavártelas y que duelan. Respirar hondo. Y escuchar, a veces, una canción nueva que limpie telarañas viejas.

So when your hope’s on fire
But you know your desire
Don’t hold a glass over the flame
Don’t let your heart grow cold

And I will learn, I will learn
to love the skies I’m under…

Porque la libertad es la mayor fuente de felicidad. Y nadie nos enseña a ser libres en el corazón, sino todo lo contrario.
J.

No va a ser posible.


Lo siento, pero no va a ser posible. Porque no existe una persona perfecta para ti. Porque nadie puede dártelo todo. Porque algunas personas no podrán darte nada, o no querrán.  Porque ser feliz o estar triste es algo que depende sólo de ti, y no puedes culpar ni responsabilizar a otras personas ni de una cosa ni de la otra.

¿Qué hacer entonces? ¿Por donde empezar? Por descubrir qué llevas dentro, por supuesto. Por aceptarte. Por ser feliz. Sin nadie. Así de sencillo. Así de complicado. Cuando lo consigas, cuando lo comprendas, todo lo demás será posible. Entonces sí.

Entonces, si quieres, podrás amar y compartir con todos. Con la persona que te quiere pero no puede verte. Con la persona con la que nunca vivirías pero que te inflama sólo con mirarla. Con la persona con la que la vida es sencilla y feliz, pero que ya no te inflama, o que no te inflamó nunca. Con los que te dan lo que pueden darte, con aquellos a los que das lo que puedes y quieres. Con los que te rozas. Con los que te abrazas. Con los que te besas. Con todos. Y todo formará parte de ti.

Por supuesto que no digo que vaya a ser fácil. No lo será, porque nada lo es. Pero será posible. Y algo posible es infinitamente más que algo imposible.

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J.

Personas, no niños (manifestar la Primavera)


Freedom

Feliz Ostara con pensamientos profundos :-)

La reflexión de hoy parte de hace unas semanas. Estábamos comentado qué lectura poner a 4º de ESO, y el libro que habíamos elegido inicialmente resultaba que tenía temas “escabrosos”. Secuestros, violencia, abusos sexuales… Y yo decía que con esas edades ya no se puede andar poniendo limitaciones. Que son adultos. De hecho, siendo realistas, han visto cosas infinitamente más fuertes en las películas que ven. Lo genial fue que estaba por ahí la orientadora del centro, que algo más que yo sabe de esto, de la psicología de la juventud y demás, y me dio incondicionalmente la razón. Ya son grandes. Ya son adultos. Ya pueden tratar cualquier tema. Fue uno de esos momentos de felicidad de “no sólo no estoy loco, sino que gente que domina el tema está de acuerdo”. Cada año conozco a unos cien o doscientos jóvenes nuevos. De un margen de edad que va de los doce a los veinte. E indudablemente dejan de ser niños en algún momento de ese camino, y la inmensa mayoría dejan de serlo antes de los dieciocho. Algunos bastante antes. Y eso me lleva a la segunda parte de la reflexión.

El lunes pasado hablábamos en Taller de Comunicación (es decir, con chicos y chicas de unos quince años de media) sobre las preocupaciones de la gente de su edad frente a las preocupaciones del mundo “adulto”. Les pregunté por lo que consideraban que eran las preocupaciones de la sociedad, y además de lo evidente (crisis, paro, recortes) ellos hablaron también de la guerra, del hambre, de la discriminación… Y yo les decía que un componente esencial del pensamiento más joven es el idealismo. Y que eso es genial. Que eso es lo que cambia el mundo. Con la edad nos volvemos rancios. Creemos que no podemos cambiar nada, y por eso no intentamos cambiarlo. Algunos. No todos. También les dije que el ideólogo del movimiento de los indignados era un señor de noventa y muchos años que se murió hace poco. No es la edad, es lo que consideramos que va unido a la edad. Y entonces empezaron a salir fechas y límites, que cuando se comparan se resalta lo absurdo:

En EEUU puedes conducir con 16, pero si vienes aquí te dicen que ya no, que eres muy pequeño, que con 18. Aquí puedes comprar alcohol con 18, pero si vas a EEUU te dicen que eres muy pequeño, que hasta los 21. Hay países donde se vota con 16 años. Hay países (ejem, ejem) donde muchos políticos desearían que nadie menor de 25 votase. Porque la juventud es idealista. Y el idealismo siempre tiende a la izquierda, al anticapitalismo (y con suerte algún día al feminismo también, pero esa lucha va por otros caminos).  Y los adultos inventamos límites legales para los más jóvenes. Y son arbitrarios, y lo sabemos, pero seguimos inventándonoslos.  Diciendo casi siempre que es por su bien. Sin preguntar casi nunca. Pero son tan arbitrarios que todo el mundo se los salta, y entendemos que es normal que alguien menor de 18 se haya tomado una cerveza de vez en cuando, y no nos espantamos si alguien de 16 tiene relaciones sexuales (salvo que sea nuestro hijo/hija, entonces sí que nos espantamos). Y cuando el límite legal no nos basta (como en el sexo, que en España es enormemente bajo, siendo los 13 años), porque el legislador fue más permisivo de lo esperado, nos inventamos límites morales. Vestidos, eso sí, siempre, de buenas intenciones. Todos cometimos errores en la juventud. Ninguno queremos que nuestros hijos los cometan. Nuestros padres pensarían lo mismo. Y aún así no les hicimos caso. ¿Por qué iba ser distinto en esta generación?

Proteger no es encerrar. Es dar las herramientas para que los jóvenes vivan su propia vida, y estar ahí cuando haga falta. Y esas herramientas no son una libertad ilimitada. Es capacidad para pensar por sí mismos, para decidir, para evaluar. Y eso sólo es posible si les vamos dando la posibilidad de decidir, de tomar responsabilidades… de ser las personas no que nosotros queremos que sean, sino las que ellos quieren ser. Esa posibilidad que sólo van a tener cuando tienen la certeza de que equivocarse es parte de su camino, y que vamos a seguir ahí como padres. Un padre no debe esforzarse en que su hijo o hija sea la mejor persona posible, debe esforzarse en que sea la mejor persona que su hijo o hija quiera ser. Por raro que nos parezca lo que quiere (y sí, si Clara quiere estudiar incomprensiblemente una carrera de ingeniería la dejaremos, como si quiere hacer Bellas Artes, como si quiere hacer un módulo de agricultura. Porque es su vida, no la mía, y la felicidad se encuentra en los caminos más insospechados).

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Yo soy padre. Mi gorrión tiene ahora tres años y medio. Pero algún día tendrá doce. Y luego tendrá quince. Y con catorce, con quince, con dieciséis, si lo hemos hecho bien, será una adulta. Joven, inexperta, torpe en muchas cosas, pero será una persona con sus ideas, sus sueños y su opinión igual de válida que la mía. Y por si se me olvida, lo dejo aquí escrito. Pero me da a mí que no voy a irme oxidando tanto como para olvidarme de ello. Porque el hecho de seguir trabajando con jóvenes me lo recuerda cada año. Porque es de las cosas que no es que lo piense, es que soy así :-).

J.

Sobre cajas y sus habitantes.


A la sociedad le encanta meternos en cajas. Las cajas es lo que hace que la “gente normal” se sienta tranquila y a salvo. Y lo bueno de las cajas es que una vez dentro de una, no puedes salir. Las etiquetas más o menos sirven también, pero eso puede ser hasta demasiado liberal. ¿Y si alguien se pone dos etiquetas? ¿Y si la etiqueta se le despega? No, es mucho mejor meternos en cajas.

Y cuando empiezan a meterte en cajas, todo se simplifica. Eres heterosexual, o eres homosexual. Estás soltero o estás casado. Eres profesor o eres alumno. Cada uno dentro de su correspondiente caja, con las fronteras y los límites bien marcados. Cada uno a hacer lo que le toca, como le toca, cuando le toca y con quien le toca.

A mí no me gustan las cajas. No me gusta que la gente me meta en cajas, y no me interesan especialmente las personas que viven tranquilas en su caja. Me gustan las personas que no caen en ninguna caja, las personas que se salen de ella, o las que le dan la vuelta a la caja y se suben encima para ver más lejos o para gritarle a las masas.

Lo más genial de todo es que, aunque hay infinitas personas dentro de sus cajas, también hay personas fuera, o medio fuera, o escapándose. Y siempre acabo conociendo a alguna más, y descubriendo cosas nuevas, y transformándome un poco. No sé cuanto dura una persona de dentro de una caja, cuándo te quedas sin conversación, cuando empieza a dejar de ser interesante verla, o abrazarla, o tomar té. Pero tengo bastante claro que para mí las personas de fuera de la caja pueden durar toda la vida. Aunque no sea del modo que te esperas. Por algo estamos fuera de las cajas.

J.

…y otros problemas


De nuevo me empeño en proponer a mis alumnos una reflexión sobre el problema de los problemas, el mundo de los mundos. El título de la redacción, como el año pasado, es “Amor y otros problemas”, tras una interesante charla traída a hilo de la explicación de los (nocivos) valores del Romanticismo y su pervivencia hasta nuestros días. Así que me he encontrado con un montón de reflexiones muy interesantes, desde el prisma de los 15-16 años, de qué es el amor.

Y lo que aprendes con 34 no es precisamente qué es el amor. Aprendes que el amor puede ser muchas cosas. O que como el arte, o el sexo, es juego y además no importa. O importa demasiado. ¿Qué es el amor?

El amor es acurrucarte calentito cuando vuelve tarde y tú ya llevas un rato dormido. Son arañazos en la espalda tras perder el aliento en un sofá, o una cicatriz en el antebrazo que no se va a borrar nunca. Es una canción que te envían de madrugada, o unos acordes de piano que siempre que los escuchas te giras. Es un anillo. O un zorro. O un girasol. O una taza de té. Hay amor en casas, en pasillos, en parques, en coches bajo la luz de la luna. Amor en besos, en cartas, en miradas. En cajas de música. Hay amor encerrado en diarios secretos, en blogs secretos, en lugares secretos. Hay amor paseando por las calles, pero menos. Porque también hay miradas, y jueces, y fronteras, y candados, y alambradas, porque es un tiempo hostil, propicio al odio, y nos vigilan policías de lo correcto, y quieren dictarnos qué es amor y qué no.

Yo no tengo respuestas para nadie. A duras penas tengo preguntas. Lo bueno es que ya no busco respuestas. Simplemente vivo.

J.

Bien


Asomarte a la ventana y sentir el aire fresco que te avisa que el otoño aguarda a la vuelta de la esquina.

La música hermosa y tranquila sonando a tu espalda.

La noche.

Y sentirte bien.

A pesar de todo lo sucedido e incluso lo perdido.

A pesar de no saber qué traerán los próximos días y estaciones.

Sentirse libre, y sentirse bien.

J.