Quién soy en siete libros


Estos no son libros que me han gustado, ni libros que me parecen geniales. Son libros sin los cuales yo sería otra persona distinta. Son libros que explican quién he llegado a ser.

El Señor de los Anillos, de J. R. R. Tolkien. Lo leí con unos once o doce años, y descubrí que leyendo podías no sólo escapar a otros mundos, sino vivir en ellos. Y volver una y otra vez.

Los miserables, de Victor Hugo. Lo leí quizás con dieciséis años. Un verano. Y la necesidad, la obligación de hacer el bien de Jean Valjean frente a todo el mal que sufría y que le rodeaba me impresionó y caló en mí profundamente.

El Gran Espectáculo Secreto, de Clive Barker. Es lo primero que leí de Clive Barker, guiado no sé por qué intuición, rescatándolo del fondo de la Biblioteca General de la UMA. Tenía veinte años en esa época, y ante mí se abrió una puerta nueva de lo que era la literatura, de lo que podía ser. Y, sin saberlo todavía, se plantó la semilla de lo que yo quería escribir, de lo que llegaría a escribir.

Tokio Blues (Norwegian Wood) de Haruki Murakami. Lo leí a finales del año pasado, con treinta y cinco años. Y me reconcilió con la belleza, y con la tristeza, y con amar y lo imposible. Me cambió en la medida en la que me ayudó a entenderme.

Además de esas tres novelas, hay tres ensayos que también tienen que estar aquí.

Ensayos sobre el infringimiento cristiano, de Ramón J. Sénder. Lo encontré con dieciocho años, cuando estaba leyendo mucho y variado sobre religión, filosofía y psicología, y me ayudó a evitar muchos posibles errores después. En la religión que había heredado y en todas las demás.

Ética promiscua, de Dossie Easton y Janet W. Hardy (Miguel Vagalume, traductor). Que es uno de esos libros que te ayudan a poner en palabras cosas que siempre has sabido sobre ti y que siempre te ha resultado complicado colocar en tu vida.

Teoría King Kong, de Virginie Despentes, que fue la definitiva pastilla roja de una realidad que ya intuía gracias a otros lugares. Con él me quedó totalmente claro que vivimos en lucha, y que yo nací en el bando opresor, y que es parte de mi obligación moral luchar contra ello.

Y a día de hoy a grandes rasgos esto es lo que soy.

J.

Hacia septiembre


Hoy me siento un poco raro. Cosas por venir, cosas que se van. Pero no me apetece explicarlo realmente.

J.


Lista de lectura venida de los remotos años 90
En los 90, lo que yo leía era fantasía épica. De la de antes. De la buena :-). No esas cosas que hay ahora. Y por petición de un amigo (de los 90), he confeccionado una pequeña lista de lo que sigue valiendo la pena leer. Aquí os la dejo, para el que quiera ver si aún vale la pena ;-).
Esto es una selección por lo que he leído y lo que me ha gustado, sin ningún otro criterio :-).
“Añoranzas y Pesares”, de Tad Williams, 4 volúmenes gordacos. Un comienzo sin prisa, pero una historia genial, con buenos personajes y trama realmente épica. Imprescindible.
“La rosa del profeta”, de M. Weis y T. Hitman. Trilogía. Siempre me gustó mucho por el aire arabesco, que raras veces se ve en fantasía, y el hecho de que uno de los personajes protagonistas sea gay también es bastante innovador.
“La espada de Joram”, de M. Weis y T. Hitman. Trilogía + 1 volumen adicional, que cierra la historia pasado un tiempo. A mí me gustó mucho, con su toque de pseudo-rebeldía adolescente en un mundo totalmente mágico.
Con reservas, vale la pena leerse la trilogía de “Crónicas de la Dragonlance” y la de “Leyendas de la Dragonlance”, pero nada más de Dragonlance.
“El tapiz de Fionovar”, de Guy Gavriel Kay, que une las leyendas clásicas con el cruce de mundos.
“El Ciclo Pendragón”, de Stephen R. Lawhead, si te gusta el ciclo artúrico, porque eso es lo que es, la historia de Arturo y sus alrededores, con tintes históricos.
La trilogía de “El Señor del tiempo”, de Louise Cooper, que hizo que una generación dejásemos de ver las cosas de la épica en cuestión de bien y mal y paśasemos a orden contra caos.
Esos son los que más me gustaron. Ya en un segundo plano, “Las crónicas de Belgarath” y “Las crónicas de Mallorea” (David Eddings) también tiene su encanto, con personajes muy excesivos.
De las épocas modernas, poco puedo decir :-), estoy tratando de ponerme al día, pero todavía no he tenido tiempo.
J. :-) [Emitiendo en directo desde Ubuntu, en medio de la traducción]

De disciplina, colegueo y el zorro del Principito


Alguna vez he hablado ya sobre mi enfoque de la enseñanza, pero me apetece dar un paseo más por el tema. En los últimos tiempos, disciplina es una palabra que parece sonar muy bien. Se han perdido los valores, ya no hay respeto, blablaba, blablaba. Lo que suele olvidarse es que ese idílico mundo disciplinado o bien a) iba acompañado como mínimo de un tizazo, si no algo más contundente; o bien b) estaba en un nivel educativo no obligatorio. Dicho eso, como bien aprendimos en Cavite, si algo no funciona, hay que probar otra cosa. Las aulas de la ESO en la enseñanza pública son como son, y es el deber de los profesores sacar el rendimiento que se pueda. Hagamos ahí una pausa en el debate general, que es algo demasiado espeso para estas horas del día, y vamos a lo mío :-).

Todo el que me conoce, o me ha visto dentro de un aula, sabe que yo no sirvo para el borderío continuo, el tener un silencio sepulcral, y a los alumnos acongojados. Me metí en este oficio porque me gusta tratar con mis alumnos. Cierto, hay días que preferirí vivir tranquilamente tras un escritorio de oficina, enfrascado en tareas mecánicas, pero luego se me pasa, incluso este año, que está siendo especialmente monótono al tener sólo primero (una sonrisa agradecida a mi escaso público realmente interesado en mis clases). 
Frente a la disciplina, está el colegueo. Tampoco sirvo para eso, porque no creo que sea bueno, y porque yo no sirvo para ser amigo de todos. Sigo siendo el profesor, y podemos hablar, y charlar, y comentar, y dejarnos mensajes en el Tuenti, incluso, y aún más, pero eso es un privilegio que hay que ganarse. Responsabilidad para el responsable, que decía el señor LaVey.

Lo cual nos lleva al zorro del Principito. Mi ídolo. Por un lado, el Principito es un libro encantador, que puede leerse a muchos niveles. Por otro, el zorro del Principito tuvo un papel importante en ciertos acontecimientos vitales (eso lo dejaremos para el próximo Beltane). Y ahora es mi modelo de enseñanza. Hay que crear lazos. Es un proceso lento, que a veces funciona y a veces no (o más bien que con unas personas funciona y con otras no). Pero al final, esos lazos es lo que hace que la gente quiera estar en mi clase, y que hagan más o menos con ganas cosas que les interesan poco o nada. El afecto mueve pasiones que el miedo nunca podrá alcanzar. Lo malo es que, como bien sabía el zorro, eso tiene un precio, y es que cada vez que me marcho, o se marchan, o nos marchamos, lloro un poco. Y me vuelvo más sabio.

J.

30 vs la Enfermedad


El plan para mi 30 cumpleaños era hacer algo si no grande, al menos formal. Así que, para dotar a la cosa de cierto interés, el viernes llegué a casa con fiebre y tosiendo (por no decir malo como un perro). Pero con un poco de esto y un poco de aquello, el sábado me recuperé algo, y al final nos fuimos a cenar al japonés por todo lo alto, y después incluso a tomar un té. Enfermedad 0, Yo 1 (esto léase mientras toso con fuerza envuelto en una mantita). La cuestión es que, entre Yule y alrededores y el cumpleaños, tengo una pila descomunal de cosas para leer. A saber:
· La trilogía de La materia oscura, de Philip Pullman, que ya la he empezado y me está gustando bastante. Cuando acabe el primer libro me atreveré con la película, a ver que tal.
· The Classic Fairy Tales, de Iona y Peter Opie; una colección de la primera versión impresa (en inglés) de 25 cuentos clásicos. Este va a tener que esperarse un poco.
· High Magic, Theory and Practic, de Frather U.D., que ya estoy leyendo también a ratos perdidos. No es realmente mi estilo, pero nunca está de más conocer otros enfoques.
· 300, de Frank Miller (el comic, no la película, aunque esa caerá también en un momento u otro).
· El Señor de los Anillos, del gran J.R.R. Tolkien, en su edición en un volumen ilustrado por Alan Lee.
· El libro de reglas nuevo de Mundo de Tinieblas, porque los treinta años es un buen momento para renovar sistema de juego, y al fin y al cabo la renovación de D&D me tocará de un modo u otro como trabajo.
· Vampiro: Requiem, para ir preparando una campaña con las nuevas reglas de MdT, y una pantalla de narrador muy chula, en plan cuero rojo.

Todo eso teniendo en cuenta que trabajo, que tengo que traducir, y que me gustaría releerme Harry Potter y el Príncipe misterioso (en español esta vez) antes de que salga el último en español (que es dentro de nada). Que vida más ocupada.

J.