Puntos suspensivos

Entre lo que viene y aún no ha llegado. Entre las inspiraciones y los proyectos. Entre tus palabras y tu boca. Puntos suspensivos, recorriendo estos últimos días, llenándolos totalmente de posibilidades, casis e inminencias que aguardan apenas un poco más allá. Acelerando las horas y frenándolas, volviéndolas un torbellino de puntos que, girando en todas direcciones, no acaban de dar el último salto en ninguna de ellas.

Puntos suspensivos como gotas de agua, de luz, de vida, que descienden para unirse inevitablemente, para bañarme, para saciar la sed, para arrastrarme hecho torrente. Pronto. Casi.

Y desde ese instante congelado entre dos momentos, respiro hondo, paso miedo, disfruto. Y me lanzo. Muy, muy lentamente. Aguardando todo aquello que llegará cuando sea posible.

J.

Momentos intermedios

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Cuando no existen cintas para atar el tiempo. Cuando el tiempo se desliza a su ritmo entre los momentos, y no hay otro remedio que deslizarse con él por su corriente, sin asideros atrás ni destino delante. Cuando no hay olvidos, ni recuerdos, ni proyectos, o no todavía, y todo es un no-lugar entre otros lugares. De dónde vienes, a dónde vas. Hay instantes así. Horas, días, semanas. Y ahí, en ese lugar intermedio, todo es intermedio, y no hay canción, poema ni palabra que pueda reflejarlo, con la extraña indiferencia desorientadora de no saber si estás contemplando un amanecer o un anochecer.

Es, brevemente, un hoy como ayer, mañana como hoy, y siempre igual, tan brevemente que no llega a ser cierto. Porque por muy lento que sea el fluir, siempre se fluye. Porque nada permanece estático. Dentro de unos días todo será distinto. Y podré contaros que he subido a castillos en el cielo, o que he visitado galaxias, o que he sido un instante el rey del mundo. Pero los momentos intermedios hay que recorrerlos también. Piedra con piedra, pluma a pluma.

J.

Ahora

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El mundo no se para. Ni los días impares, ni los días de fiesta, ni los días de luto. Jamás se va a detener por ti, ni por mí, ni por nadie. No somos tan importantes. Nada es tan importante. Así que en todo caso serás tú quien se detenga. Y, cuando te pongas de nuevo en marcha, verás que el mundo jamás se detuvo. Que las flores crecieron y se secaron, que los pájaros vinieron y se marcharon, que los hombres se alegraron y se entristecieron. Y que todo eso puede pasar sin mí. Sin ti. Sin nadie.

Porque al final todo es aquí, todo es ahora. Y cada momento de más que dedicas a lo que fue, a lo que será, cada segundo, es un segundo que tratas de detener el mundo. Pero el mundo no se para.

J.