Esclavos


wreckage_by_janrystar

¿Cómo explicarlo? Que todos tenemos piedras con las que volvemos a tropezar. Que todos tenemos espinas clavadas. Y quizás al mismo tiempo somos la piedra de otras personas, la espina de otras personas. Y seguimos avanzando entre lo que esperamos y lo que no va a suceder, absurdos y tambaleantes. Y ciegos a nuestra propia deriva, observamos sin poder decir nada cómo otros se abalanzan de nuevo contra las rocas de las que ya salieron astillados, confiando en que esta vez sí encontrarán un puerto, un lugar para llegar a salvo hasta la costa, un equilibrio. Y lo observamos con la certeza de que volveremos a ser testigos de un naufragio, pero sin querer aceptar que ese naufragio será un presagio que anuncie nuestro propio choque. Con un impulso irrefrenable de ansia viva, vamos construyendo nuestra ciega destrucción. Por lo que entendemos por amor. No diré por amor. Por un romanticismo venenoso y emponzoñado que sólo engendra dolor tras dolor, pérdida tras pérdida. Porque es imposible. Porque es absurdo. Porque es una cadena que perpetúa desigualdades, prisiones, torturas, que las justifica. Porque por él aceptamos lo que no aceptaríamos en ninguna otra situación, en ningún otro momento, a ninguna otra persona. ¿Cómo no somos capaces de ver y comprender todo eso? Somos esclavos criados en la esclavitud, que no se revelan no porque no sean capaces de revelarse, sino porque nos han convencido de que esta esclavitud es lo correcto, que este sufrimiento es lo adecuado, que es lo que da orden, sentido y estabilidad a la sociedad, a la vida. Que el amor es así. Que amar duele, y vivir sin amor no se puede.

Qué triste.

Qué triste que sigamos ahí, aferrados a esos corazones cargados de espinas. Besando piedras y llorando ausencias. Qué triste.

Qué triste, preferir el dolor y la pena a la soledad.

Qué triste tener miedo a alejarse de un camino cargado de losas afiladas y sangre de los antes cayeron sobre ellas.

Qué triste.

J.

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Piedras pequeñas


Wind

A veces tropiezo con piedras pequeñas. Esas piedras que podrías rodear, que podrías ignorar, pero que nos empeñamos por seguir llevando en el zapato. O en el corazón. La gente de las cajas suele medir las cosas por lo que tiene. Pero cierto tipo de gente de fuera de las cajas no puede dejar de medir las cosas por lo que te falta. Será porque lo queremos todo, supongo. No lo supongo en realidad. A mí me sucede a veces. Que si mido lo que tengo soy un rey. Pero que me pongo a evaluar lo que echo en falta, y me siento un mendigo.

Lo bueno es que se me pasa. Que sé que tengo que respirar hondo, y seguir esforzándome por ordenar los libros que se han desordenado en  mis entrañas. Y al final se ordenan, y respiro hondo una vez más, y las piedras en el corazón ya no pesan. No pesan cuando comprendes el lugar que tienen en tu vida, en tu pasado, en lo que eres. Cuando lo aceptas como parte de ti. Y sigues adelante en lugar de continuar tropezándote con ellas y esforzarte tanto en clavártelas y que duelan. Respirar hondo. Y escuchar, a veces, una canción nueva que limpie telarañas viejas.

So when your hope’s on fire
But you know your desire
Don’t hold a glass over the flame
Don’t let your heart grow cold

And I will learn, I will learn
to love the skies I’m under…

Porque la libertad es la mayor fuente de felicidad. Y nadie nos enseña a ser libres en el corazón, sino todo lo contrario.
J.

Verdades como piedras (y otras confesiones desnudas)


Casi siempre nos engañamos. Nos engañamos mucho hasta el punto de no decirnos nada. Nos engañamos un poco, hasta el punto de acabar diciendo cosas diferentes, haciendo cosas diferentes a las que realmente queremos, a las que realmente pensamos. Al final, las verdades no llegan como puños, sino como piedras que lanzamos. Contra los demás. Contra nosotros mismos. De eso hablan estas entradas que he separado. De esas cosas que al final hay que decir. Que sería mejor decirlas al principio.

Por supuesto es probable que no las compartas. Porque son mis verdades y mis piedras. Y aún así mis verdades, como son mías, tienen derecho a cambiar y a transformarse, igual que yo me transformo.

Y cada uno tenemos nuestras piedras. Las que tiramos. las que llevamos en los bolsillos (y a veces nos frenan, y a veces evitan que nos arrastre el viento y las tormentas). Así que voy reunir aquí las mías. Las presentes, algunas del pasado, y las que irán viniendo. Y las que se irán viviendo.

Stones_path_by_MichelRajkovic

J.