Los fuegos de Litha, 2018

Termina una rueda. Empieza una rueda. Y en cada punto del giro significa una cosa diferente. Litha siempre se me escurre entre los dedos, porque me habla de trabajo, de notas, de alumnas y alumnos que quiere ver cómo ha terminado su rueda, de la prisa por correr hacia los fuegos de Lugnasad y perderse en el verano. Pero este año Litha me ha encontrado forzosamente parado, entre toses y medicinas, con lo cual he podido parar un instante, mirar atrás, mirar adelante. Todo lo que he cambiado. Todo lo que he aprendido. Todo lo que he luchado. Y ahora, cuatro giros más de la rueda como director.

Mañana el sol comenzará a reducir sus horas, y me da la impresión de que Litha me descubre por primera vez su significado. Planificación. Siembra. Proyectos que se entierran ahora profundamente en la tierra, que irán germinando lentamente. Es el momento de trabajar en cosas aún invisibles. Del silencio y la sonrisa cansada y la mirada en el horizonte. De elegir caminos, aunque aún no sea el momento de recorrerlos. De elegir las cosas que deberán arder más adelante.

Vendrán. Cambios. Problemas. Esfuerzos. Risas. Vendrá todo. Y seguiremos.

J.

 

(Imagen de Omelettu via DeviantArt)

Setiembre

Llegará. Entre las sombras y las olas. Con susurro de hojas. No sabemos aún si como camino o como destino, aunque siempre es como camino. Aún está demasiado alejado. Diminuto. Punto de luz como faro entre la bruma. Bruma de calor, y de trabajo, y de agosto. Pero está. Parpadeando a veces. Animándonos a seguir flotando. Navegando. Sumergiéndonos.

Septiembre llegará, y nos arrastrará hacia todo lo que venga detrás. Hacia lo nuevo. Hacia lo inesperado. Hacia lo que queremos ser y hacer, o tal vez no queremos, o no sabemos si queremos, o si somos o hacemos, pero vamos a hacerlo igualmente. Y a serlo. Y probablemente hasta a quererlo.

El mundo se detiene alrededor, queriendo aferrarse a julio, queriendo no escapar de agosto. Y nosotros mirando hacia septiembre. Y nosotros mirándonos en septiembre. Buscándonos entre el entonces y el ahora.

Llegará septiembre. Y allí me encontraré. Y me encontrarás.

J.

 

Noviembre y la tormenta

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Noviembre ha llegado con la tormenta, pero noviembre no es la tormenta, y para mí es importante recordarlo. Noviembre es un camino, un camino discreto entre el crepúsculo y la noche, que lleva desde Samhain a Yüle. Un camino para mirar hacia dentro, y recoger todo lo que se ha ido recolectando durante el giro del año (emociones, recuerdos, canciones, besos, partidas), e ir colocándolo para que esté en su lugar antes de la primavera. Noviembre, y lo que viene tras él, hace necesario terminar con muchas cosas pendientes. Cartas que escribir, ventanas que cerrar, libros que concluir, que llevan demasiado tiempo esperando su momento. El invierno no debe llegar sin estar preparados.

Pero al mismo tiempo hay cosas que continúan, que brotan, que crecen. Que han llegado con la tormenta, o que simplemente se han resguardado hasta que esta pasase. Que tienen tiempo de sobra para ser y arder antes del invierno, e incluso durante él. Noviembre es las hojas caídas y el viento fresco en la cara, y la tierra mojada y la manta cálida. Noviembre es la excusa del abrazo y de la bufanda. Porque en realidad, y como siempre, Noviembre es lo que queremos hacer de él. Y yo quiero hacer mucho.

J.

Yüle

Snow-and-fire

Yüle. No es un comienzo. Nunca lo ha sido. El nuevo giro de la rueda del año comenzó ya en Samhain, y estamos inmersos en su movimiento. Pero Yüle es un desafío, es mirar hacia ese giro y saber que, aunque aún queda lo más frío del invierno, este invierno también pasará. Volverá la luz, y el calor, y después la primavera. Esta tarde al anochecer encenderé el tronco de Yüle con Clara, y recordaremos que la luz y la oscuridad son dos partes de la misma cosa, imposibles de entender la una sin la otra.

Y después de Yüle vendrá mi cumpleaños, la fiesta más importante para el señor Lavey. No tanto para mí, pero ya sabéis que siempre pienso sobre lo que vendrá tras ello. Eso, para dentro de unos días. Y después del cumpleaños vendrán más días, y semanas, y meses, girando sin parar en la rueda del año. En unos meses terminaré mi tercer libro. Y haré otro libro, que no será el cuarto, sino el primero de otra cosa. Eso es lo que ha ocupado mis notas últimamente, y de forma simbólica quería poner las primeras líneas hoy. Otra historia que quiere salir, que necesita salir, que va a salir. Son curiosas las percepciones, porque yo no me veo como un escritor de horror. Me veo como un escritor que está contando una historia de horror, y que va necesitando ya contar ciertas historias diferentes. Y, como no hay prisa (tened en cuenta que os estoy hablando de escribir, no de publicar, sobre publicar preguntadle a mi agente, o a mi editorial), ahora quiero contar otras cosas de otra forma. Creo que, cuando dé por terminado el tercer libro de la Saga de la Ciudad, me he ganado esas vacaciones. Normalmente entre libro y revisión me tomo dos o tres meses para despejar la mente antes de pulir lo escrito, y en ese tiempo leo y juego; pero esta vez no. Esta vez el descanso será escribir una historia más corta (ya sabéis, en vez de cuatro libros de 400-500 páginas, tres de 200-300, corto en ese sentido :-p), donde no tenga que descender a abismos oscuros para encontrar lo que quiero contar, donde me sienta limpio y luminoso todo el tiempo mientras escribo. Me hace falta. Y ya os digo que no me considero un escritor de terror. Soy un escritor al que le encanta el terror. Pero haré una pausa. Escribiré ese primer trozo de historia en mi descanso. Y después volveré con Siiri y cerraré la Saga de la Ciudad. Y después volveré a contar el resto. Y después probablemente me lance a la galaxia un poco. Y tras ello regrese a la fantasía urbana y al horror. Historias, historias, historias. Me esperan unos años muy ocupados. No sólo por eso.

Yüle. Y tengo que reorganizar mi tiempo, porque necesito ese tiempo para crear y para cuidar. Voy a reducir el esfuerzo improductivo que dedico al trabajo que paga las facturas. Dejaré de abrir tantos días la biblioteca por la tarde, dejaré de meterme en todos los proyectos del instituto, y el curso que viene seguiré por ese camino. Dando clase y disfrutándolo, sí, pero aprovechando todo el resto de mi tiempo en otras cosas. En crear, en cuidar.

Feliz Yüle. No dejéis de girar. De crear. De amar. El frío siempre cede, si resistes lo suficiente.

J.