Sobre cajas y sus habitantes.


A la sociedad le encanta meternos en cajas. Las cajas es lo que hace que la “gente normal” se sienta tranquila y a salvo. Y lo bueno de las cajas es que una vez dentro de una, no puedes salir. Las etiquetas más o menos sirven también, pero eso puede ser hasta demasiado liberal. ¿Y si alguien se pone dos etiquetas? ¿Y si la etiqueta se le despega? No, es mucho mejor meternos en cajas.

Y cuando empiezan a meterte en cajas, todo se simplifica. Eres heterosexual, o eres homosexual. Estás soltero o estás casado. Eres profesor o eres alumno. Cada uno dentro de su correspondiente caja, con las fronteras y los límites bien marcados. Cada uno a hacer lo que le toca, como le toca, cuando le toca y con quien le toca.

A mí no me gustan las cajas. No me gusta que la gente me meta en cajas, y no me interesan especialmente las personas que viven tranquilas en su caja. Me gustan las personas que no caen en ninguna caja, las personas que se salen de ella, o las que le dan la vuelta a la caja y se suben encima para ver más lejos o para gritarle a las masas.

Lo más genial de todo es que, aunque hay infinitas personas dentro de sus cajas, también hay personas fuera, o medio fuera, o escapándose. Y siempre acabo conociendo a alguna más, y descubriendo cosas nuevas, y transformándome un poco. No sé cuanto dura una persona de dentro de una caja, cuándo te quedas sin conversación, cuando empieza a dejar de ser interesante verla, o abrazarla, o tomar té. Pero tengo bastante claro que para mí las personas de fuera de la caja pueden durar toda la vida. Aunque no sea del modo que te esperas. Por algo estamos fuera de las cajas.

J.

Amor no es un candado


¡ATENCIÓN!

Esta entrada va a ser altamente radical y exagerada, pero es que me lo pide el cuerpo. Abstenerse espíritus tradicionalmente románticos o conservadores. Dedicada a los espíritus libres y rebeldes. Avisados quedáis -.-.

Pues el otro día estábamos en el Plaza Mayor, y resulta que han puesto allí una especie de armazón oxidado en forma de T (aparentemente sacado del mismo corazón de Silent Hill, por otra parte), para que la gente ponga allí sus candados. Hasta aquí hemos llegado. Voy a coger una cizalla, y me los voy a cargar todos, y luego un equipo de soldadura y voy a reducir la T a palillos. Que no, que no lo acepto ni lo aceptaré nunca. Amor no es un candado.

¿Y qué es amor, entonces? Vosotros lo habéis querido -.-

Amor es que le digas a tus amantes lo mucho que me quieres.

Amor es no saber si volverás esta noche, pero saber que vendrás por la mañana.

Amor no es que me importe que estés con otro, amor es que quieras estar también conmigo.

Amor no es pedirte que te quedes. Es quererte igual aquí que en la otra punta de Europa, y querer también a tus niños rubios y altos.

Amor es cualquier cosa que queramos que sea. Cualquier cosa.

Menos un candado.

Prenderé fuego al colchón,
que reventó nuestros otoños

J.