So long

dandelion-1392492_1280

El tiempo a veces es semillas. A veces engranajes de reloj. A veces laberintos, o campos de estrellas, y lo vemos tan de cerca que no somos capaces de entender el dibujo que crean nuestros pasos sobre la arena. Solo cuando los engranajes han girado lo suficiente, cuando hemos concluido el laberinto, cuando las semillas germinan, somos capaces de ver, y lo que entendimos se deshace ante la extraña comprensión de lo que realmente fue.

No importa. Al final, seguimos siendo. Al final, somos solo lo que hemos vivido, creído, sentido. Una vez que la flor ha brotado o que el fruto está listo, de nada sirve tratar de convencer al árbol de que no es primavera. U otoño.

Pero el tiempo, sólo el tiempo y la comprensión que traen, nos permiten completar las cosas. Seguimos siendo en lo que hemos convertido, por supuesto. Pero quizás así entendemos un poco mejor el por qué.

A last twist with the broom, crossways the room…

J.

Perspectivas

image

Desde donde estoy ahora tengo frente a mí un inmenso ventanal, y bajo mis pies discurren ríos de luces tripuladas, y la oscuridad no es oscuridad, sino electricidad. Fuera el frío recorre el mundo, pero no consigue atravesar los gruesos cristales que me aíslan de él. Del frío, del mundo. Porque si me doy la vuelta el aspecto de habitación de hotel se desvanece por la presencia de la enorme camilla de hospital, y la bolsa con el gotero, y la pequeña personita que lleva demasiado tiempo atada a ambas. Hay cosas que siempre son demasiado tiempo. Aquí, en este aislamiento (del frío, del mundo) la perspectiva se transforma. Se simplifica enormemente. O se deforma tanto, se acerca tanto el punto de mira del observador, que lo incomprensible cobra la absoluta claridad de la sencillez. No es malo estar aquí. Lo malo sería que la causa de estar aquí no tuviese cura. Por ejemplo. Y en las largas horas de noche que se van extendiendo, surgen más cosas claras. Las personas que te faltan. Las que no. Lo que queda por hacer. Lo que es accesorio. Lo que realmente quieres hacer. Y con quién. Aún quedan días aquí. En compañía de personas que son mi vida, y de un pequeño oso polar, y un unicornio rosa de ojos brillantes. Y quedan noches con la certeza de que cuando salga todo estará más claro. Aunque después venga la vida y su rutina a intentar enturbiarlo. El resto es accesorio. Porque con la perspectiva todo se simplifica.
J.

Freak Metal

Estaba yo corrigiendo el primer trabajo de Bachillerato (análisis métrico y retórico de una canción o poema a elegir), cuando me he encontrado una canción muy friki y muy graciosa (si eres muy friki, claro). Al final, si no fuese por mis alumnos estaría oxidado, siempre escuchando las mismas cosas, siempre haciendo las mismas cosas :-). El individuo en cuestión es el Reno Renardo, autor de grandes éxitos como el genial Camino Moria,o un entrañable Crecí en los 80 :-). Qué tiempos. Pero también me enseñan cosas digamos, menos frikis :-). Mi reencuentro con la música instrumental para otro día, que hoy no pega :-p.
J.

Querer, poder, deber

Vamos a ponernos un poco filosóficos antes de ir a pasear con la Peque :-).

Lo que queremos hacer. Lo que podemos hacer. Lo que debemos hacer. Las fronteras no son tan simples. ¿Dónde debemos pararnos? ¿Hacer siempre todo lo que podamos? ¿Lo que queramos? ¿Lo que debamos? Estas preguntas en realidad están marcando los límites de la felicidad. ¿Pueden imponernos los demás los límites de nuestra felicidad (lo que debemos hacer)? Y si nos saltamos lo que debemos hacer, ¿qué? Nos mirarán mal. Hablarán mal. ¿Y qué? Lo que piensan los demás (ese demás enorme y anónimo), nunca ha marcado mis límites. Lo que piensan los que no son los demás :-), los que están al lado, realmente al lado, sí. Pero eso significa en realidad que sólo me importa la opinión de una o dos personas. El resto, se supone que lo entenderán. Y si no, es más problema suyo que mío. 

Luego está el asunto más peliagudo de poder y querer. Porque muchas veces simplemente el hecho de poder hacer algo nos hace tener ganas de hacerlo. Y al revés. Algo, deseado por inalcanzable, a menudo deja de ser ambas cosas al mismo tiempo. Ya no me apetece :-). 

¿Con qué nos quedamos entonces? ¿La filosofía de los valientes o de los cobardes? ¿Lamentar las cosas que hemos hecho? ¿O lamentar las cosas que no hemos hecho? ¿Qué es peor? Yo siempre he sido un poco cobarde. A veces mucho. Y la verdad es que lo que lamento es lo que no he hecho. Quizás (gracias, Pereza) esté llegando a una época de mi vida en la que si me apetece ir al baile, debería pedirlo. Y si me dices que no, recordarte su canción, no la primera, esta: ¿dime qué te cuesta decirme vale?
J.