Los fuegos de Litha, 2018


Termina una rueda. Empieza una rueda. Y en cada punto del giro significa una cosa diferente. Litha siempre se me escurre entre los dedos, porque me habla de trabajo, de notas, de alumnas y alumnos que quiere ver cómo ha terminado su rueda, de la prisa por correr hacia los fuegos de Lugnasad y perderse en el verano. Pero este año Litha me ha encontrado forzosamente parado, entre toses y medicinas, con lo cual he podido parar un instante, mirar atrás, mirar adelante. Todo lo que he cambiado. Todo lo que he aprendido. Todo lo que he luchado. Y ahora, cuatro giros más de la rueda como director.

Mañana el sol comenzará a reducir sus horas, y me da la impresión de que Litha me descubre por primera vez su significado. Planificación. Siembra. Proyectos que se entierran ahora profundamente en la tierra, que irán germinando lentamente. Es el momento de trabajar en cosas aún invisibles. Del silencio y la sonrisa cansada y la mirada en el horizonte. De elegir caminos, aunque aún no sea el momento de recorrerlos. De elegir las cosas que deberán arder más adelante.

Vendrán. Cambios. Problemas. Esfuerzos. Risas. Vendrá todo. Y seguiremos.

J.

 

(Imagen de Omelettu via DeviantArt)

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Mabon


Con olor a manzana y a hoja caída. Con aroma de sombra y de manta. Con retazos de rocío y de brisa fresca al amanecer.

Buscando los caminos, empezando a andarlos ahora que atrás quedan los fuegos de Litha y lo que nos abrasaron.

Voy a ser musgo. Voy a ser tronco, y raíz. Voy a ser enredadera, y rama, y nido de pájaros. Todo lo que crece y lo que es tiene cabida en mí mientras la Rueda gira.

Y soy sol, y soy sombra.

Y soy viento, y soy nube.

Y las voces que transportan.

Mabon. Huesos de corteza, corazón de manzana, cabellera de hojas. Ojos de tormenta, sonrisa de aleteo.

Mabon.

J.