Septiembre, 2018

Es septiembre, y regreso de vuelta al torbellino
de los días sin horas y las horas sin días,
de las mismas tristezas, distintas alegrías,
de hacer siempre distinto este mismo camino.

De nuevo al remolino de mañanas con prisa,
de las noches de insomnio, de problemas futuros,
de las listas eternas, los finales seguros,
de las tardes de clases, de meriendas, de risa.

Y los meses me embisten disfrazados de olas,
las semanas me llevan con impulso de río,
y en los rayos de sol puede olerse ya el frío,
y un trueno de tormenta suena en las caracolas.

Girarán las estrellas, y nosotros veremos
hacia dónde nos lleva este eterno  tornado,
entre lo que se espera, entre lo inesperado,
cambiando lo que somos hasta lo que seremos.

J.

Septiembre (2015)

Se nota en las mañanas grises y en el viento fresco. En la mirada hacia adelante con el corazón encogido. En la mirada hacia atrás con la sonrisa. En los días rápidos. En las despedidas y las inminentes llegadas. En el pellizco de nervios cada vez que se mira al calendario.

Y es de esas cosas que siempre son distintas y siempre son iguales. Y no se mide el año por otoños, sino por septiembres. El otoño vendrá después. Ahora es septiembre el que va a engullirme mientras salto a sus fauces, sin tiempo para pensármelo siquiera. Hacia la rutina, una rutina en la que ya nada será igual, y los días que vienen me lo irán confirmando.

Septiembre. Aquí llega. Y lo huelo, y me sopla en la piel, y lo observo en la distancia brumosa. Septiembre. Aquí voy.

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El momento de dar cuerda al mundo

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De nuevo, llega ese momento, cuando no puedes ignorar más el paso del tiempo, y hay que una vez más dar cuerda al mundo. Pero a mi mundo no se le pueda dar cuerda con una única clavija. Es una constelación de mecanismos que requieren ser puestos en marcha de forma separada, y para cada uno la cuerda funciona de un modo distinto. Así que debo dar cuerda para nueve meses, para tres meses, para un mes… Toda mi galaxia se pone en movimiento, entrecruzándose con tras galaxias en las que soy centro, guía o maravillado visitante. Los distintos tic-tac deben empezar a rodearme, igual que el suave deslizarse de los granos de arena y el martilleo de las clepsidras.  Todo un mundo poniéndose en marcha, desperezándose, cobrando vida. Así que le doy cuerda a las declinaciones latinas, a los puntos por hacer microrrelatos, a las ruedas de la bicicleta al amanecer. Le doy cuerda a los capítulos de cuatro mil palabras, a las tramas que concluyen, a las ideas que deben tomar forma. Le doy cuerda a las bibliotecas cerradas y a las pizarras silenciosas. Y más. Tengo que dar cuerda a levantarme temprano, a los desayunos de cereales, a las tardes de patinaje. Y a los días iguales y distintos. Tengo que dar cuerda a todos los planes que van creciendo hacia el futuro.

Y tengo que dar cuerda a nuevos mecanismos. Mecanismos mágicos e inesperados, o esperadamente mágicos, que vienen a unirse a los demás. Habrá tiempo para todo, habrá lugar para todo. Quizás no siempre que quiera, pero lo habrá. En eso consiste dar cuerda.

J.

Tiempo de muda

Molting

Tiempo de muda. De transformarse. De cambiar de piel. De abandonar la tostada piel del verano, para dejar paso a la suave piel de Septiembre. Pero más mudas, más capas de piel que van a desprenderse unidas a esta. Algunas, pieles que he vestido tal vez durante años, pero que ya necesitan ser dejadas atrás, para surgir un yo nuevo. O un yo que regresa, porque la mayor parte de la vida son ciclos y giros de los que somos, de lo que queremos ser, de lo que tratamos de ser. Así que voy mudando la piel para ser algo distinto, y al mismo tiempo para volver a ser algo que era antes.

Desde hoy
no temas nada
no hace falta ya
todo se fue con el huracán…

J.