Litha – Underwater

Respirar hondo. Ese es el primer paso. Dos, tres veces. Así, una vez que estás en el fondo, sólo tienes que dejar que el aire que llevas dentro te vaya elevando hacia la superficie. Y, si te dan las fuerzas, ir contemplando lo que te rodea. Incluso disfrutándolo. Aunque te falte el aliento.

Feliz Litha.

J.

PD:

Tormentas y veranos

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Me gustan las tormentas de verano. Tienen todo lo hermoso de las tormentas pero sin el frío del invierno. Así que puedes verlas desde dentro, puedes verlas desnudo, puedes verlas como la tormenta te quiere ver, no desde el otro lado de la ventana. Puedes ser parte de la tormenta, si la tormenta te deja. Me gustan las personas que son tormentas de verano. Que de repente brillan sobre ti, y te soplan en el pelo, y te empapan, y te refrescan. Que las esperas para romper la monotonía de sequedad y polvo que a veces inunda el verano de desiertos. Esas tormentas, esas personas. A ellas (tormentas, personas) siempre las aguardas con deseo, esperando el momento de su llegada. Porque la tormenta de verano sabe a risa y a trueno, a gota y a rítmica canción. A luz y a relámpago. Esas tormentas. Esos veranos. Esas personas.

J.

Desde este punto del camino

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Con senderos que están terminando, con senderos que comienzan. Con rutas que no sabes a dónde llevarán y rastros que abandono para siempre. Al final todo es el camino. Al final todo es movimiento. Y es sencillo perderse en ese andar sin fin. No perderse de no saber dónde estás; quizás perderse de no saber hacia dónde quieres ir, hacia dónde debes ir. O aún más, saber a dónde pero no saber cómo alcanzarlo. Y otros modos de perderse, como olvidar quién eres en el viaje, quién tenías pensado ser.

En este punto del camino para mí quedan cosas atras, a las que no volveré nunca. Personas y lugares que han de marcharse para siempre. Pero después vendrá otras nuevas, con el otoño. Los profesores vivimos primaveras inversas. El verano trae perder lo que te rodea junto a la extraña tarea de reencontrarte a ti mismo. De ver que no te has perdido en el camino. Que eres algo distinto a ese camino. Que hay otros caminos. Y es una liberación, pero una liberación agridulce. El que regresará en septiembre será otro yo, con otras personas distintas que también me sorprenderán, a las que también querré, que también se irán luego. Así es el caminar.

Son días agridulces. Cargados de otros caminos y otros agridulces. De felicidades inmensas y tranquilas tristezas. De hacer las cosas como deben hacerse, con lo complicado que suele ser. De echar de menos y de echar de más. Son días como son. Sin más. Y el hacerlos girar sobre sí mismos no harán que cambien. Así que seguiré, los pasos que me quedan, los días que me restan por este sendero. Y después, se habrá terminado. Y empezará.

J.

Tierra quemada

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El fuego no puede destruir fácilmente lo que tiene raíces profundas.

Sobre la tierra quemada surgen caminos invisibles entre la hierba alta.

El verano todo lo abrasa, todo lo seca. Y a veces sin las llamas no es posible dejar espacio para el otoño, para el invierno. Para la primavera.

Hay veces que sólo hay tierra quemada hasta el final del horizonte.

Hay veces que sólo hay horizonte, y tierra quemada a tu espalda.

Hay veces.

J.