Efecto dominó musical :-)


Surge una canción de mucho éxito.

Luego hacen distintas versiones, algunas como parodia, y otras serías y geniales.

Y luego, alguien hace una parodia de la versión.

El mundo mola.

J.

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Versiones, versiones, versiones


Nunca deja de aburrirme buscar versiones de canciones que me gustan, y normalmente no deja de sorprenderme. Todos hemos escuchad el Somebody That I Use to Know de Gotye.

Primer vi la parodia de Star Wars, que no sólo parodia la canción, sino el vídeo, y me pareció genial.

Después ya fue la hora de ponerse serios, y encontré la versión de Peter Hollens, que es increíble cantando a capella, y tiene una paciencia infinita para grabar los cientos de pistas que necesita cada una de sus canciones (aunque personalmente me quedo con su versión del tema de Skyrim, junto con la igualmente genial o más Lindsey Stirling).

Y finalmente, cuando creía que no había ya más. aparece esto: cinco personas, una guitarra. Y lo peor (o lo mejor) es que suena genial. Walk off the Earth se llaman estos cinco, y tienen otras cuantas versiones más que recomendables.

Versiones, versiones, queremos versiones. Sobre todo cuando la versión (subjetivamente, claro) mejora al original, como el Manhattan de Enrique Morente frente al de Leonard Cohen.

J.

Entre lo sublime y lo lamentable (versiones de nuevo)


Ya sé que me pongo pesadito con eso de las versiones musicales, pero es que esta vez o lo digo o exploto. Veamos, hay muchos motivos para versionar una canción, y muchas formas de hacerlo. Por ejemplo, puede gustarte la melodía y no tener ni idea de inglés, como Duncan Dhu y su jardín de rosas. Vale, el inglés es un problema consustancial a los españoles, y hay que perdonarlo (hoy en un anuncio he visto la gente de uno de los suburbios más pobres de Kenia, y TODO el mundo hablaba ingles, y se les entendía y todo). Y ojo, que lo mismo le pasa a la gente que no habla español, porque por mucho que me guste Lyriel, su Hijo de la luna es un pelín defectuoso, mientras que el de Haggard es impecable (aunque haya personas que prefieran la versión de Stravaganzza, presumiblemente porque el tío está hjfbsjdfdskfjsdfk´*.* , y además no cuenta porque ellos son españoles). Avanzando en el concepto, hay veces que una versión puede gustarte más que el original, porque actualiza la canción, o la trasforma dándole una personalidad nueva. Tenemos el ejemplo del Frente a Frente de Bunbury, que tiene la ventaja de salida de que la original de Jeanette es muy bonita, y el problema de que a lo mejor eres una de esas personas que no traga a Bunbury, que todo puede pasar. En ese caso, no le des al play.

Y entonces llegamos al momento dramático de esta noche. Ha sido en las noticias de A3 (que no es que yo vea esas cosas, es que estaba esquivando el resumen previo que te destripa todo el episodio de Supernanny, que por cierto no la veo porque me haga falta, sino para que no se me olvide cómo hacer las cosas :-) ), cuando de repente un puñado de adolescentes histéricas con el individuo ese de Justin Bieber se han puesto a corear “kiss me, kiss me” con un ritmo tremendamente sospechoso. Mi prodigiosa memoria ha rescatado el título “Love fool” (aunque no me acordaba del nombre del grupo), y hemos encontrado las pruebas del delito.

El delito en cuestión es este (no es apto para espíritus sensibles, pero lo pongo para que se aprecie toda la crudeza de la masacre perpetrada):

Y el original es esta preciosidad de The Cardigans, que se utilizó también en la banda sonora de Romeo + Julieta.

Para terminar, dejemos las cosas claras: cuando una canción es buena, cualquiera puede hacer una buena versión. Menos Justin Bieber.

J.

Versiones (este Conan es un tirillas)


El otro día tenía un rato libre, y me puse a ver trailers de lo que está por venir en IMDB. Y vi el trailer de Conan. A ver, cuando yo era chico, vi Conan el Bárbaro. Y Conan era esto:

Un tiarrón cachas (muy tiarrón, muy cachas), que provenía de algo así:

Guay. Retro pero guay. Pero resulta que ahora Conan es esto:

Primero: yo lo veo un poco tirillas. Segundo, no sé si va a luchar contra el mal o a ponerse a cantar por Camarón. Porque también está el tema de la música. Toda una generación nos hemos pegado nuestras partidas roleras adolescentes con la banda sonora de Conan el Bárbaro (y también de El Último Mohicano). 
Otra película menos que ir a ver :-).

J.

Sombra y Sauce presenta: Accidentally in Love


Soy consciente de que tengo mis lectores por aquí y por allá, más o menos fieles, e incluso podría decirse que tengo mi pequeña ración de fans. Y creo que ha llegado el momento de hablar de algunas de esas personas que me leen porque les encanta y que, al mismo tiempo, me encantan a mí. Y la elegida para este primer “Sombra y Sauce presenta:” es una chica que se desespera, e impulsora del proyecto  de camisetas de Sombra y Sauce (estoy en ello:-) ):

Por lo demás, mejor que hable ella:

Y una vez dicho esto, podría añadir que uff, Counting Crows, eso es de cuando yo iba al instituto. Pero claro, si protestase porque le queda un poco atrás, tendría que tirar mis discos de los Beatles y no podría poner Downtown de Petula Clark a todo volumen en el coche. Así que me limitaré a decir que espero impaciente más versiones :-).

J.

Cuentos populares (I)


Los cuentos populares me fascinan. No tanto de pequeño, en esa época me gustaban más las historias épicas (por algo me leí más de diez veces El Señor de los Anillos en mi adolescencia); ha sido más bien un efecto de esa maravilla que es The Sandman, del señor Gaiman. Fue él el que me enseñó a mirar detrás de los cuentos que han llegado hasta nosotros, y tratar de ver qué hay detrás (y por detrás entiéndase antes).

Los cuentos son una maravilla de múltiples caras, como trato de explicar en mis clases; cambiantes, permanentes y a la vez propios de cada tiempo. No hay época sin su versión de Caperucita o de la Bella durmiente. Y en esa variedad de versiones está su encanto. Por ello, para estas navidades, si Amazon lo permite, me he pedido un libraco para empaparme de versiones; pero hoy quiero pararme en un cuento más musical, que me encanta.

Herr Mannerlig es una balada medieval sueca que narra la historia de una troll de montaña que desea desesperadamente convertirse en humana. La troll cree que lo conseguirá si logra casarse con el noble Mannerlig, por lo que trata de seducirle con regalos. Sin embargo, Mannerlig los rechaza, básicamente porque ella no es cristiana.

La versión original y una traducción al inglés se encuentra por ejemplo aquí (en cuanto tenga un rato la traduzco, lo prometo, pero es que la Historia de los Reinos me tiene muy liado), pero es mucho mejor escucharla, por ejemplo en la versión de In Extremo:

O mejor aún, en una versión en italiano que hizo esa maravilla de grupo que es Haggard (aunque no haya un video en condiciones, que le vamos a hacer. Mejor una flor que la versión del Final Fantasy, digo yo):

J.

El Quijote (y por qué Shakespeare no era Cervantes)


Shakespeare era un escritor de temas. Un escritor genial, que supo concentrar y definir perfectamente los grandes temas de la humanidad: amor, celos, venganza. Tan bien que con el paso del tiempo esos temas han sabido permanecer inalterables, transformándose y alterando su aspecto, pero permaneciendo esencialmente iguales. Así, Romeo y Julieta puede transformarse en Romeo + Julieta, con Leonardo DiCaprio y Claire Danes (que aparecerá dentro de nada en Stardust, basada en la obra de Neil Gaiman), versión pop de los 90, y la esencia es similar. O el Rey Lear puede volverse un drama feudal del Japón medieval en la magnífica Ran de Akira Kurosawa, y sigue siendo perfecto. O, por qué no, Ricardo III puede ambientarse en una hipotética inglaterra fascista de los años 40-50, en la versión de Ian McKellen (que no sólo ha hecho de Gandalf y Magneto). Como decía, Shakespeare era un escritor de temas. Y sus temas permanecen, aunque se transformen.
Cervantes era distinto. Cervantes creo una obra magnífica, increible en su momento, y tan personal que ha permanecido inalterada a lo largo del tiempo. Cierto, ha sido releida y reinterpretada innumerables veces, pero en esencia sigue siendo el mismo Don Quijote, el mismo Sancho, y la misma Castilla. Todo va unido. Han cambiado las lecturas, y mucho, se buscan nuevos significados para las palabras de siempre. Todo lo que rodea a la obra fluye y se hace nuevo y diferente con cada época, con cada lector. Pero la obra en sí sigue igual. Aquí van dos ejemplos:

En 1934, se hizo un cortometraje de animación sobre el tema:

y unos cuantos años después (algo más de 70), se hizo otra adaptación más acorde a estos tiempos, que empieza así:

En Romeo y Julieta lo importante es que son dos jóvenes amantes con familias enfrentadas, y siempre que haya dos jóvenes con un amor complicado estaremos viendo a Romeo y a Julieta, aunque sea en la improbable versión de artes marciales de Jet Li, Romeo Must Die. Pero sólo hay un loco realmente genial. Y ese tuvo sus aventuras, indudablemente, en un lugar de la Mancha.

(Por cierto, si hay alguien que tenga esta versión hip hop le interesa tener una copia de seguridad de la misma, no tiene más que poner “Quijote hip hop” en el Emule, y encontrará la copia de seguridad tanto en video como sólo el disco).

J.