Quizás


Crisálidas, trampolines, andenes.

Maletas, meridianos, rutas.

Migraciones, pájaros, aviones.

Satélites, planetas, galaxias.

Billetes. Libros.

Zorros.

J.

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Galileo, 2012-2015


Como profesor, llega un momento en el que todas las graduaciones se parecen, porque al fin y al cabo este trabajo es cíclico. Como las estaciones. Sembrar, esperar a que crezcan, a que maduren. Y como las estaciones, siempre es diferente. Eso, desde aquí. Desde ahí, desde donde estáis vosotros, es único. Siempre. Porque al fin y al cabo esta no es mi historia, es vuestra historia, y nosotros, los que trabajamos a este lado, somos parte de ella pero nunca los protagonistas. Así que hoy vengo como profesor, como uno de los tutores de cuarto, porque el ciclo ha vuelto a llegar a ese instante. Y aquí estamos. Y como aquí estamos tendría que hablaros un poco desde donde estoy, y decir que hemos vivido cuatro años que han sido un comienzo, no un final. Que ahora viene el siguiente capítulo, más corto, más intenso, más duro. Que llegasteis a primero de ESO sin saber ni quién erais ni quién queríais ser, y que algunos incluso os vais teniéndolo una pizca más claro. De eso debería hablaros. Pero hoy se da una situación excepcional para mí. Porque esta graduación no se parece a ninguna de las otras en las que he estado. Porque las que vendrán después tampoco se parecerán. Así que quiero permitirme una licencia que puedes tomarte muy pocas veces, y durante un rato no hablaros como Juan Cuadra, tutor de cuarto, sino como Juan. Sin más.

¿Por qué? Porque en un mundo que es cíclico, este ha sido un año único para mí. Con frecuencia ser profesor es una profesión errante, al menos en los primeros años de ejercicio. Y para mí este ha sido el primer curso que paso tres años seguidos en un centro. Con lo cual este ha sido el primer año que paso tres cursos con los mismo alumnos y alumnas. Que no son alumnos y alumnas en abstracto. Que son estos alumnos y alumnas que tenemos aquí sentados. Que son mis alumnos y alumnas. Y ha sido genial. Y los voy a echar muchísimo de menos.

Cuando descubrí que me encantaba ser profesor tuve totalmente claro por qué me gustaba. Y no era por la asignatura de Lengua, ni por el horario, ni por las vacaciones. Me encanta ser profesor porque puedo trabajar con jóvenes como estos, compartir al año un montón de horas, y de sonrisas, y de disgustos y de maravillas. Me encanta ser profesor porque tengo el privilegio de verles crecer, cambiar, e incluso poner mi granito de arena en ello. Y al final, ver como se marchan. Y eso no me encanta, pero es parte inevitable del trabajo. Porque al final se van, siempre. Porque así es la vida. Así que cuando descubrí que me encantaba ser profesor, tuve también que decidir qué iba a hacer con esa pérdida, con esa ausencia constante que me iba a visitar año tras año. Y la respuesta me la dio el Zorro del Principito.

—Efectivamente, verás —dijo el zorro—. Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos y no te necesito para nada. Tampoco tú tienes necesidad de mí y no soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo…

De esta manera el Principito domesticó al zorro. Y cuando se fue acercando el día de la partida:
—¡Ah! —dijo el zorro—, lloraré.

—Tuya es la culpa —le dijo el Principito—, yo no quería hacerte daño, pero tú has querido que te domestique…

—Ciertamente —dijo el zorro.

—¡Y vas a llorar!, —dijo él Principito.

—¡Seguro!
—No ganas nada.

—Gano —dijo el zorro—, he ganado a causa del color del trigo.

Os vais. Porque es lo que iba a pasar. Y yo gano mucho. Muchísimo. Aunque os vaya a echar de menos. Y ahora mismo quizás la mayoría de vosotros estéis pensando que volveréis a hacernos alguna visita. De esos, tal vez la mitad lo vuelvan a pensar en Septiembre. Y de esos la mitad quizás busquen un momento para hacerlo entre el agobio del bachillerato. Y de esos la mitad se pasarán un día tal vez. No importa. Y eso es lo más genial de todo. No importa. La vida sigue y vosotros con ella. No nos volveremos a ver, quizás. O no en mucho tiempo. Pero recordaréis. Recordaréis el Galileo, los pasillos, los compañeros, las cosas que os pasaron aquí, e incluso a algunos profesores. Igual que nosotros os recordaremos. Y el instituto ya no es, no será nunca más un edificio. No para vosotros. No para mí. Ahora son mis campos de trigo, son el tiempo que he compartido con todos vosotros. Así que adiós, y gracias. Pero sobre todo gracias.

J.

Campos de girasoles, campos de trigo


Por volver donde alguien te quiere sin que vuelvas

KONICA MINOLTA DIGITAL CAMERAY otras cosas felices.

J.

Es hora de dormir


Frozen-1

Dormir. Hibernar. Retirarse. Sí, pequeño amigo, eso me temo. Es necesario. Debes cerrar los ojos y permitir que la nieve te cubra con su suave manto. Ignora la cercana primavera, que no te habla a ti. Ya llegará, por supuesto. Siempre regresa. Pero no aquí. Pero no ahora. Pero no para ti.

Hicimos un pacto hace tiempo. Comprendimos que éramos lo mismo. El zorro y yo. Yo y el zorro. Y tuve que abandonar otras cosas por el camino para ser tú. Valió la pena. Dejé de ser hombre para ser zorro. Y hoy acepto que durante un tiempo debo dejar de ser zorro. Es necesario. Debo ser roca, debo ser isla (la roca que oculta al zorro, la isla que lo alberga) para afrontar una tarea larga y compleja que sólo yo puedo llevar a cabo. Y que debo llevar a cabo yo solo.

Frozen-2

Y como primero fui Ivo fue sencillo acabar con el hombre que fui. Y como después fui Sombra fue fácil ser al mismo tiempo zorro, porque Sombra también lo es en parte. Pero Lucian no lo es, ni puede serlo, ni quiere serlo. Así que yo tampoco puedo permitírmelo.

Viajare sin ti un tiempo. Pero regresaremos. No lo dudes ni un instante. Llegará la primavera, otra, no esta, más cierta y más real. Cuando haya concluido mi viaje. No antes. Y como todo héroe, regresaré siendo alguien distinto. Y como soy lo que soy, regresaré siendo tú. Y quizás, sólo quizás, hasta despiertes con un beso. Esas cosas pasan a veces.

Frozen-3

Adiós. Nos veremos. Pero no pronto. Cuando sea posible.

J.

El Zorro y Murakami


No todo el mundo puede aprender a querer a alguien sin poseerlo, sin que duela la ausencia y la falta (y fijaos que digo aprender a querer, no es algo que la mayoría traigamos programado de salida, más bien todo lo contrario). No todo el mundo puede aprender a querer y lanzar al mundo. A querer sin pedir nada a cambio, simplemente por querer. No todo el mundo puede aprender a querer a una hoja en el viento, a una isla, a una roca. Porque nos enseñan que querer es poseer, desear, acaparar. Nos enseñan que querer es egoísmo. A lo sumo egoísmo en forma de espejo: te lo doy todo para que tú me lo des todo, porque si no lo haces serás la persona más horrible del mundo y te odiaré. Esa es la base del amor de muchos.

Yo ya he aprendido muchas cosas. Después de haber desaprendido otras muchas. Y cuando decido quererte, lo decido por mí mismo. El que te quiera no depende de ti, igual que ni mi pena, ni mi felicidad, ni mis celos son responsabilidad tuya ni dependen de ti. Todas mis emociones me pertenecen. Incluido el amor. Y esa emoción que es mía decido compartirla. Y quererte. No busques más explicaciones. Porque no las hay. Así que sigue siendo lo que quieras. Piedra. Viento. Fuego. Sombra. Porque si decido quererte y eres piedra, es porque te quiero siendo piedra, no porque deseo que te conviertas en pradera o en árbol, o en algo que no eres.

Por lo demás, no temas. No me quedaré aquí sentado ni triste ni melancólico. Eso es lo que haría si ese amor, si mi felicidad, si mi destino, dependiesen de ti. Pero no es así. Dependen de mí. Así que saldré al mundo, y viviré, y soñaré, y seré feliz. Y llevaré ese amor que te tengo como el precioso milagro y regalo que es.

J.

Limpieza de verano (fuegos de Litha)


Tiempo de hacer limpieza. Abrir ventanas. Limpiar el polvo. Y revisar todas esas cosas que vamos guardando en el corazón. Porque llega un momento en el que hay que deshacerse del peso muerto para seguir ascendiendo.

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Hasta los zorros tenemos que hacerlo de vez en cuando. Esa persona que sabes que no va a volver. Esa persona que siempre insiste en avanzar por el camino equivocado. Esa persona que ya no te compensa. Que quizás en realidad no te ha compensado nunca.
Y con esto los no-zorros a menudo se confunden y se sorprenden. Porque querer a alguien es genial. Y los zorros podemos querer ilimitadamente, indefinidamente. Pero eso por sí mismo no implica nada, no conlleva nada. Querer es sólo un principio. Un camino. Un proceso. Y a veces a pesar de querer a alguien tienes que alejarlo de tu vida. O alejarte tú. Para eso existen hogueras como las de Litha. Para coger todo aquello que consume nuestro tiempo, nuestra energía, nuestra felicidad; para coger todo aquello que nos agota. Y quemarlo.
El mundo, la vida, están repletos de personas a las que querer, con las que compartir, con las que crecer. Eso aprende uno como zorro. Y las hogueras de vez en cuando son buenas. Al menos una vez al año.

J.

PD:

Eme, cuando se ponga el sol voy a despedirme.
Será como un collage lo que tuvimos.

Little one


Días que te sientes más cansado. Días que te sientes más pequeño.

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J.